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  • Día 10 – Kandooma Thila 1

    11 de julio de 2025

    Mi segundo día en Guraidhoo y de nuevo, la primera inmersión del día era en Kandooma Thila, la culminación de los sueños de muchísimos buceadores que jamás han estado allí, que en mi caso ya he ido tres veces y he hecho esa inmersión más de diez veces. Esta primera inmersión consta de tres vídeos y en mi bitácora de buceo puse lo siguiente: Vimos grupos de águilas marinas, tiburones grises, tiburones de punta de aleta negra, atún, un mero y mucha vida. No había demasiada corriente pero lo visibilidad no era buena. La música que acompaña este vídeo es la canción Outro del grupo M83.

    Cuando bajamos nos encontramos directamente con las águilas marinas, VOLANDO y nos agarramos con ganchos al lugar para que la fuerte corriente no nos arrastrara. No sé lo que pasó en el segundo vídeo, que empieza como a los cuarenta y cuatro segundos, pero los colores cambiaron. Mi teoría actual es que alguna nube bloqueó la luz del sol y eso afectó a la luz que teníamos a veintipico metros de profundidad. Aún así se ve a lo lejos las águilas marinas, un grupo numeroso. También se puede ver que el grupo de buceadores era bastante grande. Después de los dos minutos vemos de nuevo las águilas marinas, pero más cerca, yo cuento cuatro y me voy acercando poco a poco, mientras ellas se acercan poco a poco, hasta que las tenemos a mi nivel, volando y volando en una escena fabulosa y el resto de buceadores estaban bastante lejos, que es lo que tiene la ansiedad, la paciencia tiene sus premios. Con las águilas marinas acabamos este primer vídeo.

  • Tapando y camuflando el secreto

    10 de julio de 2025

    El relato comenzó en El viaje secretísimo a Málaga

    Entre El viaje secretísimo a Málaga y Volviendo a mi keli con cumbre de la Otan, en mi visita a Málaga, me salté la parte en la que celebrábamos el cumpleaños de mi amigo Sergio, que no sabía que había un grupo en el güazá llamado SECRETO con un montón de gente y que su mujer planeó y perpetró una cena+fiesta para celebrar su cambio de década o algo así. Mis mentiras comenzaron desde la semana anterior cuando le recordé que ya le había dicho en febrero que iría a Málaga en junio, que era mentira, pero como a mí nadie me presta atención cuando hablo, que es todo el tiempo, pues ni se enteró de la mentira. Tampoco le pareció sospechoso que su hijo volviera a Málaga desde la tierra en la que labura, que es al norte de Portugal, creo que en donde residía legalmente la digitalmente difunta Virtuditas, que en el tiqui-toque descanse. El principal problema era como convencerlo para salir e ir a ese local sin que sospechara y finalmente, su mujer decidió que su hija le diría al padre que por específicas circunstancias de la vida que no pondré aquí por culpa de las leyes europeas de protección de datos en vigor, quería celebrar algo de su chamba y nos INVITABA a todos a cenar en un antro específico y con platos vegetarianos, que ahora le dio por eso. Cuando le contó lo de la invitación, Sergio flipaba en todos los colores del espectro ultra-mega-violeta porque aquella no había pagado ná de ná en su vida, pero de nuevo, la trola coló y los demás nos quedamos alucinando porque suponíamos que lo pillaría. En un momento determinado se me acerca de tapadillo y me pregunta si yo también oí lo de que ella iba a pagar o si no, tenía que pedir hora para el estelero, el otorrino y el parapsicólogo porque estaba fatal. Le confirmé que yo también oí lo de que pagaba y te juro por las bragas más sucias de Mafalda que de ser un gato, perdí una vida del pasmo, quizás hasta dos. Obviamente, con todas las nominaciones a los Oscars que tengo, esa actuación la bordé.

