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Reality sucks

Lluvia, declaración de la renta y raviolis

Hasta esta mañana, el encierro, dentro de todo lo malo que tiene, había sido con un extenso período de sequía por los Países Bajos y con temperaturas muy buenas, alrededor de los veinte grados o muy cerca de esa temperatura y sin viento, básicamente perfecto para tumbarme en mi hamaca en el jardín un par de horas a tomar el sol y combinar eso con un audiolibro, escuchar un podcast o directamente, una siesta. La pongo sobre el césped y entro en trance. Así día tras día, hasta ayer, el último soleado y en el que disfruté de la hamaca casi tres horas. Cada día la recojo, la enrollo y la guardo en mi casa porque todos sabemos que si la dejo fuera, los gatos aprovecharán para usarla como lugar de descanso y me matarán con mi alergia a los mismos y no me toma ningún esfuerzo el recogerla, enrollarla y volver a meterla en mi casa. Han sido más de treinta días de rutina, tomando el sol sobre el césped y desde ese mirador, encontrando más y más dientes de león, que creo he erradicado de mi jardín en más de un noventa por ciento y mira que esa mala hierba es puñetera, ya que si dejas algo de la raíz enterrado, vuelve a salir. He tenido días en los que encontraba hasta veinte, con esas flores amarillas que no existen y a la mañana siguiente están ahí, abiertas y retándote. En este caso, me temo que la guerra la estoy ganando yo por culpa del coronavirus, estar en mi casa y usar el jardín todos los días ha sido terrible para esas malas hierbas y hasta el Turco, que siempre se mete conmigo, ha tenido que reconocer que el jardín no lucía tan bien desde hacía eones.

Esta mañana, mientras me preparaba el desayuno, afuera comenzaba a lloviznar y la temperatura era de unos trece grados. Un día gris. Hoy además me tocaba hacer mis seis kilómetros así que mirando los mapas con la previsión de lluvias, supuse que tendría que ir a correr al almuerzo. Para cuando salí a correr no me quedaba muy claro que no fuese a llover pero opté por arriesgarme. En el primer kilómetro comenzó a lloviznar, no era terrible pero era molesto, así que decidí jugar a la defensiva y me hice el circuito de dos kilómetros. Por delante de mi iba un chico corriendo a la misma velocidad que yo, separados por unos treinta metros. Lo normal es que pase a la gente porque casi todos los que salen a correr, en realidad caminan deprisa o renquean como babosas pero este mantenía un ritmo como el mío, por debajo de los cinco minutos por kilómetro. Tras el segundo kilómetro ambos cruzábamos el puente para volver al barrio pero parecía que iba a parar, así que me desvié y entré en territorio poco visitado, por caminos que normalmente están llenos de gente paseando a sus perros pero que con la lluvia estaban vacíos. Conseguí hacer otros tres kilómetros más y cuando llegué a los cinco, la llovizna se estaba transformando en lluvia, el circuito me había llevado a unos cien metros de mi casa y opté por parar, aunque el plan era llegar a los seis. Fue entrar en mi casa y cayó un tremendo chaparrón. Por la tarde, después de trabajar, me tuve que enfrentar a algo que odio, hacer la declaración de la renta, que en los Países Bajos se hace en el mes de marzo si quieres que te devuelvan antes de julio o en el mes de abril y yo soy de los que apuro al máximo ese segundo mes porque es una pesadilla, no tanto por la parte holandesa, que me la hacen ellos, por la parte española, que añadir las cuentas de los dos bancos en España es horrendo, conseguir la información que necesito te puede provocar una úlcera y cuando lo tienes ya todo siempre te queda la duda de si la habrás cagado hasta el fondo. En los Países Bajos, cuando haces la declaración del año anterior, el 2019, los datos bancarios son del 1 de enero de ese año, o sea, los del 2018 según el sistema español, con lo que siempre tengo que guardar los informes de los bancos para usarlos al año siguiente. Nunca me ha quedado claro por qué se usa el valor de mi casa según el que el ayuntamiento calcula en el 2020 para el año anterior, por qué la nomina es la del 2019, pero las cuentas bancarias están congeladas al uno de enero de ese año. No tiene sentido alguno. En el lado positivo, me salió a devolver, así que en algún momento del verano me llegará ese dinero. Una de las razones que convierten la declaración de la renta en una pesadilla es que uno de los bancos en los que yo tenía cuenta era el Pastor, que después de convirtió en Popular y después en Banesto. Los bancos informan al gobierno neerlandés de la existencia de la cuenta, pero como se mira el uno de enero, el banco les da una cuenta del Banesto y la que yo tengo es del Popular (o anteriormente del Pastor) y tengo que cambiar los datos que aparecen en la declaración para que sean los de una cuenta que ya no existe en el presente pero que existía en el pasado del uno de enero del 2019.

Tras la declaración de la renta ya no te quedan ganas de nada y para forzar a mi cerebro a pensar en otras cosas, hice masa para pasta fresca y usé por primera vez el accesorio para hacer raviolis que me compré hace unos meses y que no había usado. Es una tarea mecánica, que combina perfectamente con un audiolibro y te devuelve a ese punto en el que tu alma está tan a gustito. Y así pasamos otro día de encierro.

Por sulaco

Maximus Julayus

2 respuestas a «Lluvia, declaración de la renta y raviolis»

Debes de tener mucho espacio en la cocina para poder guardar adecuadamente todos los cacharros que utilizas para cocinar, es la parte que mas me fastidia, el espacio para guardarlos, de tal manera que me privo de comprar algunos por no tener donde guardarlos, un dia de estos, cuando esté inspirado, voy a realizar un estudio exhaustivo sobre el tema, que me conduzca a conseguir mas espacio, necesito hacerlo ya.
>Salud

Buenos días!! Hace un sol esplendoroso. Es una pena que no podais verme la pinta con la mascarilla. Monísima estoy.

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