En la niebla

Una de las cosas que más me impactaron y gustaron cuando emigré a los Países Bajos fue que pasé de una estación al año a cuatro. De la primavera canaria que no se acaba fui al verano, le siguió el otoño, después llegó un invierno que fue el primero de mi vida y finalmente regresamos a la primavera. En mi primer año podía pasar horas alucinando porque llovía sin parar, porque granizaba, teníamos rayos y truenos o nevaba. Todo era prácticamente nuevo o muy inusual para mí. Atrás quedó la calima, que no añoro y que por desgracia me ha pillado en alguna visita a Gran Canaria.

Con los años me he acostumbrado a todas las posibles variaciones que se pueden dar por aquí y las disfruto casi todas. Patino sobre hielo cuando tenemos oportunidad y resultó que soy un patinador de fábula, tomo parte en cualquier guerra de bolas de nieve que suceda a mi alrededor, he pedaleado en la nieve, he visto tormentas espectaculares, temporales épicos y también me han baldeado con saña mientras trataba de llegar a mi casa o el viento se ha empecinado en aplastarme contra la pared o impedirme llegar a mi destino. La única de las cosas que jamás me ha terminado de gustar es la niebla. Cuando tenemos uno de esos días como el de hoy en el que parece que soy un ciudadano del poblacho del juego de terror de Silent Hill y no puedes ver más allá de unas decenas de metros, esos días me deprimen. Lo más triste que hay es un día gris con niebla. La humedad se te mete en el cuerpo, el cielo baja al suelo y te pilla como si fueras la substancia de un emparedado.

Sin colores por ningún lado, con el mundo convertido en una especie de burbuja gris, lo mejor es llegar a casa, encender tantas velas como puedas y en mi caso, tunear mi casa con Los colores de mi vida y elegir alguno cálido, un bonito naranja, un relajante verde o un obsceno amarillo. También puedes optar por algo más mundano y pirarte al cine para ver una sesión doble y así cuando salga a la calle ya será hora de ir a dormir y se habrá acabado el día.

Por sulaco

Maximus Julayus

6 comentarios

  1. Me gusta la niebla…un ratito y verla desde el porche de mi casa, si no se disipa pronto me pasa como a ti y la detesto, pero si me dieran a escoger entre la niebla y la calima, la niebla mil veces, odio a muerte la puta calima…
    Salud

  2. A mí tampoco me gusta nada la niebla, me agobia una «jartá», sobre todo, si te tienes que mover, conducir es una tortura por ejemplo, para mí que soy cegata perdida.

  3. Silent Hill dice!! que bueno…. Hoy por aquí está el cielo gris y con lluvia, que raro. Eso si, 17º. Esto no es ni medio normal.

  4. Humanos, regocíjense que Virtuditas se ha bajado de su nube social para pasar por aquí a dejar el comentario del mes.

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