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Reality sucks

Mi septiembre visto por la pulsera mágica y maravillosa

Con el problema tan grande que tengo de difuminamiento, que puedo confirmar y confirmo que no existe como palabra en el diccionario de la RAE, así que le asignamos el significado principal de saltar de cosa en cosa sin pararte ni a pensar y como segundo significado y aquel por el que todos la recordaremos, truscoluña no es nación. Pues eso, que acabó el mes de septiembre, hice un montón de pantallazos de mi nuevo programa para extraer los datos de mi nueva pulsera mágica y maravillosa y me difuminé y los olvidé hasta hoy, que de casualidad los vi cuando buscaba otra cosa entre las miles y miles de cienes de trillones de fotos que hago por día, que los que siguen mi istagrame o los estados de mi güazá se quejan de un bombardeo visual continuo.

En algún momento cerca del final del mes de agosto me llegó la Honor Band 5 que me compré para reemplazar a la antigua, por aquello de continuar con el ciclo de la vida y porque la otra se me estaba desconectando con mucha frecuencia del teléfono y la mitad de las veces que salía a correr estaba más pendiente de que la conexión no se perdiera que de escuchar los Podcasts o los audiolibros. La nueva me da una cantidad ingente de estadísticas que antes no tenía y en lo relativo al sueño, la información que me proporciona cada día de la sobada de la noche anterior es épica y legendaria.

Ya que estamos con el sueño, en la gráfica anterior se puede ver que a mí el tremendo disgusto porque los amarillos me pusieron en la puta calle no parece agobiarme y sigo durmiendo mis siete horitas casi todos los días.

Otra preocupación que tenemos todos es sobre mi posible encochinamiento, que aunque yo sea un ferviente creyente en el JIÑOTE, con todo lo que me jinco uno llegaría a creer que me puedo poner encochinado como ciertos comentaristas que no vamos a mentar de nombre porque son muy sensibles. En este caso los datos los tengo que añadir yo manualmente y lo normal es que se me olvide pero tenemos doce medidas hechas durante el mes y resulta que mi peso oscila en una banda de un kilo y está ahí desde hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo.

Seguimos con el ejercicio físico y concretamente con el correr y en septiembre mantuve mi fastuosa frecuencia de salir a correr cada cuarenta y ocho horas o eso que en la Isleta denominábamos dos días y además, clavo los seis kilómetros salvo por un día, un domingo que en mi cabezón ganó la batalla el gandulismo y con alguna excusa que ni yo me creía hizo que tomara la ruta corta y solo hiciera cuatro kilómetros. Mi media parece estar estabilizada alrededor de los cuatro minutos y cuarenta y dos segundos por kilómetro, que si me preguntas a mí, yo la veo malísima ya que preferiría solo cuatro minutos pero me conformo porque sé que no voy a poner nada de mi parte para bajarla.

Por último, el corazón, en donde se puede ver la diferencia entre el día que corro y el que no, es una gráfica muy curiosa de lo que significa hacer ejercicio. La bicicleta jamás ha conseguido hacer que mis pulsaciones suban de las ciento y poco pero también es verdad que si quiero ir más rápido, le meto caña a la batería y que se lo curre la bici que para eso está.

Y ahí las tenemos, cuatro tablas con unos datos curiosos del Elegido.

Por sulaco

Maximus Julayus

4 respuestas a «Mi septiembre visto por la pulsera mágica y maravillosa»

Hace que no me peso desde el embarazo, y de eso hace más de trece años, creo que tengo una báscula porque recuerdo traerla en la mudanza, pero ni idea de donde está o si funciona siquiera, lo dudo. Yo me fío de la talla en la ropa, y llevo con la misma toda mi vida adulta. Lo que me llama la atención (aparte de que estás esquelético, pero eso ya te lo he dicho muchas veces) es que duermas 7 horas y tengas tanta energía, no has oído eso de las 8 horas de sueño ideales?

7 horas son como 2 horas más que hace unos años. En realidad, puedo bajar a 5 horas al día de lunes a viernes y recuperar con 8 el sábado y el domingo sin problemas. Este año he optado por descansar más durante la noche y así todos los días me levanto más o menos a la misma hora.

Mis ocho horas diarias son cuasi sagradas, y los fines de semana puedo echarme diez del tirón. Y sin remordimientos. La felicidad son pequeñas cosas y grandes camas.

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