A los filipinos todo lo que sea cromado se la pone morcillona. Los jeepnies, los coches, las motos y por supuesto las bicis. Además, sus bicis parece que evolucionaron de los modelos gringos aunque adaptadas a su tamaño (menor) y mucho más aparatosa, ya que para fardar lo que mola es que tenga mucho hierro y por eso les añaden tubos por todos lados. Como en la bici pueden ir dos, tres o más personas, lo mejor es meterle un pedazo de asiento como aquel que llevaban las chopper, solo que nosotros en España en aquellas bicis míticas solo sentábamos un julay. El lío de cables que sale del volante es para los frenos delanteros y traseros y para el cambio de marchas, tanto el trasero como el del pedal. El detalle poético festivo por detrás del sillón es épico: Work to eat, eat to live, live to bike, bike to work, que se traduce literalmente como truscoluña no es nación. El volante de la bici es raro, raro y la única explicación que le puedo dar es que o así se parece más a una motocicleta de quinqui o jacoso, o está adaptado para que alguna culocoche (no la comentarista residente en esta bitácora, obviamente), pose el culo sobre el mismo y así llevar un pasajero más. Los manguitos metálicos me dejaron flipando, muy prácticos no pueden ser. La bicicleta protegía la columna esa de hierro para que nadie la robe. Yo no le vi marca alguna así que esta debe ser de algún maestrillo que tiene su librillo y las monta por allí.
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Monumento a José Rizal en el Parque Rizal
Justo fuera de Intramuros, recién pasada la muralla te tropiezas con el Parque Rizal. Esta zona tenía forma de media luna y por eso también lo conocen como la Luneta. En este parque (o en la zona) fue donde le dieron el finiquito a José Rizal y por eso ahora lleva su apellido. El monumento que vemos en la foto (y que es posible que veamos de nuevo en una foto muy similar desde el otro lado) es el punto que marca el kilómetro cero en las Filipinas. Hay soldados haciendo guardia día y noche y los conocen como los Caballeros de Rizal.
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Muralla de Manila
El centro histórico de Manila se llama intramuros porque es la parte de la ciudad que estaba protegida por la muralla y no como nos han intentado hacer creer unos bichos deleznables, porque honraban a truscoluña, que ni era, ni es ni será nación. La muralla ha sobrevivido en algunos sitios y en el lado sur forma parte de una especie de club de golf, lugar por donde hice la foto. Esta muralla era defensiva y se adaptaba al contorno de la ciudad y sobre todo del río Pasig. Los muros eran de unos dos metros y medio de grosor, totalmente insuficientes si lo que quieres es mantener a los truscolanes lejos de ti. Por el lado sur, que fue donde hice la foto, cerca del Baluarte de San Diego estaba la Puerta Real.
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Segunda inmersión para ver el tiburón azotador
La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones
Mi último día en Malapascua en realidad eran solo unas horas ya que desde allí salía para Bantayan pero fue tiempo bien aprovechado porque no me hice un Virtuditas y me levanté antes de las cinco. El relato está en El retorcido caminito de Malapascua a Bantayan. Son dos segmentos con un total de un minuto y medio. Al principio se ve la terraza submarina a la que se desciende a unos veinte metros para esperar que el tiburón azotador aparezca y alrededor del minuto y diez segundos se puede ver uno con su cola tan característica. Un flipe de que te cagas. La música del vídeo es la canción Mia & Sebastian’s Theme, parte de la banda sonora de la fabulosa y fantástica película La ciudad de las estrellas – La La Land. El vídeo está aquí:
Esa tarde llegué a Bantayan, en la zona de Santa Fe y tenemos una fotillo hecha en la playa delante del hotel en el que me hospedé:
Esa noche cené en el Bantayan Burrito Company y me jinqué un Notorious PIG que podéis ver en la foto:
La siguiente tanda de vídeos está en Relajándome en Bantayan