    Esa tarde estábamos rascándonos los tripotes sin muchos movimientos por los más de treinta grados a la sombra en su terraza, después de pasar la mañana en la playa, aunque más bien pasé la mañana en el agua en la playa, que con tanto calor, creo que nos bañamos más de diez veces en algo más de dos horas, aquello era un sinvivir, pa’bajo pa’l agua y pa’rriba pa’la toballa, una y otra vez y mientras hacía esto, recogiendo piedritas de la playa BONITA de Benalmádena para llevármelas, que ya se me estaba acabando la munición para mi tirachinas, munición que uso para educar, como se hacía en el pasado, con dolor, a los gatos del barrio que cuando entran a mi jardín, huyen aterrorizados tras la primera pedrada y pronto captan el concepto. Volviendo al asunto, cuando cerca de la hora el primogénito se vistió lindo y todo con camisa de vestir, le pareció normal y cuando yo también llevaba camisa, ni se inmutó y yo puedo confirmar y confirmo que en prácticamente tres décadas yendo a Málaga, hasta este viaje siempre había ido con camisetas, cuanto más cutres, pues mejor y en muchas ocasiones, agujereadas, demacradas y pa’tirar, que yo soy de viajar con la ropa vieja y tirarla para que entre más comida en mi bolso de viaje y por eso, si en un aeropuerto me dicen que me quite los zapatos, los agujeros del tamaño de países están garantizados en los calcetines y si me obligan a desnudarme, que recen para no haya uno o los dos güevos por fuera, que el jubileo a mi ropa le llega con una última lavadora y su paso a una estantería en el armario que la marca para el Último viaje. Que además llevara pantalones chinos y zapatos de vestir y que lo justificara porque llovía en Holanda antes de viajar a Málaga, le pareció super-hiper-mega normal. La angustia esa tarde también era tener los teléfoninos en modo silencio porque si alguien mandaba un güazá al grupo, había un montón de teléfonos en ese grupo y sería muy sospechoso que a todos nos mandaran un mensaje al mismísimo tiempo. Sergio eligió una camisa que no era del gusto de su esposa, que nos informó al primogénito y al Elegido y nos asignó una tarea, con lo que el peso de convencerlo y hacerle creer que parecía muy viejo recayó en su hijo y en el Elegido, así que lo amargamos hasta que cambió de opinión.

    Llegada la hora, éramos demasiados para un coche así que íbamos en dos, en el principal con Sergio, esposa y Elegido y nosotros haciéndonos los tontos con el lugar al que íbamos. En un punto determinado llamamos al otro coche para preguntarles a qué aparcamiento debíamos ir y en lugar de indicar el que estaba al lado del restaurante, dijeron uno a más de un kilómetro, pero como teníamos que simular no saber nada, tuvimos que aceptar la respuesta como válida y añadimos más de diez minutos a la hora de llegada y bueno, la esposa de Sergio si puede acuchilla a sus hijos por tremenda cagada ya que íbamos con retraso. Encima el aparcamiento, que está bajo la plaza del centro de Fuengirola en la que hay una iglesia, estaba petadísimo y tuvimos que descender prácticamente hasta las puertas del infierno. Desde allí, carrerón casual al restaurante y las hembras pasándolas putas con los zapatos de tacón. Por el camino nos turnábamos para distraer a Sergio y que no se parara a pensar en la cantidad dantesca de detalles sospechosos. Al llegar a la puerta del restaurante, su mujer sacó una máscara y le dijo que se la tenía que poner y ahí fue cuando finalmente se dio cuenta que se la habíamos empetado enterita y doblada y ni se había enterado. Se negó a ponerse la máscara, juró cerrar los ojos, su mujer lo agarró por la banda derecha, yo por la izquierda y así entramos en el lugar y como esto ya se me hace muy largo, nos quedamos aquí y ya lo acabo otro día.

    El relato continúa en Dime que no fue er Dani

  • Día 9 – Guraidhoo Corner 2

    9 de julio de 2025

    Acabamos el primer día en Guraidhoo con esta segunda parte de la inmersión en Guraidhoo Corner en la que la corriente nos jugó una mala pasada y en realidad jamás llegamos a la esquina, que es el lugar en el que la inmersión cambia completamente. La música que acompaña este vídeo es la canción Clouds (con Zach Sobiech), un chaval que murió de cáncer y compuso esta canción. Hay un telelefilm en la plataforma de la Disney llamado Clouds contando la historia que es precioso y con el que se llora una jartá.

    Empezamos viendo un par de cangrejos en una anémona, después de eso una morena negra que me observaba atentamente. La verdad que al fijarnos más en la zona, que siempre pasamos de largo, vimos mucha vida que tendemos a ignorar porque al llegar a la esquina hay un auténtico espectáculo. En el vídeo no se note demasiado, pero la corriente era fortísima y avanzábamos poco a poco y en mi caso, agarrándome a las rocas para no cansarme. No todas las inmersiones pueden ser fabulosas y esta quedó como una de las flojillas de ese viaje.

