Mi fascinación por la ciudad de Nueva York no tiene límites. Y la espina que aún tengo clavada y que espero sacarme algún día es la de subir por esta escalera y llegar hasta la corona de la Estatua de la Libertad. Por culpa de los hijosdeputa terroristas musulmanes cerraron esta parte de la estatua de la Libertad y hasta no hace mucho era imposible el acceso. Ahora está muy controlado y hay que tener cita previa, algo que haré la próxima vez que vaya a esa ciudad. Espero que no haya nadie por aquí que haya dejado pasar la oportunidad de visitar Nueva York, es un lugar que no hay que perderse. La foto la vimos por primera vez en enero del año 2007 en la anotación Escaleras hacia la Libertad y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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El felpudo del asiento
Este es uno de los grandes misterios que después de una década aún no he logrado resolver. Hay gente que se compra un trozo de falso césped como el de la foto y lo usa para hacer un asiento para los pasajeros en sus bicicletas. Es algo que veo con cierta frecuencia y siempre pienso que debe ser incómodo ir sentado ahí y particularmente cuando llueve y ese plástico retiene el agua, tiene que ser jodidamente asqueroso.
Debo ser el único con este pensamiento ya que es raro el día que no me cruzo con alguna bicicleta con su pequeño pedazo de jardín verde que te quiero verde
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Jefferson Memorial y Washington Monument en el club de las 500
La ciudad de los Estados Unidos en la que más veces he estado es Washington D.C., capital del imperio. Es como un inmenso mausoleo, llena de edificios que el cine ha grabado a fuego en nuestra memoria y de rincones que nos suenan familiares. Por las tardes, cuando se marchan los funcionarios, el lugar se queda desierto. La foto de hoy la vimos por primera vez en agosto del año 2007 en la anotación Jefferson Memorial y Washington Monument con la que comenzamos la serie sobre dicha ciudad. Hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Del norte al sur
En mi oficina el recochineo de mis compañeros conmigo es siempre a cuento de que parece que yo siempre estoy de vacaciones y de cuando en cuando me dejo caer por allí para saludar, tomar café y resolver los problemas sin que se me cambe la peluca. Por supuesto que es totalmente falso pero si tu vida es sedentaria y concentras tus treinta y pico días laborales de vacaciones en una sola tanda o puede que dos, pues seguro que notaras que yo rompo mis vacaciones en múltiples saltos de corta duración. Aún estoy narrando mi viaje a Málaga y Granada y ya estoy embarcado en otro, aunque este es mas una visita a la familia y una necesaria recarga de las baterías solares que ya me hace falta.
Por primera vez puedo ir a Gran Canaria con Ryanair desde los Países Bajos, ya que hace muy poco han comenzado los vuelos desde Eindhoven a Gran Canaria. Compré mi billete justo al regresar después de las Navidades y ha sido el mas barato en años, incluyendo 1 maleta de 20 kilos facturada y prioridad en el embarque. Si hubiera suprimido esos lujos hubiera podido ir por poco más de cien euros. Ya sé que hay mucha gente que le tiene manía a esta compañía pero si respetas sus reglas en lo respectivo al equipaje, imprimir tarjetas y demás, son seguramente la mejor de Europa.
Mi vuelo salía a las doce de la mañana del sábado así que tocaba madrugar y dejarlo todo preparado desde la noche anterior. Ese día fui al cine y llegue a mi casa sobre las nueve y literalmente no paré hasta casi la una de la mañana. Lo rápido es hacer la maleta, lo que realmente consume tiempo es dejar el contenido para que la mayor parte de los días salgan las cosillas de siempre por aquí, ya que el compromiso de productividad lo tengo firmado conmigo mismo y después de seis años no pienso abandonarlo.
Por la mañana me levanté a las siete, me duche, vestí, desayuné y escribí el resumen de la semana antes de hacer la ronda final y salir satisfecho. En lugar de mi trayecto en autobús hasta la estación de Utrecht Centraal, fui hasta la más cercana de Lunetten y desde allí tomé un tren que me llevó a la estación en unos minutos, transbordé a un Intercity y retrocedí pasando de nuevo por el mismo lugar camino de Eindhoven. Allí cogí la guagua y así llegué al aeropuerto. Facturé en unos minutos y el resto del tiempo lo maté escribiendo y jugando. El avión llegó antes de tiempo y embarcamos unos veinte minutos antes de la hora prevista, lo cual nos permitió salir bien, aunque la duración del vuelo fue anormalmente larga, cuatro horas y tres cuartos. Nunca había volado con Ryanair tanto tiempo y hay que reconocer que sus azafatos trabajan. Los tuvieron todo el tiempo vendiendo comida, bebidas, cigarros que juran que son más baratos que en cualquier otro lugar del universo aunque lo cierto es que son más caros que en cualquier tienda de las Canarias, relojes súper-exclusivos y ya llegando le decían a la gente que compren bebidas y comida porque en el aeropuerto de las Palmas de Gran Canaria no hay tiendas ni bares y no se puede comprar ni agua. Entre las filas de pasajeros corría el pérfido rumor de que es es mentira.
Pasamos por encima de Lanzarote y Fuerteventura y finalmente llegamos a Gran Canaria en hora. Como siempre, todo el mundo se levanta para salir a al a vez porque dan premio o algo y yo fui uno de los últimos en abandonar el aparato, con tanta suerte que al llegar a la zona de recogida de equipaje el mío estaba saliendo y así acabó este cambio temporal de escenario.



