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  • Loving Vincent

    29 de abril de 2018

    En la cadena de multicines a la que estoy abonado, esta película la han ninguneado mayormente y pese a que tienen una purriada de multicines, solo ha estado en cartelera de un par de ellos, con lo que pese a haberse estrenado en los Países Bajos en octubre del año pasado, ha estado totalmente fuera de mi alcance hasta que la pusieron un día en las sesiones del mediodía entre semana que hacen para los viejos y coincidió que por ser lunes de Pascua, yo tenía el día libre. Ese día por fin pude ver Loving Vincent, la cual se estrenó al inicio de enero de este año en España con el mismo título y que para los más inquietos, está claro que la traducción es truscoluña no es nación

    Un julay investiga busca la forma de empetársela a una pava gabacha

    Un julay recibe de su madre la sagrada misión de entregar una carta del difunto Vincent van Gogh a su familia y se embarca en esta aventura que le llevará a hablar con mucha de la gente que lo conocía y lo trató en el último año de su vida y descubrir que su muerte está llena de contradicciones y que allí todo el mundo oculta algo.

    Lo más impactante de esta película no es la historia que nos tratan de contar, es el medio, ya que se hizo pintando con el mismo tipo de pintura y estilo que usaba van Gogh toda la película y convirtiéndola en una pequeña y gloriosa obra de arte. Esto es lo mejor, la forma en la que el medio, el cine, se fusiona con la pintura y la animación y crea un producto virtuoso y que solo falla porque el guión tiene muchos agujeros, pero al fin y al cabo te da igual porque visualmente es todo un espectáculo. La historia es triste y a ratos se contradice con lo que cuentan, ya que cada uno de los personajes tiene su historia y parece que están todos de acuerdo en estar en desacuerdo. Lo único cierto es que el chamo murió pobre como una rata. Este es un raro ejercicio de artisteo invadiendo un formato como el cine y llevándolo a una gran cantidad de cines, ya que la película es algo que te puedes topar en un cine pero no parece una cosa que sea comercialmente viable. En la versión inglesa se podía reconocer algunas voces, en mi caso fue la del padre del chamo que lleva la historia y que hasta tenía un gran parecido en las imágenes.

    Absolutamente vetada para los miembros del Clan de los Orcos, incapaces de apreciar algo así y por eso mismo, totalmente obligatoria para los sub-intelectuales con GafaPasta, que fliparán y la disfrutarán a conciencia.

  • Pacific Rim: Insurrección – Pacific Rim: Uprising

    28 de abril de 2018

    Seguimos en este círculo infinito de películas que regresan una y otra vez aunque no haga falta. Allá por agosto del 2012 veíamos en los cines Pacific Rim, una delirante historia de una invasión de extraterrestres y de como nos defendíamos de ellos con Mazinger Z y sus primos hermanos. La película era simple y se dejaba ver y te divertías, pero de ahí a hacer una secuela va todo un mundo y parece que ahora sabemos que esa distancia se recorre en cinco años, ya que son los que han tardado en poner en cartelera Pacific Rim: Uprising, la cual se estrenó en España cerca del final de marzo con el título de Pacific Rim: Insurrección.

    Unos julays no se cansan de comparar el tamaño de sus miembros

    Después de la movida de hace unos años, resulta que el hijo de uno de aquellos chamos ahora es un crápula del copón y de alguna manera lo convencen para que trabaje en la Academia de pilotos Jaeger, que son los chamos que se meten en máquinas grandes para compensar el complejo por sus micro-penes. Allí tenemos una selección variada de frikis y cuando se monta un pitote en la Tierra, obviamente serán ellos los que nos tendrán que salvar de una nueva invasión de esa gentuza de la periferia que son los truscolanes y los extraterrestres, que parece que ninguno de esos grupos es nación.

