Mi escritorio

No me comí el rojo

No me comí el rojo, originally uploaded by sulaco_rm.

En la nueva prisión en la que nos tienen hacinados, como parte de la estrategia de mi empresa para mejorar las condiciones de trabajo metiéndonos en espacios pequeños y en donde si te tiras un peo el aire generado empuja la silla del que comparte piojos contigo, los escritorios son mucho más pequeños que en el pasado. En mi caso, prescindí de casi todo y prefiero una mesa limpia y con pocas cosas. En mi mesa, todo el mundo se fija en el M&M que no me comí, el rojo, el cual ha engordado con toda la comida que le traigo y se ha convertido en parte de la familia. Se pasa el día jugando con la gente, que lo agarra, lo lanza al aire, lo acaricia, parece que tiene mucho carisma el joputa.

El teléfono que está detrás es inalámbrico (DECT) y también tiene nombre. No resulta extraño verme andar por el edificio con él en la mano hablando con alguien mientras acudo a alguna reunión o voy a la fotocopiadora. La gente alucina pero lo cierto es que a mí no se me escapa nadie por muy lejos que estén y la excusa de trabajar en otro país no me vale. Si invito a alguien a una de mis reuniones, o te presentas de corpore insepulto o te incluyo con ese teléfono. Al lado está mi dispositivo avanzado para monitorizar la temperatura en la sala y detrás el fabuloso almanaque de Estambul que me regaló el Turco para recordarme que tengo que ir varias veces al año a verlo. El otro objeto interesante en mi escritorio es el tupperware que hay en la base del monitor. Está petado con entradas de cine, cientos y cientos (o cienes y cienes si eres político/sindicalista y ladrón). Cuando lo abro para añadir nuevas tengo que hacerlo con cuidado porque se quieren escapar. La cantidad de entradas que hay en ese recipiente debe rondar las mil quinientas, basando el cálculo en que entre el año 2007 y esta noche he visto mil ciento noventa y ocho películas y a esas hay que añadir las de los dos años previos y aún no he decidido que hacer con ellas el día que decida deshacerme de ellas. En el pasado empapelaba las paredes de mi oficina con las entradas, trescientas y pico que perdí cuando cerraron el primer edificio en el que yo trabajaba. Supongo que el día que me vaya de la empresa la gente las lanzará desde las ventanas mientras lloran de emoción y yo les hago la legendaria señal del pajarito, esa que requiere usar el dedo corazón en solitario.

El calendario que se ve en la mesa es otra herramienta mágica con los números de semana, algo que en mi compañía es fundamental, ya que cuando alguien tiene que hacer algo para ti o te piden que hagas algo, la respuesta puede ser lo tendré la semana treinta y dos y sin ese calendario no hay manera de saber que es la semana del 4 al 10 de agosto.

Con los años he aprendido a no guardar papeles o morralla. En el pasado mi escritorio era una montaña de documentos y objetos que ni necesitaba ni usaba. Ahora, al final del día, todo lo que está sobre la mesa y no voy a usar al día siguiente, va directo a la basura.

Por sulaco

Maximus Julayus

9 comentarios

  1. Cuando vi el tupper en la foto, por un momento me imaginé que lo tenías lleno de chuches por si necesitabas «subir el azúcar» durante la jornada… ilusa que soy.
    En mi mesa tengo alguna foto, un par de postales bonitas (que alguien me mandó desde Holanda), un par de artículos sobre mi trabajo (de revista), teléfonos (3), ordenador, impresora de etiquetas, dos figuritas que me regalaron, un jabón artesano que huele a gloria, unos altavoces, dos calendarios, la impresora exclusiva de mi equipo (abajo), un mini-contenedor de pilas, dos dibujos de mi peque, un portaobjetos lleno (no me pregunteis de qué, siempre es una incógnita, pero si algo no aparece, por ahí debe estar), mil cachivaches de oficina, tres o cuatro mandos a distancia (más cachivaches), y cienes no, MILLONES de papeles. Y seguro que se me olvida algo.

  2. ¿Cuántos metros de escritorio tienes?
    En el lado de la mesita que no se ve está el portátil, el cargador de mi teléfono DECT, un auricular para el teléfono, el cable para cargar el dispositivo mágico y maravilloso, el cable para recargar los auriculares bluetooth y una postal con la foto del águila agarrando el pescado que regalé en un pasado muy lejano y generoso. También hay una chapa simulando matrícula de Gran Canaria con mi nombre, o sea, De Uitverkorene, The Chosen One o El Elegido, como queráis llamarme.

  3. Una de las postales que tengo yo es esa también (en el 2009)! Ah, y mi escritorio, … digamos que es amplio 😉 , que no voy a desplazar la silla de nadie, porque no tengo a nadie con quien, como tú dices, compartir los piojos.
    Por cierto, me hizo gracia leer lo de que tirarían cosas por las ventanas cuando te fueras, cuando yo era estudiante pasé unos meses de alquiler en una casa, que cuando me fuí echaron sal por mi ventana (se hacía para que saliera de la casa cualquier rastro de una meiga que hubiese andado por allí). Por poco me muero de la risa cuando me lo contaron. Si es que soy una mala influencia, que lo sé yo.

  4. Ños, en el 2009 la gente hasta donaba dinero para mantener el blog y yo me gastaba un pastón en postales y sellos y la mitad de ellas nunca llegaban a su destino.

  5. Yo creo que si llegaban pero algunos no decían ni pío, aquí enfrente de mi, las tengo todas y los zuecos colgando del flexo del ordenata, en el frigo tengo los imanes que sujetan los billetes, que tiempos aquellos sin crisis 🙂
    Gracias de nuevo chaval…
    Salud

  6. Hubo varios que en repetidas ocasiones me mandaban correos porque no les llegaban. Fijo, de cada diez se perdían al menos dos.

  7. Qué ordenado, hijo, yo soy un desastre y lo guardo todo, pero todo, todo. Me has recordado que tengo que hacer limpieza de papeles en el curro y en casa, qué asco.

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