Una última foto que me gusta mucho de las que hice desde el monte Tapyas. La idea básica tras subir allí y pegarte el palizón de los cienes y cienes de escalones era ver la puesta de sol. Entre que hay un montón de islas pequeñas frente a la de Busuanga y las nubes, al final tenemos esta preciosa escena en la que el sol aparece de entre las nubes antes de quedar oculto tras las islas de Baquit y Uson y quizás incluso de la de Apo. Por suerte, las escaleras de subida al monte tenían iluminación para poder bajar porque allí, tras la puesta de sol, la noche cae rápidamente. Me llamó la atención la falta de luces de pueblillos y demás, en esas pequeñas islas no vive casi nadie.
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La visita al museo del Titanic y regreso a Holanda
El relato comenzó en Viajando a Belfast con algo de retraso
Mi último día en Belfast comenzó desayunando a las siete y media de la mañana, que para mí era una horita más y posiblemente esa fue la hora punta en la pensión ya que éramos varios embostándonos a base de bien. Después del Ulster Fry del día anterior, había una cuarta opción en el menú de desayuno que te permitía ajustarlo, así que prescindí del pan de soda, el pan de papa y el huevo frito y le pedí que me pusiera huevos revueltos. Salí de allí temprano y el objetivo era estar sobre las diez de la mañana en el museo del Titanic, así que de camino y ya que estaba cerca, fui a ver el jardín Botánico de Belfast, el cual lo tenía cerquita. Después desde allí seguí hacia el centro caminando por la vera del río Lagan y a esa hora los únicos que pasaban por allí era gente corriendo y algunos piragüistas que se entrenaban en el río y como en los Países Bajos, un chamo iba en bicicleta por el paseo gritándoles con un megáfono hecho con un cono lo que hacían mal y al igual que en Holanda, me fascinan esos entrenadores. En Utrecht, cuando dirigen a hembras, son gentiles y amables y siempre les mandan mensajes cariñosos y de ánimo y cuando en la piragua hay un macho, los ponen a caldo de pota, les gritan de todo y hacen lo imposible por denigrarlos, pero claro, esta es la era del buenismo y así se hacen las cosas, al menos hasta que tengamos nuestro propio jashtag, que yo creo que el nuestro debería ser #tururú.
Quería entrar en la iglesia católica de San Malaquías de Armagh y así allí caminaba pero tremendo disgusto que me llevé cuando en domingo la tenían cerrada y bien cerrada, así que tras hacerle la foto desde la calle y reprocharle a ese Dios lo restrictivos que son los horarios de acceso a su keli siendo como es tan todopoderoso, seguí hacia el Ayuntamiento para hacerle más fotos pero esta vez con el cielo azul y mucho sol y sin un pájaro en las calles. Es un gustazo hacer turismo cuando no hay nadie ni tráfico. Mi ruta me llevó desde allí a la Catedral de Santa Ana, esta no católica, pero está claro que el cura juega al envite con el católico porque también estaba cerrada. Volví a hacer fotos, esta vez con luz mañanera, del Albert Memorial Clock y del The Big Fish, antes de cruzar de nuevo el puente peatonal Lagan Weir y seguí haciendo fotos como un poseso hasta llegar a la zona del Museo del Titanic, a donde vine llegando a las diez de la mañana cuando abrían. Había una cola como de veinte para comprar las entradas pero todos hacían cola en la ventanilla de información y cuando yo entré, abrieron las taquillas y yo fui el primero en comprar la entrada. El museo se centra en la construcción del Titanic y es muy didáctico. Tiene también una especie de atracción en la que te montas en un carricoche que te lleva por diferentes escenas de la construcción. Tienen también hecho un dormitorio de puro-lujo del transatlántico y uno de medio-pobres para ver las diferencias. Hay también un teatro en el que ponen en pantalla gigantesca imágenes de los robots submarinos que bajaron a buscar a Jack para devolvérselo a Rose en huesitos. Todo muy fascinante.