    Esta es una de esas películas que no requiere de cerebro, puedes ir al cine dejándolo cómodamente en casa y no te perderás nada. Es un compendio de efectos especiales, en ocasiones algo cutres y peleas y más peleas para ver y reírte con las boberías que dicen y hacen. La verdad que si no le das más importancia, la película tiene un pase pero hay que entrar en el cine sabiendo que esto es serie Zeta, es una película para descerebrados que no pretende nada. Scott Eastwood, el hijo de tú-sabes-quien, hace de chulanga y consigue demostrar que en la mayor parte de las ocasiones y particularmente cuando abre la boca, no sabe actuar. Hay momentos en los que yo habría gritado para que se la sellaran con un pezón del tamaño de un güevo frito o con un cipote. Igual de malo que él o quizás incluso peor es John Boyega, el pavo de color más bien obscuro de la nueva saga de la Guarra de las Falacias y que debe haber hecho esto porque el cheque era bien gordo. Están rodeados por una chiquillada en la predominan los chinos y los japoneses ya que el productor tiene muy claro cuál es su público. La traca final es épicamente risible, es imposible contar la cantidad de volatadas por segundo que pasan por tu retina, pero sabes qué, te da igual porque estás aullando y jaleando con el resto del público.

    Esto es la definición perfecta del cine para los miembros del Clan de los Orcos y por eso mismo, está prohibida y desaconsejada médicamente para los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • 7 días en Entebbe – 7 Days In Entebbe

    28 de abril de 2018

    Hace casi mes y medio, el pre-estreno sorpresa de la semana resultó ser una película que pretende recrear un secuestro aéreo allá por los setenta y contarnos la historia desde el punto de vista de los secuestradores. Hubo un montón de gente que según se supo la película que íbamos a ver se piró del cine pero un servidor decidió sacrificarse y me que quedé a ver 7 Days in Entebbe, película que parece llegar a las pantallas españolas esta mismita semana con el título de 7 días en Entebbe.

    Unos julays alemanes montan un pitote por defender a unos joputas-terroristas islámicos

    En los setenta era de lo más normal entrar en un avión con tu metralleta, con tus pistolas, con tu chaleco de goma 2 y con un par de garrafas de cinco litros de gasolina, o al menos eso es lo que parece tras ver esta historia en la que unos se meten en un avión, lo secuestran y se lo llevan al puto quinto coño, en Uganda, en donde hay un dictadorzuelo local que les da cobijo y allí se encierran en el aeropuerto para negociar las vidas de los judíos que había en el avión a cambio de las de joputas-terroristas-musulmanes presos. Los cabecillas del secuestro son radicales alemanes que sienten un gran cariño por la tripulación y los pasajeros y que lo que de verdad quieren es bailar la canción de los pajaritos de María Jesús y su Colocón. En algún momento de todo esto a los judíos se les inchan los güevos y montan una operación de rescate.

    Que en el pasado se secuestraban aviones con más alegría y cosa buena es algo que me suena conocido pero en esta historia hay un montón de cosas que me dejaron flipando y lo más asombroso es el intento del director por hacer pasar a los terroristas como bellísimas personas con las que nos tenemos que encariñar. Daniel Brühl es un tío que cae demasiado bien y al que le coges cariño y por eso no cuela como terrorista, es que no te lo crees, si ese tiene pinta que le pegas un grito y se te echa a llorar. Era más fácil de creérselo con Rosamund Pike, que pone cara de que se le ha torcido una ovulación y está a punto de jiñar el óvulo o algo así y toda esa mala leche la encauza a convertirse en terrorista. Como los terroristas no son creíbles, la película flojea y aunque tiene tramos interesantes, es en un mayor parte un ejercicio de ombliguismo del director, que debe ser del club de las noticias falsas y quiere reescribir la historia y hacernos creer que los malos son los pasajeros que se meten en el avión equivocado en el vuelo más inoportuno. Aparte de los dos alemanes y los judíos que van a darles candela de la peor, entre los pasajeros y la tripulación no hay personajes interesantes y una gran parte de la película parece suceder entre el tedio de añadir minutos sin que pase nada, hasta que les entra el turbo y solucionan el problema en los cinco minutos finales.

    Esto puede provocar la ira de los miembros del Clan de los Orcos, que se volverán locos con tanto diálogo y tan poca acción. Igualmente, no es un plato del gusto de los sub-intelectuales con GafaPasta. Es lo que antes se llamaba un telefilm y lo pueden poner cualquier tarde de domingo en Antena Triste o Telajinco y seguro que más de uno hasta piensa que es buena.

