Otra cascada en el río Mae Taman

Otro tramo del río con una pequeña cascada aunque en este solo nos paramos para hacer foto y no nos bañamos. El chamo de la foto sirve para ver el tamaño de la cascada, o más bien, cascadilla. Pasamos por allí en la temporada seca, según nos dijo el guía, cuando es la temporada de lluvias, la historia se ve muy distinta y el volumen de agua bajando es varias veces mayor.

Cascada en el río Mae Taman

El segundo día de caminata en la jungla lo hicimos en gran parte siguiendo el descenso del río Mae Taman, en el que hay varias pequeñas cascadas y en el que te puedes bañar. Aquí se aprecia mejor lo densa que es la vegetación y podemos ver al chamo médico canadiense saltando al agua y a las dos chochas arriba pensándoselo. En este caso, yo pasé de saltar que mis oídos se resienten mucho con las entradas brutales en el agua y no quería arriesgarme. Creo que me bañé en la piscina que se forma tras la cascada. Los mosquitos no salen en la foto pero estaban ahí. A los canadienses me los volví a tropezar un par de semanas más tarde en Koh Tao. Con el golpe de Estado de los generales, tanto mi viaje como el suyo se vieron trastocados y finalmente acabamos en las zonas más turísticas y seguras y como Koh Tao es un poblacho, nos cruzamos por la calle.

En el campamento

El final del primer día caminando en la jungla nos llevó hasta la cima de una de las montañas, en la que había una especie de minúsculo poblacho que se puede ver en la foto y en una de las propiedades nos quedamos a dormir, en una cabaña enorme con paredes para separar las habitaciones, pero las paredes eran paneles de madera que no llegaban al techo, con lo que la intimidad era solo visual, que si decías algo o te tirabas un peo, allí se enteraba todo el mundo. La zona se ve super-bonita pero no veas la de tarántulas y serpientes que había. Al siguiente día bajábamos por uno de los barrancos y junto a un riachuelo.

Montañas al norte de Chiang Mai

Otra foto de las montañas por las que estábamos andando, aunque nosotros íbamos por un caminito en el que te esperaban cien mil trillones de billones de millones de mosquitos. Yo iba bien cubierto y salvo por la piel del cuello y la cabeza no tenían opción pero los que se pusieron pantalones cortos se acordaron de sus tatarabuelas y de las de los mosquitos. En el valle se puede ver un grupo de casas en el medio de la nada.