Seguimos con comida y de nuevo con una foto que creo que no ha aparecido en ninguna anotación específica hasta ahora. Es de una de mis visitas a Estambul, de una hamburguesa que comimos en un café al que me llevó mi amigo el Turco, que llevamos décadas buscando la hamburguesa definitiva y aún no parece que hayamos encontrado el lugar en el que las hacen. La foto la hice en marzo del año 2014 y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Casa flotante con balcón y barca
La segunda casa flotante que vemos esta semana tiene una distribución muy similar a la anterior. Dormitorios en el semisótano en los que básicamente duermes debajo del nivel del agua, parte común en la planta a nivel de calle y un pequeño balcón que da hacia el agua. La chimenea que se ve por la derecha parece que es de una chimenea de las de verdad, de madera, ya que la otra salida de aire que hay en la zona central tiene más pinta de ser la del calentador de agua. Por si alguno se cree que en los Países Bajos puedes poner una de estas casas en donde te sale de los mondongos, los ayuntamientos deciden en qué canales y en que zonas de los mismos pueden haber casas flotantes y les suministran la infraestructura de luz, agua y conexión al alcantarillado. Estas casas pagan impuestos y para moverlas a otro lugar tienen que pedir permisos y organizarlo todo de antemano. En la ciudad de Amsterdam hay unas tres mil casas flotantes y la inmensa mayoría está fuera de la zona turística. En Amsterdam predominan las que se han hecho sobre barcazas, mucho más incómodas que las que estamos viendo por aquí. En el momento en el que escribí esto, no se está vendiendo ninguna así que no he podido mirar precios.
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Kuala Lumpur a Phuket
El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur
Mi primer día completo en Asia era en realidad el del salto al destino, ya que compré los billetes a Kuala Lumpur cuando no sabía aún lo que quería ver y después ya encajé el viaje entre sitios. Mi vuelo era por la tarde, a las cuatro, con lo que tenía la mañana para pajariar en KL, ciudad que ya conozco y por eso, me dediqué más bien a garbear por el centro y a ser posible, protegido por aire acondicionado. Volví al hotel cerca del mediodía, pillé mi bolsa y tomé el tren para el aeropuerto, solo que esta vez iba a la terminal KLIA2, la nueva de vuelos de bajo costo y que aquellos con buena memoria recordarán que es la del puente entre terminales por el que pasan aviones por debajo.
Llegué con tiempo y allí sí que facturaba porque los de AirAsia son más de siete kilos pesándolo todo y así no colaba Sacando la cámara y las otras cosillas, la mochila eran cuatro kilos. Ahora hasta la facturación te la tienes que hacer tú mismo, esto del bajo costo está llegando a límites extremos. Facturé, busqué un sitio para almorzar en el mega-centro comercial que hay junto a la terminal y después ya fui tranquilo a pasar el control de inseguridad, mucho más relajado que el de los vuelos hacia Europa y América. Me apalanqué en un asiento cerca de la puerta de embarque a jugar con el iPad mientras llegaba la hora. Subimos al avión en hora y salimos más o menos a la indicada, ya que el aeropuerto ese tiene un tráfico que no veas y la cola de despegue es siempre de quince minutos o más. Llegamos a Phuket en hora. Salí del avión y busqué el control de pasaportes, el cual tomó como media hora. Después saqué dinero, compré un billete para el mini-bus que te lleva a Patong, que era mi destino y después a esperar que tuvieran gente para llenar uno. Debí llegar justo después de que se fuera el anterior porque allí no había nadie y tardaron casi cuarenta minutos en juntar la cantidad de julays. Entramos y nos llevaron primero como a una oficina en la que apuntaban los destinos de los hoteles y crearon la ruta para el conductor, que parecía tan simple como un simplón. La carretera está en un estado pésimo y el tío conducía como un loco con lo que agradecí ir en la última fila y no ver nada. El viaje desde al aeropuerto a Patong es de una hora, por culpa del camino de cabras y después tienes que esperar a que te llegue el turno en el reparto y en mi caso, fui el penúltimo. Llegué al hotel, el Amici miei, me dieron la habitación y ya era de noche, con lo que salí para dar un garbeo, ver la fauna por la noche y cenar. Patong es uno de los mayores destinos turísticos de Tailandia y es caótico y tercermundista. Además, en la zona principal de la ciudad, hay unos bares con barras para que las putas bailen, pero no una ni dos barras, con decenas y decenas de barras en bares que eran como hangares llenos de viciosos. Por la calle, tiqueteros te intentaban llevar a espectáculos de tías que tiran bolas de ping pong con el coño y de sexo en vivo. O eso, o las putas bailando o los travelos, los Ladiboys, que hay que ser ciego para no reconocerlos con esas nueces de Adán. Resumiendo, mi primera impresión es que el lugar está saturado, es sucio y está orientado al turismo de sexo y alcohol a destajo. Tenía dos sitios posibles para cenar, fui por el primero, no me gustó, fui al segundo, cené y después volví al hotel. Entre pitos y flautas, regresé como a las diez y media de la noche. Y así acabó el día que llegué a Tailandia.
El relato continúa en Un día de playa y poco más en Phuket
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Pulpo a la gallega en el Club de las 500
Volvemos a revisitar algunas fotos y en esta nueva edición comenzamos con una de esas que hago cuando preparo papeo en mi casa. No hay receta en el blog porque esto es algo tan banal que no creo que exista un ser humano que no sepa como hacerlo si consigue el ingrediente, los pulpos, algo que es lo más complicado en los Países Bajos ya que los holandeses no los comen y los que importan vienen de Italia y son pequeños. De una manera o de otra, aquí tenemos esta foto de Pulpo a la gallega que hice en enero del año 2011 y a la que hoy damos la bienvenida al Club de las 500.