Incluida en la entrada estaba la visita al SS Nomadic, uno de los dos barcos que se hicieron para llevar a los pasajeros hasta el Titanic desde lugares en los que el barco no podía atracar y que milagrosamente, llegó hasta nuestros días, aunque muy cambiado y lo han restaurado y devuelto en parte su aspecto original. La visita a ese barco es un flipe que no veas.
Para cuando salí de allí, se acercaba la hora de ir al aeropuerto y se veían nubes que traían el claro objetivo de joderles el día a los que eligieron hacer turismo después de la hora Virtuditas. La guagua salía a las doce del mediodía para el aeropuerto y cuando abandonó la estación, comenzó a llover con saña. Una vez en el aeropuerto me temía todo lo peor, como siempre, pero tras pasar el control de inSeguridad busqué un lugar para sentarme y resultó que esta vez no hubo retraso ni nada y como para cuando anunciaron la puerta de embarque había que caminar un güevo y parte del otro, llegué al lugar y entré directamente al avión, siendo uno de los primeros. El Ancestral puede descansar tranquilo porque me tocó asiento de ventana. El vídeo lo acompaño con la canción Alfie’s Song (Not So Typical Love Song) del grupo Bleachers. En el vídeo, despegamos con la ventana cubierta de gotas de lluvia y campos verdes, después hay un pequeño segmento llegando a Amsterdam por el norte de IJmuiden y después bajamos hacia Schiphol para aterrizar en la temible Polderbaan, que está a quince minutos de las terminales. Tras llegar, habían varios problemas con la red ferroviaria y en dirección a Utrecht solo corría un tren cada media hora y por las leyes de Murphy, llegué a la estación del aeropuerto cuando el tren acababa de salir, así que me tomé un capuchino y esperé al siguiente y desde la estación de Utrecht Centraal me fui a casa en bicicleta. El vídeo del avión es el siguiente:
Además de ese vídeo, tenemos otro mucho más espectacular con el pase de casi todas las fotos que hice con el telefonino durante el fin de semana, épico y muy de juego de monos, ya que igual hasta al Ancestral y su amiga la Meiga del Norte les suenan los lugares. Para conjuntar ambos vídeos, en este tenemos la canción Wild Heart del grupo Bleachers, el mismo del vídeo anterior.
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El aeropuerto abandonado
Desde el monte Tapyas y prácticamente a sus pies se puede ver lo que queda de la que durante un tiempo fue la pista de aterrizaje de Corón y que estaba literalmente a unos cientos de metros del villorrio. Con la montaña al lado y las otras que vemos en la foto, el aterrizaje debía ser aún más divertido que un viaje en montaña rusa, un auténtico espectáculo y supongo que por eso acabó condenado a muerte e hicieron el nuevo en un lugar llano de la isla. Es solo cuestión de tiempo que esa zona acabe siendo absorbida por las kelis para turistas, ya que es un lugar llano y literalmente conectado con el villorrio.
