Distorsiones

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  • Un regreso poco sincronizado

    10 de septiembre de 2010

    El relato comenzó en Otra vez hacia Estambul

    Después de un fin de semana muy intenso en Estambul con mi amigo el Turco, su preciosa esposa y su hija, tenía que volver a los Países Bajos. De todo lo que sucedió con ellos no queda constancia alguna ya que es información encriptada y que algunos que están dentro del círculo de confianza ya conocen. Mi avión salía por la noche, a las nueve y pudimos hacer un montón de cosas. Sobre las seis de la tarde salimos para el aeropuerto ya que Transavia no permite la facturación a través de Internet en el aeropuerto de Sabina y no quería llegar tarde y quedarme en tierra.

    Yo le sugerí a mi amigo de ir por el segundo puente que cruza desde Europa a Asia pero él se empeñó en usar el primero aunque veíamos coches de policía a la entrada del mismo. Primero paramos en una gasolinera Shell y como siempre aluciné con el sistema. El Turco no paga. Entra en las Shell, pone gasolina y por algún milagro tecnológico su empresa recibe la factura y él no tiene ni que bajar la ventana para dejar escapar una pizca del aire acondicionado del interior del coche. Según salimos de la gasolinera entramos en el monumental atasco para el puente y estuvimos en el mismo casi media hora. Para cuando llegábamos al comienzo del mismo, un helicóptero daba vueltas alrededor de la zona como una mosca cojonera, mil millones de policías gritaban y gesticulaban y cada veinticinco metros había un soldado en el puente. Obviamente, solo se podía tratar de una cosa: el hijoputa de Bono, el cantante de U2, se había salido con la suya y le habían permitido caminar en el puto puente, algo que está prohibidísimo por la de gente que se suicidaba. Hubiera estado bien que se tirase del puente y se estampase contra uno de los barcos de turistas que pasan por debajo pero no hubo suerte.

    La prohibición para caminar sobre el puente que se aplica a todos los mortales salvo a comemierdas líderes de banda musical que llevan gafas horteras y no ha eliminado los suicidios en el puente aunque la mecánica ha variado. Ahora coges un taxi y le pides que te lleve a una dirección del otro lado y cuando está a la mitad amenazas al taxista y le obligas a parar, sales, corres unos metros, saltas y acabas con tu vida de forma rápida y con la satisfacción de saber que tu último acto fue joder a un taxista, algo que te envía al otro lado con una sonrisa en la cara. Técnicamente al tratarse de un suicidio estás condenado al infierno, si es que de verdad existe ese timo creado por los folladores de niños y sus amigos los terroristas musulmanes de mierda y uno no deja de preguntarse la vara que usan si follando niños vas al cielo y decidiendo soberanamente poner punto y final a tu vida consigues billete para el infierno. En mi caso me temo que iré a la nada más absoluta porque no creo ni en un lugar ni en el otro y prefiero vivir la vida que me ha tocado y que le den por culo a la que prometen los pederastas.

    Sobre el puente nos cruzamos con el tocagüevos de Bono cruzando el puente con cien políticos por lo menos y unos quinientos soldados. Tremendo despliegue, cualquiera diría que el tío ese ha salvado al universo del desastre total. Hice alguna foto con mi teléfono pero no quedaron bien.

    Una vez dejamos atrás el puente la autopista volvió a la normalidad y recuperamos parte del tiempo perdido gracias a la potencia del BMW del Turco y a su ligereza a la hora de conducir. Por supuesto escuchábamos música de Eminem como en los viejos tiempos y agitábamos la cabeza como los muñecos esos que la gente pone en la parte trasera de sus coches.

