Los previos y el viaje

La semana pasada estableció un nuevo récord en situaciones complicadas, con todo el stress culminando el jueves. Al salir de mi casa, fui por el centro de Utrecht a hacer algunas compras, cené en mi casa, puse dos lavadoras y sobre las ocho me fui al cine para ver una sesión doble. El viernes tuve una tercera lavadora, dos películas en el cine en Amsterdam y prepararlo todo para viajar el sábado o más bien, el viernes por la noche. Por culpa de los josdeputa-terroristas-islámicos y de la perra asquerosa que parió a cierto profeta, las vacaciones de los Europeos parecen tener muy pocos destinos de sol y playa cercanos y las islas Canarias se han convertido en el lugar preferido por todos, lo que hace imposible conseguir billete. Después de mirar mil opciones, al final tuve que comprar un billete para ir por Madrid con Liberia exprés, que pa’mí que es Liberia a secas. La única ventaja de este viaje con parada a medio camino es que en el precio estaba incluída una maleta, con lo que me puedo traer veintitrés kilos de comida al regresar y llevar cinco botes de mermelada de moras única e irrepetible para regalar en la ida. El problema logístico es que mi vuelo salía a las ocho de la mañana y tenía que ir al aeropuerto en el tren de las cinco y siete y para llegar a la estación no hay transporte público, así que decidí honrar mi pasaporte de cabeza de queso y opté por llevar el trolley en la bicicleta. Tras investigar el tema como ingeniero, decidí que el método más factible involucraba vaciar la maleta de objetos pesados (básicamente chocolate belga y mermelada, además de un par de cosillas más) y ponerlas en la mochila de treinta litros que es mi equipaje de mano. Al llegar al tren podía recomponer el sistema. Eso hice. 

Me levanté tempranísimo, me duché, desayuné un par de magdalenas y con tiempo suficiente salí para la estación, con una mochila pesada a la espalda y una maleta ligera que descansaba en la parte trasera de la bici. En toda la ruta solo me crucé con otros tres ciclistas que me miraban fascinados. Aparqué mi bici en la estación y bajé al andén en el que esperaba el tren. A esas horas de la noche, cierran todas las puertas del tren salvo una en la que hay varios empleados de la compañía y aparte de controlar el billete, se aseguran de impedir la entrada a cualquiera que pretenda entrar con botellas de alcohol o que esté tan pasado de vuelta que no merezca viajar. Busqué mi rincón en el tren y reubiqué el equipaje, moviendo a la maleta las cosas pesadas y un par de chorradas a la mochila. 

El tren salió con diez minutos de retraso porque el conductor no llegó a su puesto de trabajo a tiempo. Este primer tren de la mañana para en todos lados y hace una ruta larga pasando por Hilversum, con lo que en lugar de la media hora habitual le toma casi una hora. Al llegar, facturé la maleta, pasé el control de seguridad y me compré un capuchino, llené mi botella de agua vacía y busqué la puerta de embarque. 

Entramos al avión en hora, recuerdo que el piloto dijo algo de que tardaríamos dos horas y pico en llegar y para cuando empujaban el avión desde la pasarela, me dormí y me desperté cuando iniciaron el descenso para el aterrizaje. En el aeropuerto de Madrid, que todos conocemos como Barajas y que ahora le han puesto un nombre larguísimo que no se sabía ni la azafata, cometí un error garrafal y decidí ir al baño en tierra en lugar del aire. Eso es algo que NADIE debe hacer en ese aeropuerto, el cual tiene los baños más hediondos de Europa. Son como unos cubículos de diseño simétricos con un meadero y un cagadero en cada lado. El cagadero de la parte derecha estaba tupido y rebosaba mierda. El meadero a su lado estaba con el suelo lleno de la mierda que había rebosado. Con un solo meadero que apestaba, la cola era como la del baño de las tías en una cerecería. 

El embarque y gracias al patétido diseño de una de las peores terminales del mundo fue bloqueando el paso a los pasajeros, que te golpean con sus carritos y maletas. Lo único que se puede hacer para rectificar la terminal 4 de Madrid es dinamitarla y construir una de nuevo procurando no contratar a un arquitecto divo. En el vuelo a Gran Canaria se sentaron a mi lado una pareja de alemanes y la vieja no debía tener vejiga porque en tres horas fue a mear cinco veces. Yo aproveché para ver unos cuantos episodios de mis series favoritas. 

Al llegar a Gran Canaria, recogí mi maleta y tomé un taxi hasta la casa de mi madre y durante esta semana, estaré por aquí abajo, por África. 

Por sulaco

Maximus Julayus

7 comentarios

  1. Siempre hablas de tus series favoritas, yo estoy deseando que algún dia te estires y nos hables de ellas.
    Feliz estancia en tu tierra.
    Salud

  2. Mis gustos en series son de canales marginales. Killjoys, Dark Matter, Dominion, the Strain por ejemplo y comedias como Jane the virgin, devious maids, significant mother, young and hungry, Kevin from work. No creo que interesen a muchos

  3. Es que hace tiempo que uno de mis vicios es pillar una buena serie que tenga 5 o 10 temporadas y pegarme banquetes diarios para terminar de ver todos los capítulos en unos dias, pero estas que mencionas no las conocozco…
    Salud

  4. Si no es mucho preguntar, dónde grabas las series para ver, porque yo cada vez tengo menos sitios en el ipad.

  5. Las pongo en el iPad con iTunes, veo los episodios y los borro. Yo tengo el mismo espacio en el iPad que cuando me lo compré …

  6. Es que odio el iTunes, me parece un coñazo, pero tengo el ipad petaíto porque me gusta llevarme mis series favoritas y claro no tengo sitio pa ná.

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