Hércules: El origen de la leyenda – The Legend of Hercules

Mejor no hubiese abierto la boca. Fue decir que casi había conseguido pasar un mes sin tener que ir a ver una película en Tres-Dé y de repente se llena la cartelera con las susodichas y me veo en una semana yendo dos veces y con la próxima ya con una asegurada. Por si no es poco, lo de la película de hoy ya me daba la sensación de que iba a ser un desastre puesto que el trailer no ayuda para nada. Aún así, ayer después de trabajar pasé por Amsterdam y fui a ver The Legend of Hercules, película que en España se estrenó hace un par de semanas con el título de Hércules: El origen de la leyenda con la moda esa que hay de traducir los títulos para tratar que suenen a otras películas.

Un julay ni chinga ni deja chingar

Un chamo que es más malo que el Presidente del falso país de Truscoluña jode vivo al vecino y le quita la ciudad. Su hembra está harta de toda esa mala leche y apalabra con los dioses que se la folle el Zeus y la preñe para jiñar a un tal Hércules que después se encargará de aniquilar a ese pavo. El rey se rebota todo cuando se encuentra a su hembra retorciéndose de puro gusto en la cama pero no puede hacer nada. Veinte años más tarde, tiene dos hijos, uno hijoputa como él que heredará el trono y otro que es de la puta de su mujer y que está encoñado de una chocha a la que van a obligar a casarse con su hermano. Consiguen deshacerse del Hércules pero no muere y regresa como esclavo libertador y allí acaban todos a hostias.

Puta mierda del copón. Esta película es una cagada absoluta de principio a fin. La gente se reía en la sala con los diálogos estúpidos, con los efectos especiales más falsos que los libros de historia truscolanes y con una acumulación de malas actuaciones como no se había visto en mucho tiempo. El director, Renny Harlin, un hombre que hace veinte años hasta despuntó y pareció que podría valer, no sabe que hacer con un guión que no existe y opta por hacer una absurda oda al metrosexualismo. Venga a enseñar patas afeitadas de supuestos machos amariconados, venga a mostrar brazos afeitados, pechos afeitados y ahí la única pelua es la protagonista, que con tanto tío afanándola la Epilady no le queda más remedio que hacerse un Pantoja y enseñar pelo. Por más que la idea le pudo parecer fabulosa al julandrón de turno que sugirió la película, poner a un montón de tíos dopados hasta las cejas con minifalda y sin camisa y haciendo que suden y griten no mola nada. Parecen una banda de locazas sacadas de alguna barriada periférica de la patética e interminable saga del Señor de los Julandrillos. Hacerlos decir estupideces los hace parecer más estúpidos de lo que son y chico, por si no te has dado cuenta, que sepan mover los músculos de las tetas no quiere decir que puedan mover los de la cara para actuar y ahí se nota sobre todo las carencias absolutas de Kellan Lutz, el cual como vampiro que casi no hablaba daba el pego pero que aquí con la cámara siguiéndole todo el tiempo es un puto fracaso y probablemente ha conseguido enterrar su carrera, algo que se agradece. Del resto felicitarlos porque ahora ya saben que no pueden trabajar como actores o actrices por sus grandes carencias así que les resultará más fácil encontrar una profesión. Sin guión, sin gente capaz de actuar, con los peores efectos especiales de la década, con un director preocupado por hacer barridos estúpidos con la cámara que no interesan a nadie y que por culpa de los efectos especiales parecen sacados de un video juego barato, no hay nada, nada, nada que salve a esta película.

Esto es una cagada tan épica y legendaria que hasta los miembros más básicos del Clan de los Orcos deberían mantenerse alejados de las salas en las que la ponen. Para el resto, solo se justifica ir a verla si os gusta tirar los leuros.

01/10
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Categorizado como Cine

Por sulaco

Maximus Julayus

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