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  • Tolkien

    29 de junio de 2019

    Si hay algo bien documentado y repetido en el mejor blog sin premios en castellano es que en lo que a mi respecta, JRR Tolkien es un trusco de escritor, solo hizo mierdas deleznables y cuando el Peter Jackson cogió esa diarrea mental, hizo una serie de películas aburridas hasta diez kilómetros más allá del infinito que por suerte yo solo he visto una, la primera del Señor de los Julandrillos porque con lo del Hobbit sí que ni me arriesgué ya que hasta las piedras del campo saben que es una bazofia de historia. Pese a eso, cuando supe que habían hecho una película sobre los años mozos de ese comemielda no quise perdérmela y como al parecer solo se ha estrenado en un puñado de ciudades ya que no le interesa a nadie, fui a Amsterdam para ver Tolkien, que parece que se estrenó en España hace un par de semanas con el mismo título y el subtítulo de truscoluña no es nación.

    Un julay mierdoso chupa los cipotes de sus amigotes buscando inspiración pero ni con esas.

    Un pollardón crece con un curilla después de que su madre la palme y lo deje a él y a su hermano huérfanos y se encoña de una tonta acarajotada aunque lo que de verdad, de verdad le mola, es irse a un café con tres amigos y pollardear juntos y tocárselas unos a otros para ver quién la tiene más gorda. Va a la universidad pero como es un mediocre no parece irle bien y en la Primera Guerra Mundial demuestra que es más cobarde que un deshonorable president truscolán huido de la justicia y escondido como una rata asquerosa. Al final y pese al curilla se casa con la pava o algo así y se inventa idiomas porque es lo único que sabe hacer y se olvida de sus amigotes, dos porque la diñaron y el otro porque seguramente era un picha-corta. O algo así.

    Nicholas Hoult hace de Tolkien y pese a las fake news que de siempre lo han puesto como un ser maravilloso y asombroso a la par que genial, aquí vemos que no es más que una rata deleznable cuyo único mérito es que se inventa palabras. En la historia lo vemos como se encoña de una pava pero vamos, que la ningunea siempre que puede ver a sus amigotes, que son los que realmente se la ponen morcillona. La historia tiene mucho flashback (o flashforward) a la época en la que estaba en las trincheras en la Primera Guerra Mundial y en donde es el puto amo de los cobardes y los ñangas, eso sí, viendo dragones o algo así que además debía estar chiflado. Esos cortes de escena para mi no funcionan muy bien pero bueno, no molestan a la hora de ver la mediocridad de un autor sobrevalorado y que cuando un pollaboba nominó al Nobel de literatura, fue rechazado por la mediocridad de su prosa, lo repito porque aquí hay mucho lerdo, lo rechazaron por la mediocridad de su prosa, algo que hasta un ciego jarto de whiskye puede detectar si intenta leerse el Hobbit, libro que debería estar en la sección de papel higiénico del supermercado porque es para lo único que vale. Como película contando la vida de alguien sobrevalorado, está entretenida pero le faltó algo para convertirse en una de esas que hay que tener muy en cuenta.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos te puede dar un jamacullo en el cine si te metes a ver esto con tanto diálogo estúpido. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, tampoco te molestes, que esto mejor lo ves cuando lo den por la tele.

  • The Biggest Little Farm

    29 de junio de 2019

    Los documentales son las ovejas negras del cine, los más despreciados a la hora de conseguir su estreno, aunque ahora que tenemos proyectores digitales, los cines han descubierto que debidamente dosificados, atraen tanto o más público que alguna de esas películas que repiten cinco veces al día y en muchas ocasiones ni hay gente en la sala. Después de mi regreso y tras más o menos limpiar la cartelera de los dos multicines de Utrecht a los que acudo, pasé un día por Amsterdam para ver un par de películas que sí que no estaba previsto su estreno en mi ciudad. La primera de ellas era el documental The Biggest Little Farm, que no tiene previsto su estreno en España, aunque supongo que algún día lo pondrán en LaDos y obviamente, lo titularán truscoluña no es nación.

    Una pareja de julays se van pa’l campo y no veas como se lo pasan sufriendo

    Una pareja decide comprar una granja y mudarse al campo en California después de que les llegue la orden de expulsión de su apartamento alquilado por tener un perro. Con ayuda de inversores compran una mega-granja y se planean hacer de aquello un paraíso y se pegarán casi diez años currando hasta tener un ecosistema muy chulo.

