Para los auténticos mochileros que están recorriendo las Filipinas con un presupuesto muy limitado, el momento más importante de toda la excursión es el del almuerzo porque ahí se encochinan a conciencia y con lo que se ahorran, ya tienen para alguna cerveza más por la noche. Todos los barquillos que están bordeando la isla de Corón y yendo a los mismos lugares tienden a concentrarse en la playa de la foto para el almuerzo. El chamizo que se ve al fondo es uno de muchos que están fuera de plano por la izquierda. Son unas estructuras de bambú con una mesa del mismo material larga en las que se pueden sentar los grupos de cada barco mientras la tripulación, que son tres o cuatro filipinos, ponen en ellas la comida que ya traían al comenzar la exrusión más lo que han ido haciendo en un brasero en la parte trasera del barco durante el día. La comida de esas excursiones creo que ha sido la mejor que he comido en todos mis viajes por Asia, en ningún lugar los almuerzos eran tan deliciosos como los de las excursiones en Corón.
-
Las fotos
A mí siempre me están pidiendo cosas raras en el trabajo, eso a nadie le sorprende y una de las cosas que todo el mundo sabe es que tengo una biblioteca fotográfica de eventos de los últimos quince años gigantesca, ya que en muchos de ellos, yo fui al que pidieron que trajera la cámara para inmortalizar esas celebraciones, fiestas o despedidas. Hasta la Bruja Malvada de la Primera Planta, la directora de recursos INhumanos, cuando quiso poner en la red interna los caretos de todo quisqui junto a su nombre, me buscó a mi para esa tarea porque sus empleados se cayeron del árbol de los bosmongolos y la carencia de ese último hervor los hace poco menos que inútiles. Por eso, esta mañana me pedían que si podía buscar fotos en las que aparecía el chamo que la diñó la semana pasada y del que hablé en Otra vez por aquel camino, que no quiero que se diga que en el mejor blog sin premios en castellano no se tratan estos temas morbosos. Como tengo uno de los gemelos en la oficina, podría revisar mi biblioteca con casi cien mil fotos y encontrar alguna del chamo, pero como todos hemos hecho cursos y más cursos de seguridad y hemos hasta aprobado exámenes en los que se nos exige una y otra vez que no conectemos ningún dispositivo externo a nuestros portátiles, siguiendo las reglas de la compañía no puedo hacerlo, como expliqué al chamo que me lo pidió. Un rato después, con una exoneración cual bula papal de uno de los vicepresidentes, se me dio el permiso para hacer la búsqueda, eso sí, desconectando mi portátil de la red de la compañía, tanto la cableada como la aérea, aunque yo estaba más preocupado por los virus que me pueden meter en mi disco duro que por los que yo puedo añadir a la empresa en la que me prostituyo por un salario. Al final me pasé dos horas viendo unas dos mil fotos hechas en el entorno laboral y en esa búsqueda masiva encontré cinco, ninguna con el chamo recientemente transformado en fiambre solo, siempre acompañado o en el fondo mientras yo fotografiaba a otra gente. Su familia quiere tener estos recuerdos porque al parecer, no solo eludió mi cámara con una agilidad brutal, también eludió las familiares y han descubierto que no tienen ninguna foto de él de los últimos treinta años.
La mejor imagen de las que encontré fue la foto de grupo que hicimos en las escalinatas de acceso al edificio viejo en los últimas días antes de la gran migración, cuando toda, toda, toda la empresa fue obligada por el presidente a ponerse allí, yo me traje el trípode e hice las dos fotos conmemorativas del evento. Parece que hubo suerte y como al chamo lo tuvieron que sacar de su despacho echándole zotal, llegó el último y lo puse en la primera fila, esquina izquierda. Hice dos fotos y en ambas aparece perfectamente. En las otras tres fotos que tengo, está siempre como escondiéndose mientras come un trozo de pastel y siendo como era un julay de un metro noventa de altura, su cabeza asoma por encima de la gente a la que fotografiaba.
-
Lusong Gunboat shipwreck
Para evitar que el Ancestral se nos aburra, estoy saltando de aquí para allá en las fotos y hoy nos vamos enfrente de la isla de Lusong ya que por allí visité uno de los pecios de los barcos japoneses hundidos durante la Segunda Guerra Mundial, aquella en la que el mundo casi se aniquiló por culpa de los truscolanes y sus íntimos los nazis. Lo que hace especial a este pecio es que está a pocos metros de profundidad y básicamente se puede visitar con gafas y tubo, no hay que sumergirse un montón de metros y hasta le pude hacer una foto desde afuera del agua con mi cámara, que es la imagen que vemos hoy y en la que se observa lo poco que queda del barco. Los que están más profundos están muchísimo mejor conservados. A este le toca aguantar los temporales y demás ya que está pegadito a la costa de la isla previamente mentada.
