Chacho, que te conozco


A día de hoy, que no de mañana, he ido a ver este año CIENTO TREINTA Y DOS pelis al cine y me he gastado alrededor de doscientos leuros y si no hubiese ido al cine en España, tendría cinco películas menos y me habría ahorrado treinta y ocho leuros, que el cine en España es carísimo. De todas esas pelis, setenta y cuatro las he ido a ver en el multicines Pathé Rembrandt, en una de las ubicaciones más hermosas del mundo, justo en el Oudegracht, el canal que atraviesa el centro de Utrecht y que conecta el Kromme Rijn con el Vecht, ambos ríos y yo diría que en realidad, es siempre el mismo río, solo que hasta el comienzo del Oudegracht se llama Kromme Rijn y al final del Oudegracht nace el Vecht, que serpentea hasta las afueras de Ámsterdam, junto al castillo Muiderslot. Y ya que hablamos de esos dos ríos y de ese canal, en el mejor blog sin premios en castellano, yo soy el único que se ha caminado al completo los 28 kilómetros del Kromme Rijn y los 42 kilómetros del Vecht, además de los 2 kilómetros del Oudegracht.

Volviendo a la idea inicial, con el cine, siempre que voy al Pathé Rembrandt, aparco mi bici en uno de los numerosos aparcamientos vigilados y cubiertos para bicicletas del ayuntamiento, que la ciudad de Utrecht tiene decenas de miles de plazas gratuitas y vigiladas de aparcamiento para bicis y en las que además, prestan carritos de niños, sillas de rueda y hasta tienen puntos eléctricos para los que quieren recargar sus bicicletas, que de lo que se trata es que la gente haga ejercicio y vaya al centro de la ciudad con la bici o el transporte público y en la ciudad de Utrecht, eso se ha llevado al extremo y fuera de los edificios de aparcamientos para coches no hay plazas de aparcamiento en las calles para los coches, la mayor parte de las calles céntricas están vetadas al tráfico de vehículos que no sean guaguas o taxis y en los mentados edificios de aparcamientos, el coste por hora oscila entre diez y quince leuros. Yo siempre voy con mi bicicleta al Fietsenstalling Utrecht House Modernes, que está al lado del cine, en un edificio que se renovó por completo durante la época de la pandemia y que tiene una rampa fabulosa para acceder a su sótano y en él encuentras un aparcamiento para bicicletas con capacidad para novecientos y pico bicis. Habiendo ido, solo este año, setenta y cuatro veces al cine, quiere decir que como mínimo he aparcado mi bici allí la misma cantidad de veces y todos los empleados que vigilan ese aparcamiento, que está abierto las 24 horas de jueves a las siete de la mañana hasta la madrugada del domingo al lunes y que el resto de la semana abre diariamente de siete de la mañana a una de la mañana del día siguiente, o sea, dieciocho horas, lo dicho, que todos los empleados me conocen, soy lo que podríamos llamar un cliente regular y todos me saludan muy amablemente, bromean conmigo y me tratan muy bien.

Después, recorro los menos de cien metros hasta el cine, entro y todos los empleados, toditos, absolutamente todos, me conocen y también me saludan afablemente y se saltan la introducción robótica que reciben el resto de clientes dándoles la bienvenida, explicándoles dónde está su sala y recordándoles, eternamente, que en ese cine no hay intermedio, que todas las filmotecas de Utrecht y un multicines que hay de la cadena Kinepolis, dan sus pelis con un intermedio de veinte minutos. Conmigo, se ahorran el rollo, escanean mi entrada y hablan de otros temas y cuando tienen cosillas que están regalando, a mí siempre me dan y hay algo que tengo clarísimo como la luz que no escapa de un agujero negro, ahoritita mismo, dudo enormemente que haya en los Países Bajos otra persona con el abono ilimitado por veintitrés leuros mensuales que esté abusando más del susodicho que yo, que llevo años jincándome más de doscientas pelis por año. Todos ellos saben que tienen la gente que va al cine de cuando en cuando, los que van una o dos veces al año y después, en otra liga más que galáctica estoy yo, que pasé por allí tres veces la semana pasada y esta semana, entre mañana y el domingo, tengo planeadas otras tres visitas.

En la filmoteca en Amsterdam, en el Pathé City, a donde solo he ido veinte veces este año, sucede algo parecido y el otro día, uno de los empleados que está cansado de verme, cuando escaneó mi entrada, miró en la pantalla de su lector mi nombre y se quedó repitiéndoselo a sí mismo varias veces, con lo que ese es otro de los que a partir de ahora, casualmente este fin de semana, cuando me vea, me saludará por mi nombre. Son algunas de las ventajas de ser un conocido tanto en el aparcamiento de bicis como en los cines.


4 respuestas a “Chacho, que te conozco”

  1. Yo creo que contigo ya tienen como una especie de sentimiento familiar, o algo por el estilo… 🙂
    Salud

  2. esos no pagan por ver pelis, tienen pases especiales para ellos antes de que se estrenen y no van con fijación solo a una cadena de cines.

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