    En el aeropuerto nos despedimos con un gran abrazo y la promesa de volver a vernos pronto y preferiblemente en los Países Bajos. En este aeropuerto pasas el control de seguridad antes de facturar y con todo tu equipaje. Después vuelves a pasar un nuevo control solo con el equipaje de mano al llegar a la puerta de embarque. En el primero la gente como siempre parece que es retardada y dejan portátiles en las mochilas, no se quitan los cinturones ni las joyas y lo que debería ser una dinámica fluida se convierte en un atasco eterno. Una vez lo dejé atrás me acerqué a los mostradores de facturación y allí un empleado te pide el pasaporte y el billete para comprobar que estás en la fila adecuada. Después te mandan a uno de los mostradores y cuando me preguntaron si quería ventana o pasillo le respondí que quería sentarme tan adelante como se pudiera y me la sudaba el lugar y el hombre se me bloqueó y hubo que resetearlo. Finalmente le pregunté por la fila más adelante con ventana, la fila más adelante con pasillo y la fila más adelante sentado en el medio y resultó que podía ir en la fila 6 en pasillo y esa fue la que escogí. Pasé el control de pasaporte en el que la ley de Murphy me jugó una mala pasada. Habían tres colas con varias personas y una con una pareja y dos niños turcos y yo elegí esa. Las otras se movían pero los turcos con los turcos son como perras en celo y le hicieron un cuarto grado a aquella familia y estuve esperando casi diez minutos. A mí me despacharon en menos de cuarenta segundos, los que tardaron en encontrar la visa en mi pasaporte y la sellaron.

    Los aeropuertos de Estambul son bien conocidos por tener los precios más caros de Europa (y Asia) en los bares y restaurantes y como lo sabía opté por tomar un cafelito y nada más. Un grupo de franceses pidieron cuatro cervezas y cuando les trajeron la factura con casi treinta euros no veas como gritaban y se lamentaban, parecían plañideras. A otra francesa le levantaron siete eurolos por medio bocadillo y a la mujer se le cayeron los pelos del coño del susto que se llevó y yo creo que hasta se pensó el vomitar y devolver el bocadillo que ya se había comido para no pagarlo.

    A una hora de comenzar el embarque comenzaron a llamarnos para pasar el control de seguridad y allí me encaminé. Imaginaba que el avión iría lleno y así fue. En el segundo control de seguridad solo llevas el equipaje de mano y es más rápido. Me senté a jugar en la sala de espera con mi iPad y al rato aquello se llenó de gigantes que debían volver a los Países Bajos después de haber estado viendo partidos del mundial de Baloncesto que se celebra allí en estos días. Nuestro vuelo se retrasó media hora y eso caldeó el ambiente, con la gente poniéndose nerviosa.

    Cuando comenzó el embarque el tipo dijo que lo haríamos por zonas y pidió que se acercaran los de la fila 6 a la quince, lo cual nos sorprendió a todos pero hacia allí comenzaron a ir. Resultó que o tenía frenillo en la lengua o es tonto del culo porque lo que en realidad quería decir es que se acercaran la gente con asiento entre las filas veintiseis y la quince, claro que con su cagada consiguió crear un embotellamiento del copón y el supuesto embarque ordenado se convirtió en una muchedumbre empujándose para llegar al avión a cualquier precio. Al parecer no saben que no volábamos con Ryanair y que por mucho que te adelantes, tu asiento está asignado.

    Los gigantes estaban esparcidos por todo el avión y salían como medio cuerpo por arriba del asiento. Por suerte a mí no me tocó ninguno ni delante, ni detrás ni al lado. Con el avión lleno cerraron las puertas y nos tuvieron más de quince minutos hasta que arrancaron los motores y enfilamos hacia la pista de despegue. Nada más levantar el vuelo pillamos unas turbulencias del copón, de esas con las que se puede hacer un cóctel pero tras un par de minutos desaparecieron y el resto del viaje fue bastante relajado y aproveché para ver un par de episodios de series y echarme unas cuantas partidas. Por culpa del retraso a la hora de salir toda mi planificación se fue a tomar por culo y sabía que al llegar a Holanda lo tendría complicado. Tuvimos un poco de suerte y no aterrizamos en el Polderbaan, la pista que está a varios kilómetros del aeropuerto y que te obliga a permanecer en el avión veinte minutos hasta llegar a la terminal después de aterrizar. En realidad nos echaron bien pronto y corrí soltando el gas adquirido en el vuelo y fui el primero en pasar el control de pasaportes. Compré mi billete para el tren y a las doce y veinte estaba en uno con dirección a Utrecht via Hilversum que debía llegar a la una y veintiuno a mi ciudad. A medio camino existía la posibilidad de transbordar a otro que me debería ahorrar seis minutos y eso hice, solo que ese llegó con cinco minutos de retraso y finalmente llegué a Utrecht a la una y veinte en lugar de la una y veintiuno. A esa hora no hay autobuses en dirección a mi casa así que tomé un taxi y diez minutos más tarde cruzaba el portal de eso que llamamos hogar. Lo solté todo y fui directo a la cama en donde caí muerto en cuestión de segundos y así acabó mi escapada de fin de semana a Estambul para visitar a mi amigo el Turco