-
Comiendo y comiendo con unos y con otro
Los últimos días parecen girar alrededor de la comida y como es la primavera, las comidas con gente, que de repente todo el mundo se acuerda de que los otros seres humanos existen, salen de sus cavernas y les crece la sociabilidad esa que parecían haber perdido.
El viernes quedé con uno de los grupos de amigos con los que voy unas cuantas veces al año en el Cartouche, el único lugar en Hilversum que supera mis estrictos controles de calidad y pese a lo mucho que me dan la vara, sencillamente me niego a ir a cualquier otro y por eso el jueves, otros que habían organizado una salida, vieron como decliné la invitación y me inventé una excusa trolera con una cena que no existía con el Turco y sus padres que lo habían venido a visitar a los Países Bajos. Después de torear a esos becerros que pretendían sentarme en un restaurante cualquier, el viernes dejé la bicicleta en mi casa y excepcionalmente, fui hasta la estación en al guagua, ya que uno de los amigos siempre me lleva de vuelta a mi casa porque es culocochista como ciertos comentaristas. Tras las horas de prostitución para conseguir la paga, fuimos andando hasta el Cartouche, en la que para mí es la tercera o la cuarta visita de este año. Por primera vez teníamos una mesa en la nueva zona comedor, en la parte trasera y ya tengo claro que yo prefiero la parte delantera. Obviamente, para mi solo hay una opción a la hora de comer allí, la de las costillas:
El lunes tenía la verdadera visita del Turco a mi casa para cenar, algo que le llevo pidiendo desde antes de que me salieran los dientes de leche pero es que el capullo siempre se escaquea o me obliga a ir a Amsterdam. Para celebrar la ocasión no tiré la casa por la ventana porque es un bajo pero me aseguré que se encochine a conciencia y que acabe volviendo a su casa con unas dosis masivas de comida en el tripote. El evento lo planeé como una obra en cuatro actos, con el primero mezclando básicamente tirando de la pitanza que acaparo en mis visitas a España, el segundo tirando de congelador, el tercero preparándolo en directo y el cuarto con un postre que hice el día anterior para llevar al trabajo y regalar, que todo el mundo sabe que la vida de un empleado hiper-mega productivo no se basa en despellejarte a trabajar sino en manipular tu entorno para que trabaje para ti mientras tú haces cosas más interesantes como averiguar los secretos de la vida y así.
En el primer acto, en las tapas previas, también hice un par de cosillas que están entre mis favoritas. Por un lado, unos dátiles con beicon y los complementé con dátiles rodeados de filete de anchoa, que tengo todo un almacén en la nevera de las mismas y jamás me canso de comerlas:
Además una compañera de la oficina estuvo de escapada de fin de semana en España, que no en truscoluña, que no es nación y me trajo pimientos de Padrón, así que añadí un plato de pimientos de Padrón que mi amigo el Turco se chifla todo con ellos:
El resto de las cosillas para comenzar eran algunos clásicos como queso de oveja, español, obviamente, lomo de cerdo ibérico, unas aceitunas españolas, chochos españoles y una lata de rejos de pulpo anoréxico:
De primer plato nos fuimos por el universo de las legumbres y por supuesto, con chorizo y beicon, que aunque tengo claro que mi amigo el Turco bajará al infierno conmigo, me quiero asegurar y en mi casa solo se come carne de chancho, cerdo, cocchino o como lo queráis llamar. La foto no es del plato de ayer sino de otro que ya está por mi tumblr:
El momento cumbre era el de mis Quesadillas con carne de vaca, aunque como tengo que trabajar en nuestro viaje al infierno, las hice con media y media de carne de vaca y de cerdo picada y que mi amigo el Turco flipó en colores, también con las tortillas, que eran de maíz del azul mexicano, esas que me mandan desde el Reino desUnido. En la foto aparecen otras con harina de maíz amarillo:
El Turco ya me empezaba a boquear, intentando respirar pero no hay descanso y hay que llegar al postre, que en este caso era un brownie especial, uno hecho con otra receta y cuyos ingredientes principales son las cerveza Guinness y el cacao en polvo. El brownie sale de un color negro épico:
Ha tardado siglos en venir a mi casa a cenar y después del empacho, seguro que la próxima visita es bien entrada la próxima década. Su nueva neura es que quiere que lo lleve a Gran Canaria, a la isla en la que nació el Mito, la Leyenda, el Elegido, the Chosen One, de Uitverkorene, il Scelto, pero yo no lo veo tan claro, que este no aguanta más de una hora en la playa y yo no voy a perder una semana de mis preciosas vacaciones sin pasar ocho horas diarias como un pollo en un asador, dando vueltas bajo el sol para coger un bonito color.


