Ayer veíamos El Buda Mahamuni mientras la gente lo forraba de oro y hoy tenemos a las trabajadoras de uno de los negocios que junto al templo preparan las láminas de oro. A partir de piedras de oro las golpean hasta crear las finas láminas las cuales cortan y empaquetan. La parte de crear la lámina era trabajo de hombres y el resto de mujeres, las cuales tienen unos sueldos bajísimos tirando a miserables. Los dueños de los negocios también aprovechaban para enseñar los mismos a los turistas y así tener una fuente adicional de dinero, ya que aunque la visita es gratis, el oro atrae mucho a las hembras y acaban comprando algo.
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Llevando la bicicleta portátil en la moto
En junio, antes de que nos exiliaran del maravilloso entorno laboral en el que trabajábamos y nos condenaran a la nueva prisión en la uqe cumplo condena ocho horas al día cinco días a la semana, paseaba por las calles de Hilversum con mi amigo el Moreno cuando vi algo extraño. Por supuesto él ni se fijó, ya que lo que le mola es la fotografía de animales y en particular de pájaros (y por pájaros, no aceptamos deshonorables ladrones mentirosos y estafadores politicastros de truscoluña). Yo me paré en seco porque había algo raro en una moto que estaba aparcada en la calle. Resultó que la moto había sido tuneada para poder transportar una bicicleta plegable en la parte posterior. Esa bicicleta en horrendo color verde con toque rosado está enganchada de alguna manera a la moto. Ambos nos quedamos con la duda sobre la legalidad del sistema, no creo que se pueda hacer algo así en una moto pero aquí está la prueba.
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Torres de la Sagrada Familia en el Club de las 500
Algún día la gente hablará de aquel lugar increíble y precioso que existía en Europa antes de que una banda de ladrones y estafadores mintieran, engañaran, cambiaran la historia y se inventaran la tierra que nunca-jamás existió y extirparan de la Unión Europea un trozo de la misma para poder mangonear y robar a siete millones de pollabobas y tontos del culo que se dejaron convencer por ellos. En esas charlas recordaremos que en aquel lugar existían cosas tan bonitas como la catedral que representa a la secta de los presuntos tocadores de niños. Hoy vemos una foto de un trocito de la misma, una imagen que formó parte de la anotación Torres de la Sagrada Familia que apareció por aquí en mayo del año 2007 y a la que hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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El Buda Mahamuni
Uno de los centros neurálgicos del Budismo en Birmania está en Mandalay. En este templo se encuentra el Buda Mahamuni y está en la carretera que va hacia Amarapura, lugar que seguro que conocéis de libros de aventuras ingleses. En la Pagoda Mahamuni, también conocida como Payagyi, la Gran Pagoda o la Pagoda Rakhaing por aquello de confundir al enemigo dándole múltiples nombres está esta figura, que es como el Santiago Apostol de Birmania. Hay mil millones de historias sobre esta imagen y por no ponerse de acuerdo, hasta discuten la fecha en la que lo crearon. Tiene unos cuatro metros de alto, es de bronce pero llevan siglos y siglos añadiéndole láminas de oro, por eso tiene esa textura y eso es exactamente lo que están haciendo los chamos de la foto, pegando sus laminas. Cuando yo pasé por allí tenía una capa de unos dieciocho centímetros de oro macizo envolviéndolo. Este lugar es muy visitado. Una de las leyendas del Budismo miente con lo de la amabilidad, gentileza y tolerancia del budismo, algo que no se ve en este sitio, ya que si tienes pipa del coño no puedes acercarte al Buda y mucho menos ponerle oro. Las hembras locales están que se les corta el reglote por eso y hay campañas para abolir esa estúpida prohibición. Este Buda lo protegen los monjes de la zona y cada vez que ha habido algún problema político en el país, es rodeado por eso que denominamos carne de cañón.
Según dicen, del Buda original se hicieron cinco imágenes mientras el chamo chingaba en el planeta. Dos estaban en la India, dos en el paraíso y esta precisamente es la quinta. El Buda auténtico escupió y le echó su aliento a la imagen, algo maravilloso y mágico y casi tan poderoso como cuando un ladrón se convierte en honorable en truscoluña.