  • Los previos y sus números

    27 de abril de 2018

    Cada vez que me embarco en una aventura asiática, cuando se acercan las fechas de la partida, se me quitan las ganas y me pregunto la razón por la que lo hago pero por suerte, cuando regreso vuelvo lleno de ganas de repetirlo al año siguiente. Este año, el viaje me hace pasar en el intervalo de veintiséis días por por siete países, aunque algunas de esas paradas son de aeropuerto, saltando de un punto a otro. Así, comenzando en los Países Bajos iré hasta los Emiratos Árabes Unidos, solo que en lugar de Dubai iré por Abu Dhabi. Desde allí seguiré tras unas horas hacia Malasia y pasaré noche en Kuala Lumpur y al día siguiente por la tarde saltaré hacia Tailandia, con destino en Phuket. Estaré ocho días en Tailandia y después el tren se volverá a poner en marcha para ir hasta Indonesia pasando por Singapur. En Indonesia iré a Bali y me quedaré en el este de la isla y también en una isla cercana durante casi una semana. Desde allí regresaré a Kuala Lumpur y al día siguiente saltaré a las islas Perhentian y éste destino, en el que también pasaré una semana, es el único en el que las cosas no están atadas. De regreso a Kuala Lumpur, saltaré a Abu Dhabi y después, por motivos de cambios de vuelos de esos que suceden todo el tiempo, iré a Serbia y haré una parada de poco más de cuarenta y cinco minutos camino de Amsterdam. Serán más de veintisiete mil quinientos ochenta y ocho kilómetros repartidos en doce vuelos. Cuando regrese, ya habré hecho la cantidad de kilómetros para dar una vuelta al planeta.

    Uno de mis objetivos, como siempre, es minimizar el peso de lo que llevo, algo cada vez más difícil, sobre todo por culpa de la morralla de buceo. Solo mi cámara CANON y sus cosillas son dos mil cuatrocientos treinta gramos, aunque me la colgaré al hombro y la pasaré como el OBJETO PERSONAL y espero evitar así la facturación en la ida. Del resto de cosas que llevo, me llaman la atención los setecientos cincuenta gramos de líquidos, los trescientos sesenta y seis gramos de mi teclado bluetooth para el iPad y en lo relativo a la ropa, quinientos cuarenta y un gramos en cinco camisetas, doscientos doce gramos en gallumbos, un bañador pesadísimo, de ciento sesenta y siete gramos, los trescientos noventa gramos de la toballa y el resto serán las cosas de buceo, el cargador y sus cables, el iPad y poco más, ya que cada vez cargo menos. Si consigo quedarme por debajo de los siete kilos, la bolsa irá conmigo en cabina. La ropa con la que viajaré el primer día es desechable, un polo que vivió sus mejores años hace décadas y unos gallumbos que tienen orificios de ventilación adicionales y al igual que el año pasado, asumo que solo voy a moverme en zonas cercanas al mar y voy directamente en cholas de playa y me ahorro el llevar más zapatos. Como Virtuditas bien sabe y gracias a las propiedades curativas del aire, cinco gallumbos, con dos lados, son veinte días de uso, poco más o menos, ya que mientras rotan, el aire los lava, o eso dice Apestoso, uno que trabaja en mi empresa y al que no te puedes acercar a menos de cinco metros. Creo que pasaré por una lavandería después de una semana y quizás de nuevo antes de abandonar Bali.

    Hay dos partes en esta historia, una es la de llevarlo todo y no olvidar nada y la otra es dejar el mejor blog sin premios en castellano en piloto semiautomático:

    Anotaciones encoladas por un tuboHay cuarenta y pico yanotaciones encoladas, incluyendo una cantidad dantesca de películas, tantas como diecinueve, fotos de Utrecht por un tubo y fotos de cierto club. Cada semana, tendré cuatro huecos para ir narrando el viaje, como en años anteriores y si hay suerte y conexión a Internet, igual los de siempre reciben correos diarios con alguna foto o vídeo. Para cuando leáis esto yo estaré durmiendo en un hotel en Kuala Lumpur.
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