Lo que está pasando por allá arriba


Resulta que desde que empezó el año en los Países Bajos han estado de invierno de los de antes, con nieve y más nieve y más nieve y como eso no sucedía desde hace cinco años, a todo el mundo se les olvidó que algo así podía pasar allí y dejaron de prepararse, los ayuntamientos dejaron de almacenar sal, el aeropuerto dejó de almacenar anticongelante para los aviones y cuando llegó el frío, pasó lo que pasó. Se pararon las redes ferroviarias, las carreteras, en muchas ciudades se dejó de echar sal en las calles y durante unos días, el país ha competido por el primer premio tercermundista, con gente hostiándose en las calles con sus bicis, con sus motos, caminando, coches estampándose y trenes que no pueden circular porque se congelaron las agujas que cambian las vías y que supuestamente tienen calefacción, pero que probablemente o la desenchufaron, o no la revisaron y ahora que hizo falta, no funciona. Además se descubrió que algunas obras icónicas del País, como el techo altísimo que cubre la plaza delante de la estación de tren con unas claraboyas grandes que dejan pasar la luz y permiten el paso de la luz, al ser planas, se llenaron de nieve y por el peso se tuvo que prohibir el paso por debajo de las mismas porque se temía que se desplomarían, como sucedió en algún gimnasio y hasta multinacionales que se supone que de nieve y frío saben un rato como cierta cadena de muebles sueca han tenido que cerrar sus tiendas por el mismo miedo a que colapsen por el peso de la nieve.

Para mí, mi problema es distinto. El sábado tengo que volver y elegí mi vuelo para llegar no muy tarde y poder ir a mi keli, en circunstancias normales, pero ahora resulta que el aeropuerto ha estado varios días incomunicado por transporte público, que los trenes circulan cuando pueden y no cuando quieren y ni siquiera se sabe si el avión vendrá a buscarme a mí y a mis treinta y  pico kilos de pitanza. Eso sí, la aerolínea charter con la que volé me ha tenido y me tiene muy bien informado, con continuos mensajes, aunque parecen creer que a mí me preocupan mas las alertas meteorológicas que suceden en otras islas de las Canarias que lo que pueda suceder al volver. Esperemos no tener otro rayo dándole caña al avión.

Por lo que he visto de la previsión meteorológica, cuando llegue a los Países Bajos, si llego sin retraso, me recibirá una temperatura espeluznante de diez grados bajo cero, con lo que mi vecino tendrá que arrancar mi calefacción desde por la tarde para que cuando entre en mi casa aquello no parezca un congelador. El domingo, mi idea original, que aún espero realizar, es de ir al cine y verme una sesión doble, pero dependerá muy mucho de cómo están las calles, que yo soy muy bueno yendo en bici con nieve, pero ya con hielo no mola nada, que las caídas duelen mucho.

Como todo está escrito y bien escrito hasta el lunes y la de hoy es la última anotación no encolada, no se sabrá nada hasta la semana que viene. Yo mientras tanto, mañana me iré a bucear por última vez, para despedirme de los peces del Atlántico. Resultó que tenían tres posibles lugares para ir de buceo y yo elegí el que más me gusta y ese es al que iremos. Son las ventajas de ser un cliente regular.


2 respuestas a “Lo que está pasando por allá arriba”

  1. Vaya!!!! Me ha extrañado que no le echaras la culpa a los truscolanes, suciolistas y demás, del pitote que se ha montado por ahí arriba (jajaja); me he quedado asombradísima.

    Sobre la calefacción, yo cuando viajo en invierno, la dejo encendida pidiendo 17 o 18 grados y cuando vengo se puedo soportar. Un año no lo hice, y pasé un día y una noche terribles. Claro, que si tú tienes un buen vecino…asunto resuelto. Yo no puedo pedirle a los Menas y a sus cuidadores que entren en mi casa, porque me la revientan seguro.

  2. Ya ves las innumerables ventajas de ser africano, te libras de muchos líos mientras estás fuera…
    Por estos lares hace mucho frio y nieve, pero nada parecido a lo que describes, yo me quedo en casa calentito viendo peli tras peli…
    Salud

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