    Si no fuera porque es un documental, no me lo creería porque lo que nos muestra esta película es fascinante e increíble. Tenemos dos chamos que no tienen ni puta idea de agricultura y ganadería que se mudan y en una granja que tiene todo su suelo seco y muerto, planean crear un vergel, con la ayuda de un botánico chiflado y de más gente que comienza a trabajar para ellos. En este viaje, pasarán todo tipo de desastres y plagas y en el documental los vemos y también como llegan a la solución dentro de la naturaleza, es épico y muestra, mejor que muchas películas, el círculo de la vida ya que siempre hay otro animal o vegetal que se encarga del que te molesta. La historia tiene una fotografía fabulosa y la duración de hora y media hace que no se haga para nada pesada, es una delicia que se ve con gusto y se disfruta un montón. Cuando sales del cine casi que te dan ganas de llegar a tu casa y reconvertir el jardín pero eso se puede curar con una buena ducha con agua fría, que tampoco estamos como para chiflarnos.

    Esto es un documental con lo que está totalmente prohibido para los miembros del Clan de los Orcos pero yo diría que los sub-intelectuales con GafaPasta harían muy bien en ir a verla.

  • Ay que calor

    28 de junio de 2019

    Con esta caló tan grande que hemos tenido al comienzo de la semana y que vuelve este fin de semana, lo que prima es el quedarte en tu casa con todo cerrado y sobrevivir hasta que el aire comienza a enfriarse. Lo peor es pensar que si esto sucede en el mes de junio, en los próximos dos meses nos puede caer una brutal, ya que se supone que el verano está recién comenzando a moverse. Esta semana ya hemos tenido alguna noche tropical, definidas por una mínima temperatura en los Países Bajos que no descienda de los veinte grados. Como yo soy un paranoico y cierro mi casa completamente, en la mía la temperatura no ha llegado a pasar de los veinticuatro grados pero conozco gente que tenía el interior de sus casas a veintinueve y treinta grados, temperaturas a las que no se duerme, no se vive, se malvive.

    Al café frío, que ya tomo desde hace como dos años y que preparo cada semana con una receta secreta de un litro de agua con setenta gramos de café molido italiano y que dejo macerar al menos veinticuatro horas antes de filtrarlo, además de ese café que combino por la mañana con leche fría para comenzar el día, esta semana casi toda la comida que sacaba del congelador me la comía fría. Así un día cené con albóndigas de carne en salsa de tomate frías y otro día fueron salchichas con guisantes todo frío. En los desayunos, renuncié a hacer magdalenas hasta el miércoles para evitar encender el horno y acabé comiendo cada mañana pan de molde del que tenía congelado. En la oficina, incrementé el consumo de agua en un litro y medio y parezco una fuente, me paso el día meando.

    En el trabajo y en mi calle todo el mundo me dice y me repite y tripite que yo a estas temperaturas altísimas estoy super-acostumbrado y yo les explico a cada uno que vengo de las islas Canarias, que allí la estación eterna es la primavera y que las temperaturas oscilan entre los veinte y los veinticinco, que para mi treinta y pico grados es tan dañino como para ellos y definitivamente no estoy acostumbrado a temperaturas tan altas. El peor momento del día es sobre las cuatro de la tarde, cuando el sol llega al punto más alto y el calor es infernal. Para combatirlo, salgo de la oficina, voy al tren con aire acondicionado, después voy al cine y solo esta semana he tenido varias sesiones de cine dobles, para evitar en la medida de lo posible estar encerrado en mi casa esperando que mejore el día.

    En fin, que parece que la semana que viene volveremos a temperaturas por debajo de los veinte grados, pero esto no se nos olvida.

  • La isla Helicóptero

    28 de junio de 2019

    Uno de los islotes más fotografiados cuando estás en los alrededores del nido es el de Dilumacad, nombre que el primer pájaro que se metió en lo del turismo por allí adaptó usando la forma visual de la isla y la renombraron como isla Helicóptero. La playa que se ve directamente delante de la proa de la barca se visita cuando haces el Tour C. Creo que veremos otra foto de la isla desde el otro lado. Este islote no está habitado.

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