  • Cameron Highlands

    10 de septiembre de 2010
    Cameron Highlands

    Cameron Highlands, originally uploaded by sulaco_rm.

    Seguimos visitando lugares en Malasia y llegamos a Cameron Highlands, una región montañosa situada algo más de doscientos kilómetros al norte de Kuala Lumpur y a la que llegué desde las Islas Perhentian en mini-bus. Lo bueno que tiene Cameron Highlands es que la temperatura no es tan alta como en el resto de zonas del país. Allí las máximas raramente sobrepasan los veinticinco grados y las mínimas están alrededor de los doce con lo que se pueden disfrutar noches frescas y días agradables. El nombre del lugar se debe al gobernador británico William Cameron, el cual aparentemente lo descubrió en 1885. En este lugar están las mayores plantaciones de té de Malasia y es también una de las principales despensas de frutas y verduras de Malasia y Singapur.

  • Paseando por los Distritos Occidentales de Estambul

    9 de septiembre de 2010

    El relato comenzó en Otra vez hacia Estambul

    Habiendo visitado Estambul en dos ocasiones, en esta tercera visita ya se me escapaban pocas cosas importantes de la ciudad para ver (o eso creía yo). Como en las dos visitas anteriores, mi objetivo era ir a las Islas Príncipe o Adalar. En el avión miré mi guía de viaje y consulté lo que quería y podía ver. Sin embargo, al encontrarme con mi amigo el Turco los planes cambiaron por completo porque él quería venir conmigo y me pidió que lo hiciéramos el fin de semana. Por suerte yo tenía un plan alternativo que consistía en visitar los Distritos occidentales (Western Districts) de la ciudad. Por la mañana refiné mi plan y cuando salí de la casa aproveché para bajar andando hasta la Büyük Mecidiye Camii o la mezquita de Ortaköy, la cual he fotografiado varias veces pero nunca por dentro. Según el Turco suele estar cerrada y no se permite el acceso a los extranjeros pero debía ser mi día de suerte porque no solo estaba abierta sino que pude hacer unas fotos increíbles con un solo hombre rezando que le da un aplomo y magnificencia al lugar asombroso y si hay suerte, algún día se podrá ver esa foto por aquí. En el interior de esta mezquita hay una zona reservada para la familia Real ya que solían venir a rezar aquí cuando estaban en el palacio que está en la otra orilla del Bósforo a la misma altura.