  • De vuelta a Utrecht sin problemas

    8 de julio de 2025

    Después de nueve días disfrutando de la panza de burro en Gran Canaria, que es esa nube mágica que cubre la ciudad de las Palmas de Gran Canaria durante los meses de junio, julio y agosto y hace que la temperatura en la susodicha sea de veintidós grados, mientras que en el resto de la isla pueden estar en los treinta y los cuarenta, el domingo llegó la hora de regresar al norte con la bolsa de viaje petada de comida para sobrevivir en los próximos meses. Como en ocasiones anteriores, elegí un vuelo de mañana para llegar a los Países Bajos por la tarde e ir relajado a mi keli, que los vuelos de tarde llegan a Schiphol de madrugada, cuando solo hay un tren por hora y siempre tengo que esperar la hora entera en el aeropuerto y dejar una bici en la estación o no puedo llegar a mi keli, que los taxis aquí arriba ahora cuestan más que los billetes de avión. A las ocho salí para el aeropuerto y llegaba allí a las ocho y media. Esta vez hubo suerte y ya se habían levantado los empleados de los controles de inSeguridad, no como mi paso anterior por la isla y conseguí cruzar en relativamente poco tiempo. Al parecer no vieron la mitad de los líquidos que llevaba en la bolsa y que se me olvidó sacar. Después del luctuoso evento, busqué un rincón con pantalla de información cercana para esperar a que anunciaran la puerta de embarque y mirando en cierto programilla en el telefonino, vi que el avión venía sin retraso desde los Países Bajos y hasta iba a llegar adelantado. Aproveché para comprarme una botella de agua y como en febrero, hay un kiosko dentro del aeropuerto que las vende a un leuro y cincuenta céntimos de leuro, más barato que las máquinas y los otros negocios. Cuando ya se sabía la puerta de embarque, me acerqué a la misma y vimos como vaciaban el avión, de nuevo un Airbus A321NEO, de paquete, que Transavia ha decidido tirar a la basura la basura de los Boin y poner aviones de calidad que no pierden puertas ni otras piezas. Cuando comenzó el embarque, como tenía la mágica prioridad, entré de los primeros y tuve muchísima suerte el día anterior al facturar a las siete de la mañana y conseguí una de las dos últimas ventanillas y además, la del lado izquierdo del avión, que es la mejor por cierto momento que sucede después del despegue.

    Como en el avión vamos doscientos y pico julays, lo van llenando pero como comenzamos pronto, resultó que todo el mundo estaba dentro quince minutos antes del despegue, así que el chófer nos dijo que cerraba la puerta, quitaba el freno de manos y salíamos pa’l norte, eso sí, teníamos que esperar siete minutos para encender los motores porque por circunstancias de la vida, en base a la hora de aterrizaje que ya conocía el chamo debíamos esperar un poco para no llegar muy temprano. A mi lado iban dos viejos y alrededor, en los seis puntos cardinales, gente con niños pequeños que se sincronizaron para berrear en manada, que los niños no saben que la berrea es algo más bien de otoño. Al despegar, nada más saltar al cielo, hice como en otras ocasiones y busco la playa de Tufia, esa que vemos siempre en vídeos de buceo que son los favoritos del Ancestral. Después de eso, pasamos la panza de burro y dejamos de ver la tierra por culpa de la nube refrigeradora de la ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Las siguientes cuatro horas y quince minutos las pasé viendo episodios de series y jugando, hasta que el chófer dijo que íbamos a aterrizar y que por una vez en la vida no nos habían mandado a la malévola Polderbaan y no tendríamos que hacer media hora de ruta en carretera después de aterrizar. En el aeropuerto llovía bastante y los despegues de aviones eran alucinante con los chorros de agua que echaban los aviones por detrás. Como mi asiento de ventanilla estaba en la fila ocho, en la punta de alante del avión, salí de los primeros y conociendo el camino, puse el turbo y crucé el aeropuerto hasta la estación de tren, aunque allí mi tren estaba retrasado diez minutos, aunque como llegué cinco minutos después de su salida, solo tuve que esperar cinco minutos. El grado de estupidez de algunos julays es dantesco y los ves bajando o subiendo con maletones que perfectamente podrían contener cadáveres a las plantas alta y baja del tren buscando quince asientos libres que no encuentran y yo me quedo en el nivel de entrada y salida sentado y tan a gustito. Cuando llegué a Utrecht por el andén dieciocho, subí a la estación y bajé al veintiuno y pillé el tren a mi barrio y una vez allí, cogí la cutre-bicicleta que dejé en la estación y que fue bautizada en su día como la Zarrapastrosa 2.0 y con ella llegué a mi keli. Por suerte en Utrecht no llovía, que yo no me llevé chubasquero. Después, me moví rapidito para colocar en la nevera y en el congelador todos los productos perecederos que traje y aproveché y me hice un bocadillo de pata de cerdo asada con queso manchego y chorizo de Teror. O sea, otro viaje con cero incidencias y siguiendo el plan original al milímetro.

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