Posiblemente, el drama más grande que está sucediendo en los Países Bajos en el 2026 es uno que resulta difícil de comprender fuera del país. En este país, uno puede mandar una carta a otro julay de lunes a viernes y sabes con una certeza absoluta que le llega al día siguiente. Es un sistema fabuloso que simplemente funciona y que te permite que si se te rompe, pierdes o te roban tu tarjeta de crédito, informas al banco y tienes una nueva en tu buzón al día siguiente y muchas tiendas ondeline y físicas lo aprovechan para vender, hasta la medianoche del día y te prometen y te juran y te perjuran que recibes el producto al día siguiente y lo cumplen. Todo eso se debe a la empresa de correos.
Otro uso masivo y primordial que se le da al sistema es es de las INVITACIONES para funerales y entierros. En esta cultura y en pleno año 2026, la etiqueta cuando se muere alguien no es mandar un mensaje a un grupo de güazá, es mandar una tarjeta informando del luctuoso suceso y además, invitándote a una o varias de las actividades que suceden tras morir alguien. Aquí lo normal es que los entierros se hagan una semana más tarde, mayormente para dar tiempo a la familia a elegir una buena tarjeta, poner el mensaje, crear la lista o lista de receptores, enviarlas, que las reciban y que todo el mundo ajuste sus agendas para poder acudir. Es una cosa rarísima, pero al igual que en las bodas, en funerales y entierros solo se puede acudir con invitación y además, la que te llegue, te indica si se trata de ir a ver el muerto y saludar a la familia por un par de horas, ir al funeral, ir al entierro, ir a la celebración, o a todas esas. En ocasiones y para gente que no son familia ni amigos, o sea, conocidos, se hace un día antes una especie de velatorio de un par de horas al que acuden los que están invitados, por ejemplo, los compañeros de chamba. Ese es el único evento en el que es posible acudir sin tener una invitación oficial, mandan una a la empresa y se presentan uno, dos o veinticuatro. Después tenemos el funeral, que es una ceremonia que puede ser muy sofisticada y a la que viene la mayor cantidad de gente, todos oficialmente invitados. La mayor parte no son religiosos y se hacen con una especie de maestro de ceremonias que ya he comentado por el mejor blog sin premios en castellano en el pasado porque la mujer de uno de mis amigos labura en esa chamba. Tras el funeral, a veces se van a tomar algo y recordar al muerte, que puede suceder en el mismo sitio en el que se haga el funeral o en un bar o en alguna keli y puede tener una cantidad menor de invitados, es decir, gente que fue al funeral no tiene por qué ser invitada a esa parte y finalmente, el entierro, la cremación o lo que hayan elegido es una ceremonia aparte y muchísimo más limitada y en los Países Bajos es muy normal que solo acudan a esa parte la familia inmediatamente directa. El que te inviten o no es algo super-hiper-mega personal y raro. Por ejemplo, uno de mis amigos neerlandeses, el Moreno, cuando murió su padre no me invitó, me informó y hablamos y hasta fuimos a cenar un día, pero cuando murió su suegra, su mujer sí me invitó al funeral y a las copas+tapas después del funeral. El Moreno dice que él prefiere que haya la menor cantidad de gente y a su mujer le molan las multitudes. Todo esto funciona porque el correo es muy eficiente y eso es lo que cambiará el doce de julio de este año.
Como la gente cada vez manda menos cartas y los costes son muy altos, a partir de mediados de año, el correo tardará en llegar dos días, cuarenta y ocho horas, o sea, el doble de tiempo. Esta es solo la primera etapa porque un año después cambiará a setenta y dos horas o tres días. Estos dos cambios hacen que la tradición de la notificación de los funerales se complique un montón y para limitarlo, las cartas de funerales se seguirán recibiendo en veinticuatro horas pero en lugar de venir con el cartero, vendrán con los que entregan paquetes y por eso, hasta junio de este año no se sabe el precio pero se dice que puede costar varios leuros por tarjeta. Aquí es donde me pregunto si es posible que eso sea lo que haga evolucionar el sistema y que la gente empiece a mandar mensajes informando de todo y manden a la mielda las tarjetas, ya que si tienes que avisar a cien personas y solo los sellos te valen, por ejemplo, cuatro leuros, más el coste de la tarjeta, que antes se imprimían en tiendas ondeline que te las mandaban a tu keli y tú las reenviabas o lo organizabas directamente y ellos las imprimían y las mandabas, al final te estabas gastando un pastizal absurdo e innecesario. Cuando los sellos llegaron al leuro, eso acabó con la tradición de las tarjetas de Navidad, que eran eventos postales masivos y ahora, casi nadie las manda y en mi caso, yo pasé de mandar probablemente más de treinta, a enviar cuatro por correo, y poner en sus buzones las de algunos vecinos y la cantidad ha ido decreciendo con los años.
Igual que las oficinas bancarias desaparecieron de las ciudades, el correo será lo próximo que dejaremos de ver.
3 respuestas a “El aviso”
¡Madre mía!… Alucino con los cambios que se están dando en todas partes, de todos los estilos, en todas las culturas, a todos los niveles. Me da a mí que estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para merecer la extinción total.
Hace millones de años que no piso una oficina de correos ni de bancos, ni otras, todo por Internet, tengo suerte de no tener que hacerlo por narices, el ir fisicamente, me refiero…
Salud
En cuanto a palmarla, solo pido que me incineren, el resto me importa un pimiento lo que hagan…
Salud