    El día estaba soleado e increíble y la luz casi perfecta. Decidí caminar como siempre hacia el tranvía, un paseo muy agradable y en el que todos los taxistas que llevan el coche vacío son como mis mejores amigos y me pitan para ver si quiero que me lleven a algún lugar. Por desgracia para ellos a mí me gusta caminar. Una vez en el tranvía me bajé en Sultanahmet porque la vez anterior llovía y estaba muy gris y quería tener fotos con un cielo azul bonito de la zona de la Mezquita Azul. Estando allí me acerqué a la oficina de turismo y me explicaron como ir a los Western Districts usando el transporte público. Aproveché para almorzar a la holandesa (o sea, temprano) y entré en el Tarihi Sultanahmet Köftecisi para comer las albóndigas tan deliciosas que preparan allí. Que nadie piense que tuve algún remordimiento por los musulmanes y su absurdo ayuno. Es más, la comida me supo a gloria. Al salir de allí fui paseando por el recorrido del tranvía hasta la parada del Gran Bazar o Kapal?çar?? y junto a la misma encontré las guaguas. Me habían dicho qeu tenía que tomar la 39 y que le dijera al conductor que quería ir al museo Kariye, el cual está en la antigua Iglesia de San Salvador en Chora. La guagua hacía unos amagos de parada en los que el tío reducía la velocidad y la gente se lanzaba al interior y solo si te veía impedido o con niños se detenía por completo. En un momento determinado el hombre se puso a gritar todo histérico y al poco todo el autobús al completo gritaba histérico mirándome y en un instante de lucidez tremenda me di cuenta que me estaba avisando para que me bajara. Pensé que yo también tendría que saltar como una cabra loca en marcha pero detuvo el vehículo en el medio del tráfico, abrió la puerta y todo el mundo empezó a señalarme hacia donde debía ir en un momentazo de vídeo musical como los de los come-mierda de los hindúes que me dejó flipando. Los saludé a todos para despedirme y miré mi mapa para orientarme (aunque es bien conocida mi incapacidad para este menester). Cuando trataba de decidir el lugar exacto en el que estaba vi un cartel que indicaba la dirección del museo y que casualmente iba en el mismo sentido en el que me habían señalado las cincuenta y pico personas de la guagua así que opté por hacer caso del saber colectivo y bajé una cuesta y casi sin darme cuenta llegué hasta el museo/iglesia.

    La entrada me costó 15 Liras turcas o unos siete euros y pico. No hay palabras para describir el lugar, es la polla divina y mucho más. Tiene los mejores mosaicos que he visto en mi vida. Aunque la iglesia original databa del siglo VI (seis para los incultos), la mayor parte de lo que se puede ver es del siglo XI (once si te falta masa cerebral). Está abierta como museo desde 1958. No es una iglesia particularmente grande pero lo que le falta en tamaño le sobra en la calidad y la cantidad de arte que alberga en sus paredes y techos. Se ha convertido directamente en una de las tres cosas que más me gustan de la ciudad. Aunque si eres inculto o tienes perfil en el caraculolibro se puede ver en cinco minutos, yo pasé casi una hora dejándome llevar por las historias que susurran esas paredes que tanto han viso y que pese a todo, jamás han sentido la presencia de ningún Dios, ya sea cristiano o terrorista-musulmán.

    Al salir decidí hacerme la ruta andando que recomendaba mi guía de viaje y que me obligaba a retroceder un poco para ver las antiguas murallas de la ciudad y una mezquita. La mezquita es la Mihrimah Sultan Camii, la cual es la que está en el punto más alto y prominente de la ciudad pero no pude entrar porque la están restaurando aunque a cambio tuve una imagen increíble de los terroristas rezando en la calle. Después retrocedí hasta la Iglesia de San Salvador en Chora y continué mi ruta por callejones de uno de los barrios más religiosos de la ciudad y en el que hay un montón de historia cristiana y judía. Mi amigo me había dicho que tuviese cuidado porque la gente por allí es muy fundamentalista y por ejemplo me prohibió terminantemente comer en la calle o mear en la pared de las mezquitas como suelo hacer con cierta regularidad. Las calles eran estrechas y fantásticas, con liñas que cruzan por lo alto de edificio a edificio y con mujeres con burkas como las de afganistán. En la puerta de un garaje se montó una gresca del copón entre el mecánico y un cliente insatisfecho y llegaron a las manos para regocijo mío y de las emburkadas, que nos reíamos con los manotazos que se arreaban mientras un montón de tíos los trataban de separar e intentaban acallar los gritos ya que en una mezquita cercana estaban rezando. Tras este momentazo de inmersión total en la cultura bárbara local seguí el paseo y llegué a la mezquita en el momento en el que salía la gente.

