La bendición del cine digital no cesa y siguen volviendo a la cartelera películas ancestrales de la época favorita de Genín para contar sus batallitas y además, de los años en los que combinaba el culocochismo con el cine y podía hacer ambas cosas simultáneamente, algo que otra que yo me sé se muere de rabia y envidia porque hoy en día preferimos salas de cine con butacas, en gradas y con un sonido apoteósico. Hoy viajamos al mismo año en el que se estrenó en Estados Unidos la Guerra de las Galaxias IV, que fue la primera por aquello de confundir y lo hacemos para hablar de Close Encounters of the Third Kind, la cual se estrenó en España en 1978 con el título de Encuentros en la tercera fase.
Unos julays reciben mensajes para-anormales de Raticulín y sueñan con Truscoluña, que no es nación
En la Tierra, hay un montón de movidilla con avistamientos de ovnis y cosas raras que hacen y mueven y un grupo de personas como que se obsesionan y se chiflan que no veas, haciendo cosas raras. Nos centramos en un chamo que desquicia a su mujer e hijos con sus neuras y que le da por la escultura con morralla de su jardín y que le roba a sus vecinos. También seguimos a una pava que ve como su hijo es abducido en su keli y está buscándolo para recuperarlo.
Esto era un clásico antes de estrenarse y es un clásico hoy. En mi primera vez en un cine para verla, F-L-I-P-É. Es aún más maravillosa que cuando la vez en tu micro-tele. Una historia grandiosa, con un guión perfectamente estructurado y con Steven Spielberg controlando los tiempos perfectamente. El director estaba en su Edad de Oro y seguramente se ganó un puesto en la historia del cine con esta película. Me sorprendió que los efectos especiales, pese a tener cuarenta años, se vean de fábula en el cine y hace que algunas películas muy recientes den vergüenza ajena. Esta es también la única película en la que recuerdo a Richard Dreyfuss, actor que será super-famoso en su barrio pero para mi su carrera comienza y termina con esta historia. Toda la escena final, con el roque en el desierto, los militares y el órgano eléctrico ese con el que tocan música con los extraterrestres y se lo pasan bomba mientras un montón de naves vuelan por encima y la música de John Williams se despliega ante nosotros es seguramente una de las mejores escenas en el cine de ciencia ficción de ayer, hoy y siempre. Es curioso ver como ha cambiado la sociedad, en aquellos tiempos un padre podía darle una de gritos a los chiquillos sin vergüenza alguna y hasta soltarle un manotazo si se terciaba y hoy en día, lo meten en chirona y tiran la llave por maltratador. Teri Garr está fantástica como madre coraje aunque me pregunto si lo de que se encoñe del otro chamo loco era necesario, pero bueno, sirvió para poner un morreo en pantalla. Este es uno de los ejemplos en los que una banda sonora épica puede convertir una experiencia que ya es fantástica, en sencillamente milagrosa. Estoy totalmente a favor del exterminio de cualquiera que no conozca las cinco notas de la tonada que despierta nuestros recuerdos de esta película. UN CLÁSICO.
Dudo que la pongan en muchos cines hoy en día y aún más dudo que los miembros del Clan de los Orcos la vayan a ver, pero de hacerlo, la disfrutarán tanto como los sub-intelectuales con GafaPasta. Una película legendaria o más bien, un peliculón.





