Cada vez que miraba a mi alrededor en la bahía de Ha-Long, no podía dejar de hacer fotos panorámicas, juntando tres, cuatro o cinco imágenes. El lugar es increíble, surrealista y lleno de postales increíbles. En esta secuencia que convertí en un panorama se puede ver que a la izquierda estaba el sol y ya estaba trabajando en matar todos los colores y dejar solo el azul.
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USVA Comfort
Hace un par de semanas fui a ver una sesión doble en el Pathé Amersfoort y entre las dos películas tenía unos veinte minutos y salí del cine para comprar unas cosillas. En la calle me topé con esta USVA Comfort, un triciclo, si contamos el número de ruedas y una bicicleta para ir en una posición recostada (ligfiets en holandés). Aunque había poca luz y la cámara de mi cutre-móvil no da para más, no me pude resistir y le hice una foto. Después, buscando información sobre la misma, no he conseguido averiguar el precio y parece que las fabrica una organización sin ánimo de lucro que crea este tipo de bicicletas para personas con movilidad reducida o con algún tipo de problemas. Está muy bien equipada, tenía una mega-bolsa por detrás del asiento para llevar carga y no era tan baja como otras ligfiets que hemos visto en esta serie eterna. Desconozco el precio pero calculo que estará entre los mil quinientos y los dos mil leuros. Fijándome en la rueda delantera, tengo la impresión de que esta es la versión eléctrica.
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Dos islotes solitarios en la Bahía de Ha-Long
Una de las cosas negativas del sol en el sureste asiático es que es tan potente que una vez llega a lo alto, es como una luz incandescente que te revienta cualquier foto por exceso de luz. Por eso, por la mañana o por la tarde, cuando aún está bajo, es cuando se consiguen las mejores fotos. Hice un montón de fotos de los islotes kársticos en la bahía de Ha-Long y todas se ven exactamente iguales. En este caso, con otra luz, temprano, los islotes se ven distintos, como si no pertenecieran a aquel lugar. Para aquellos a los que les mola hacerse un Virtuditas, creo que la foto la hice antes de las siete de la mañana.
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Primera luz del día en la Bahía de Ha-Long
Creo que fuimos dos o tres los que nos despertamos a las cuatro y pico de la mañana para subir a la cubierta del barco y ser testigos del nacimiento de un nuevo día. Los colores eran increíbles, el mar estaba quieto y la escena era épica. En los barcos con parranda, todo el mundo dormía la borrachera y en el nuestro, la mayoría decidió alargar el sueño hasta la hora del desayuno. Lo bueno de viajar solo es que tú fijas tus propias prioridades y no dependes de otros. En este caso, beber y dormir lo puedo hacer prácticamente cualquier día de mi vida pero ver un amanecer en la bahía de Ha-Long, eso es algo que solo he hecho una vez en mi vida y no me lo quería perder.