    Un rato más tarde llegué a la Sultan Selim Camii, una mezquita situada en lo alto de la quinta colina de la ciudad y que por su posición junto al Cuerno de oro es muy fotografiada ya que desde la Torre Galata se ve perfectamente. La mezquita es bastante grande y tiene un interior muy bonito. Está dedicada al padre de Solimán el Magnífico. El padre de este hombre era un bicho de cuidado que hace parecer a terroristas más actuales como angelitos. El tío se cargó a su padre envenenándolo y mató a dos de sus seis hermanos, a seis sobrinos y tres de sus hijos. Y para que veáis lo generosos que son los empleados de los dioses en la tierra, acabó con su propia mezquita dedicada y para colmo es de las más populares y queridas de la ciudad. Desde la terraza de la mezquita hay unas vistas fantásticas del cuerno de Oro y del otro lado y tras las fotos de rigor continué mi camino, ahora en plena bajada por callejones estrechos en los que el camión de la basura competía por llegar primero a la misma con unos hombres que van recolectando cosas de la basura. Al llegar al final de la cuesta fui hacia el Patriarcado Ecuménico Ortodoxo pero no se podía visitar. Es una especie de bunker feo y hortera en el que se refugia un amigo de los griegos y odiado por el resto de ciudadanos de la ciudad. No pude entrar a verla y seguí hacia mi siguiente parada que estaba bastante cerca y es la Sveti Stefan Kilisesi o Iglesia de San Esteban de los Búlgaros, un exótico edificio construido totalmente en hierro y que se trajo pre-montado en 100 piezas desde Viena a través del río Danubio y el Mar negro. Aparte de lo curioso de ver un edificio hecho totalmente en hierro, la iglesia tiene su encanto y está en un rincón de esos que algunos con sangre real denominarían entrañable. Cuando llegué había una excursión pero tuve paciencia y cuando se fueron disfruté del interior en solitario.

    Allí acababa mi paseo y muy cerca está el puerto de ferrys de Fener pero llegué cinco minutos después de salir el barco y en ese lugar la frecuencia es de uno por hora así que como hacía buen tiempo y el paseo era por una avenida pegada al agua del Cuerno de Oro de Estambul, opté por caminar un rato. Fue un paseo muy agradable y casi sin darme cuenta llegué a la zona del Bazar de las especias y aproveché para comprarme dos camisetas ya que con las restricciones draconianas de las líneas aéreas de clase baja, no tenía kilos suficientes para traerme las necesarias desde Holanda. Estando allí estuve tentado de cruzar al lado asiático de la ciudad y ver otro barrio pero al final me pudo la pereza y opté por hacerme un crucero por el Bósforo, un paseo que vale 10 liras y que tarda alrededor de hora y media. Estambul es una ciudad que hay que ver desde tierra y desde el agua.

    Al regresar me pasé por otra oficina de información turística y pregunté si se podía ir en ferry desde allí hasta Be?ikta? y me lo confirmaron y me explicaron el que debía tomar. Cuando compré mi billete la empleada estaba medio histérica y me apuraba y se puso a gritar como loca. Pensé que era vidente como Carlos Jesús el de Raticulín y había descubierto que el Reverso Zarrapastroso es muy fuerte en mi pero no, al final resultó que el barco se marchaba y lo detuvieron y se quedó esperando por mi y fue entrar y arrancar. A esas alturas el sol se estaba poniendo y la luz era de esa dulzona y fantástica que cambia los colores de las cosas y les añade un manto de oro.

    Volví a pasear hasta la casa de mi amigo el Turco en el barrio de Ortaköy y tras llegar a su casa planeamos el lugar al que íbamos a cenar con su mujer y lo que íbamos a hacer, pero esa es una historia que me guardo para mí.

    El relato finaliza en Un regreso poco sincronizado

  • Vladislavský sál ? Salón de Vladislav en el club de las 500

    9 de septiembre de 2010
    Vladislavský sál - Salón de Vladislav

    Vladislavský sál – Salón de Vladislav, originally uploaded by sulaco_rm.

    Una de mis fotos favoritas es la de hoy. No puedo explicar la razón pero de las decenas de miles de fotos que he hecho, esta es una de las pocas de las que me siento orgulloso. La hice en la ciudad de Praga en el año 2005 y la vimos por primera vez en agosto de ese año en la anotación Vladislavský sál ? Salón de Vladislav. Cuando volví a la ciudad el año pasado hice otra en el mismo lugar y parece fría e impersonal en comparación con esta a la que hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

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