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Y aún quedan cuatro días laborables
Con tanto meneo de sillas en la empresa, tanto en la sede de los Países Bajos como en la gringa o la japonesa, una de las cosas que suceden en estos tiempos borrascosos es que la maquinaria de toma de decisiones se va a tomar por culo. Es como si todo el mundo mantuviese el culo pegado a su silla para que no se la quiten, más o menos como Virtuditas mantiene el suyo para que no le pierda la forma y así poder seguir siendo culocochista de toda la vida y por culpa de esto, entramos en bucles infinitos en los que nadie quiere hacer nada, hacen la versión corporativa del tiki taca futbolero, responden a todos sin decir nada y los días transcurren con un pasito pa’lante María, un pasito pa’trás. Yo esto lo llevo muy pero que muy pero que requetequete-muy mal y desde el viernes he comenzado a lanzar baldes de ácidos corrosivos en esas series eternas de quiero pero no puedo. Once gerentes de producto acojonados y todos esperando que a alguno le crezcan las bolas que no tiene así que les mandé un ultimátum añadiendo a su jefe al mismo y explicándoles el concepto de lo finita que es mi paciencia y como llega hasta el martes por la mañana, día en el que quien no me haya pasado la información que les he pedido hace dos semanas, ya puede empezar a escribir su réquiem porque me limitaré a volver a poner en marcha la maquinaria, enviar la información incompleta y explicar a los que la reciben que no está actualizada porque ciertas personas, de las que daré nombres y apellidos, parece que no quieren, pueden o saben como hacer su trabajo. Uno de ellos se tocó los bajos, sintió como si le habían salido unos guisantes en el sitio en el que otros tienen redaños, aunque en realidad seguro que son polipos cancerosos que se lo están comiendo entero y respondió dando vagas excusas y menos de quince minutos después, le cae el yunque de su jefe encima diciéndoles que o lo hacen, o me da plena libertad para que los ponga frente a la pared y los lapiden.
La vida es así de cruel y cuando ese se me reviró, les mandé otro mensaje con otro trabajo que tienen que hacer, les doy dos semanas para ello y todos saben que cuando esté hecho, todo el mundo es prescindible, sus preciosos secretos serán dominio público, ese conocimiento ancestral que maceran en el ombligo estará al aire. Básicamente y como el Mensajero, que es la sacrosanta tarea que me han impuesto mis jefes para expandir la palabra y la obra de nuestra multinacional, disfruté enviando el mensaje en el que su jefe, que es el mío y fue profesor de Judas Iscariote en el instituto les informa que cada vez están más cerca de que les corten la cabeza.
En otra batalla parte de otra guerra, uno de ellos está organizando una coña marinera con uno de sus suministradores y me mete de por medio para que de mi consejo, que parece que ahora mismo soy como Don Limpio y si yo no paso el algodón y doy el visto bueno, todos están convencidos que aquello no está en las condiciones higiénicas adecuadas. El gerente, no sé si aterrorizado por los otros palos que está recibiendo, despierta una serie de correos gigantesca que habíamos hibernado en septiembre del año pasado, después de tenerla viva durante parte de la primavera y el verano en una eterna serpiente de respuesta tras respuesta a estupideces. El gilipollas, porque no se le puede llamar de otra forma, la resucita y le vuelve a pedir al suministrador que le pase un presupuesto, los otros veinte inmediatamente comienzan a responder, estar de acuerdo, dudar, bacilar, afirmar, negar y yo no digo ni respondo nada, dejo la serpiente volver a crecer hasta que esta mañana me preguntan directamente mi opinión. Mi opinión es que estoy hasta el moño de sandeces y que si queremos tirar diez mil leuros en algo que no es necesario, hay muchísimas maneras más divertidas y gratificantes de hacerlo. Les explico, punto por punto, por qué en septiembre se concluyó que no había que hacer nada y por qué el uno de abril, el día de los inocentes en los Países Bajos, tampoco hay que hacer nada. Con mi respuesta desmonté este castillo de naipes que se viene abajo y provoca que todas las ratas salten de aquel barco antes de que se hunda. En cinco minutos, la serpiente estaba decapitada y en la parrilla.
Pasan un par de horas, el gerente todavía se está relamiendo las heridas y viene otro a nuestra planta tocando los tambores de guerra y dispuesto a montar un pitote. Se acerca convencido de su superioridad y cuando va a lanzarse a por mi, se le acerca un gerente y le dice que se ande con ojo porque yo no estoy usando balas de fogueo y si quiere guerrilla, yo le voy a dar más bien una tunda de que te cagas. El colega optó por desviarse a la máquina de café y rumiar su rabia, sabedor que hay juegos que como decía el ordenador aquel que pretendía ganar una guerra, la única manera de vencer es no comenzarlos porque nadie gana y menos aún si enfrente tienes a uno, el Mensajero, que no parará hasta despellejarte.


