En Estocolmo también se veían bakfiets, las bicis esas con una cesta enorme para llevar niños y carga y que en ciudades y para distancias cortas, le dan de bofetones a los coches, a menos que seas una culo-coche y te montes en uno hasta para cortarte las uñas, algo que se da mucho en España. En ese país tiene mérito ya que en invierno tiene que hacer un frío de cagarte por allí y a menos que pongan sal en cantidades astronómicas, el empedrado tiene que ser fabuloso para resbalar con la bici. La zona en la que vi esta bicicleta era en la parte más antigua de la ciudad, llena de calles peatonales, muy estrechas y con cuestas. Desconozco la marca y el modelo pero no parece holandesa. Definitivamente no es eléctrica y parece que los raíles de metal se usan para sellar la cesta en caso de mal tiempo.
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Museo de las Ciencias Príncipe Felipe en el Club de las 500
En el 2005 todos los dramas actuales de la Ciudad de las artes y las ciencias en Valencia se veían muy lejanos. Recuerdo que pasamos por allí y vimos los edificios, les hice fotos pero tampoco me deslumbraron con su encanto, seguramente porque yo soy más de edificios del renacimiento y del barroco y estas movidas tan modernas, son bonitas pero algo frías. Entre las fotos que hice está la de hoy que vimos en marzo del 2006 en la anotación Museo de las Ciencias Príncipe Felipe y a la que hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Edificios viejos en el Skansen y vista de la ciudad
La mañana que pasé en el Skansen fue muy didáctica y vi todo tipo de edificios ancestrales hechos en madera que nos muestran cuanto han avanzado los suecos. Todos los edificios que hay repartidos por el museo los trajeron desde otros lugares del país y es como viajar en el tiempo. El de la imagen está colocado en lo alto de una loma, mirando hacia la ciudad. El Skansen recibe más de un millón de visitantes cada año, la mayor parte de ellos del país y en el interior del museo hay una réplica de un villorrio de ese país en el siglo XIX (equis-palito-equis), hay multitud de lugares en los que podemos ver artesanos y un zoológico con animales nórdicos.
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Manguera bidé asiática del copón
Ya puedes ser reina o reinona, Papa o papá, joputa-terrorista musurmán-de-mierda o kabezudo de cierto país deleznable, todos, todos y todos, pasan por el baño con frecuencia regular y sueltan sus JIÑOTES, que quizás no sean tan potentes y sofisticados como los de un servidor, auténticas bombas destructivas que bloquean desagües a lo largo y ancho del mundo. En algunos países de Europa, en tiempos pasados que no sabemos si fueron mejores, en los baños se añadía el bidé, un recipiente que recibe el agua de un grifo y que sirve para el aseo de las partes pudendas según nuestro amado diccionario RAE. En muchas casas ni se usa y es un objeto del pasado que da pereza quitar y hay gente que incluso en baños nuevos, lo acopla en algún lugar de esa estancia. En Asia, en donde parece que llegaron tarde a todas estas cosas de la higiene corporal y lugar en el que no es raro encontrarte con un balde y un pequeño bol en la ducha con el que la gente se echa el agua por el cuerpo, decidieron combinar las funciones de jiñorio y bidé y añadieron una manguera junto al primero que una vez activa e introducida en la zona adecuada, puede actuar y actúa como el chorro de un bidé. Aunque me los he cruzado por todos los países del sureste de Asia, siempre se me olvida hacerle una foto y fue en Malasia, el último día de las últimas vacaciones, cuando aproveché el mensaje que acompaña al dispositivo para hacerle una foto. Al parecer y haciendo una traducción pachanguera, esa manguera es un bidé de mano u operado manualmente. En algunos de esos países, sobre todo en aquellos en los que la presión del agua no era muy elevada, la manguerilla soltaba un chorrito ridículo que no servía para nada. Recuerdo un baño en Camboya en el que la cisterna tardaba casi tres cuartos de hora en llenarse y la manguera como la de la foto, era más bien decorativa y de la misma no salía agua alguna.




