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  • Mil ochocientos días de constancia en el Duolingo

    30 de octubre de 2019

    Hay que ver como pasan los minutos y hasta los segundos. Ya han pasado cien días desde que celebrábamos los Mil setecientos días de constancia en el Duolingo y ha llegado la hora de una nueva celebración, la de los mil ochocientos días, prácticamente cinco años, aunque faltan veinticinco días para eso. Han cambiado las reglas del Duolingo hace un par de semanas y ahora, conque hagas un ejercicio al día, tienes garantizado el mantener la racha, pero no, uno es un profesional y se toma muy en serio el jugar en el tren con el programa y en lo que va de semana, hasta el día de hoy, ya he superado los novecientos puntos, a unos trescientos por día, que vienen a ser algo más de veinte ejercicios. Como con todo, esto va por rachas y ahora estoy en una muy buena y avanzo con ganas y cuando me aburro, en lugar de ponerme a ver TelaJinco como hace Virtuditas, pues me pongo a practicar idiomas.

  • Igreja da Misericórdia

    30 de octubre de 2019

    De la Igreja da Misericórdia, me llamaba mucho la atención su fachada, aunque está en una calle estrecha y para hacer la foto me tuve que alejar calle abajo. Estaba cerrada, aunque haciendo turismo descubrí que se visitaba a través del museo que está al lado y finalmente pude verla. La iglesia se construyó inicialmente en estilo renacentista. Está pegada a un hospital de caridad, que es el museo en la actualidad. Creo que tenemos también una foto del interior de la iglesia vista desde el coro o así, porque la visita se hacía bajando niveles.

  • El tercer acto

    29 de octubre de 2019

    En las películas, primero nos introducen a la historia, después la desarrollan y en un momento determinado comienza la sucesión de acciones que nos llevan al gran final. En la última de los Vengadores, por ejemplo, las dos primeras horas solo sirven para amenizar el rato hasta que empieza la escena de los portales, que es cuando todo el mundo pone sus cartas sobre la mesa. La movida que hay en mi oficina ha llegado a ese punto, a su escena de los portales, el momento en el que se acaban las medias tintas, las escaramuzas en salas de reuniones y nos vemos todos cara a cara y cada uno ha de elegir su bando. Como siempre, todo comienza por culpa mía, o así parece, ya que cuando llegué esta mañana, la chama decidió comenzar su ataque frontal contra mi, delante de al menos dos compañeros, que en estos casos, es muy pero que muy importante que nunca te arrinconen, siempre tiene que ser en espacios públicos y con testigos. Me acusó de no haber hecho algo que no tengo que hacer porque no es mi trabajo y esa fue mi respuesta, que a mí me pagan por hacer un puñado de cosas bien hechas y las hago y entre ellas, no está esa. A partir de ahí, la tensión en la sala comenzó a aumentar, la gente que llegaba se encontraba una atmósfera en la que la concentración de odio es tan alta que cualquier chispa puede provocar una explosión. Por supuesto, hubo amenaza y me dijo que iría a quejarse de tremenda injusticia a mi vicepresidente, algo que yo aplaudo a rabiar.

    Un par de horas más tarde, o con mas precisión, tres horas después, mi jefe me dice que quiere hablar conmigo y tal y tal, pero no tiene nada. Toda la parte comercial de la empresa está de mi parte, todo el mundo está encantado con la forma en la que llevo el trabajo y su única queja es por qué los otros no lo hacen igual y por los otros, nos referimos a los de la pava. Así que mi jefe me empieza a soltar el masque y yo a repetirle que lo que me pide que haga no lo haré, que yo trabajo para él, que si cree que lo hago mal, que me eche a la puta calle o me cambie de trabajo, que me ceda a otro departamento o haga lo que le salga de los huevos, pero yo no voy a dar un paso atrás porque no he hecho nada malo. El hombre le dio la vuelta al concepto una purriada de veces y siempre llegamos al mismo punto, a mi respuesta negativa. Al final, se cansó de tropezar con la misma pared y me dijo que me lo pensara y tal y tal y yo salí de allí fascinado por su candidez. En lugar de ir a comer, decidí gastar una hora de mi vida en la planta comercial y allí me explicaron que yo soy la parte visible del pedrolo de hielo, pero no la mayor. También me contaron un secretillo, algo que yo no conocía. La semana pasada hubo una reunión de ellos con el jefe de mi vicepresidente y le explicaron a ese chamo que ellos no pueden trabajar con ella y que ahora ya no solo no pueden, que no quieren y que es un problema que él tiene que solucionar. También me dijeron que la semana que viene ellos la pasarán viajando con el presidente y que uno de los puntos que van a tratar es el pequeño problema de mis molestias, que ellos me van a devolver unos cuantos favores y lo van a hacer a su manera, que es salvaje y quizás poco civilizada pero como me dijo un director, no les pagan para hacer amigos, me lo dijo y después me dio un abrazo que igual aprovechó para clavarme también un puñal, aunque lo dudo porque ese prefiere clavarlos de frente para poder disfrutar con la cara del que lo recibe.

    Y así llegamos al resto del día, con la sala llena de gente en tensión, todo el mundo en un silencio sepulcral y todos rezando para que la tormenta, cuando golpee, no se los lleve por delante. También tienen claro que aquí la coña holandesa de ajustamos cuentas y después nos tomamos un cafelito no va a funcionar. Yo vengo de la escuela del que me la hace la paga y en este caso, el precio será en sangre o en vísceras.

  • Monumento ao Infante Dom Henrique y Mercado Ferreira Borges

    29 de octubre de 2019

    Delante del Palácio da Bolsa hay una plaza en rampa, que allí la pendiente es significativa y en el medio de la misma tenemos el Monumento ao Infante Dom Henrique, que vemos en la foto. Por detrás del monumento se puede ver el Mercado Ferreira Borges o el edificio del mismo, ya que ahora son locales de tapas y bebidas para pijos y postmodernos y allí mercado ya no hay. Este es el centro de Oporto, aunque la catedral y algunos otros edificios están repartidos por la ciudad, siempre de este lado del río Duero.

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