El cardúmen de longorones y las mantelinas


Después de bucear y ver el Caballito de mar y angelotes para la cuatrocientas, se supone que dos días después iba a la segunda, pero cambió el mar y cambiaron las circunstancias de la vida y al final opté por ir el viernes a la playa del Cabrón y de nuevo venía la japonesa y otro pavo al que no conocía. El Cabrón es espectacular, pero tiene la entrada y la salida más chungas de la historia del universo conocido y por conocer, sobre una plataforma de rocas lisas y muy resbaladizas que dependiendo de la marea se convierten en una pesadilla porque los buceadores vamos con todo el equipo hacia el agua o saliendo de la misma y allí las hostias abundan, por lo que en muchas ocasiones evito ese lugar de inmersión solo por las pesadillas de las entradas y salidas.

Cuando llegamos un chamo que salía del agua nos dijo que justo al entrar, en una especie de piscina natural abierta, había un cardumen de longorones, que forman una bola gigantesca y que yo había visto en una ocasión por la playa de Tufia, algo que tan recientemente como hace dos semanas estuvimos viendo en el mejor blog sin premios en castellano. Así que hay buceadores que jamás han visto eso y yo parece que iba a por la segunda. Los longorones es lo que en otros lugares conocen como boquerones y en otros más como anchoas.

Entramos todos al agua, nos sumergimos y directamente delante de nosotros, como una nube, una bola gigantesca de longorones, una cosa flipante y que convertiría una inmersión en perfecta, pero es que cuando la dejamos atrás nos encontramos, no con una, ni dos, ni tres, sino con SIETE mantelinas o rayas mariposa, algo prácticamente milagroso. Esta especie está en peligro altísimo de extinción en gran parte del mundo y por las Canarias están viviendo un renacer. Estaban todas enterradas y conseguimos que ninguna se marchara. Fue mágico. Después vimos una sepia también enterrada, que es algo que no había visto nunca antes, ni sabía que las sepias se pueden enterrar y cubrir de tierra para descansar. Después, en un hueco en las rocas vimos un murión, una morena marrón muy bonita y tenía un camarón limpiador y la pude ver muy bien. En la ruta nos cruzamos con abades, una morena negra, anémonas, cangrejos araña y hasta un grupo de bonitos que parecían estar cazando. Fue alucinante.

Después del descanso volvimos a entrar y en la segunda inmersión vimos tres morenas picopato al completo, una de ellas en una cueva que husmeamos y la morena estaba en el fondo arenoso. Fue flipante. También vimos un montón de abades, cabrillas y una vaquita que se puso como a juguetear conmigo y hasta otra mantelina, unas cuantas tilodinas, que son unos caracoles amarillos pequeñitos que se comen las esponjas y en la cueva había una catalufa, que no es truscolana y dos peces candil colorado. Fue también alucinante y entre las dos, dos inmersiones fabulosas.

La segunda salida, ya con la marea llenando, fue una pesadilla, pero valió la pena.

En el documento anterior espeluznante y mirando de abajo a arriba tenemos la bola de longorones por delante de nosotros, a unos tres metros de profundidad, por encima vemos una morena picopato y a su derecha una vaquita o cabrilla pintada y encima del todo, el murión con su camarón encima.

La cuenta total de inmesiones se pone en 403.

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