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  • Yendo a la Alhambra

    3 de marzo de 2011

    El relato comenzó en Un viaje a Granada via Málaga

    Lo único que hicimos al llegar a Granada fue salir a cenar. El dueño de la casa nos recomendó el Restaurante Bar León que además nos quedaba muy cerca y al mismo fuimos. Como ya era tarde tenían mesas disponibles y nos sentamos a cenar allí, a todas estas manteniendo una conversación que fluctuaba desde el inglés al neerlandés y al español y con el Niño asombrado porque yo me suelo negar a hablar esa lengua bárbara. Después de cenar optamos por recogernos pronto (es un decir, debía ser cerca de la una) ya que el equipo Beta se iba a las siete de la mañana a Sierra Nevada a esquiar.

    Al alba, cuando se iban a esquiar, uno de ellos abrió la puerta de mi habitación y al cerrarla dio un golpe que me despertó y yo por supuesto que acusé al Niño de hacerlo con alevosía e inquina por pura envidia. Además, como hay esta ansia tan grande en el universo de verme de cerca y la gente poco menos que se saca los ojos por mirarme, ya es que me creo que haya alguien más que cierta otra persona que quiera verme durmiendo. Yo soy consciente de ser el Elegido y todo eso pero hay que respetar ?? señores ?? un poquito de respeto.

    A las nueve de la mañana me levanté, me duché y me encontré con Waiting para comenzar nuestra jornada. Salimos de la casa y tomamos por la Gran Vía hacia la derecha, el camino que nos indicó er Pisha de Caí. Nosotros que no tenemos maldad ninguna le hicimos caso y como esa era la dirección para ir hacia la Alhambra, pues la seguimos. Encontramos una dulcería y allí desayunamos. Nos sentamos en una mesa y no vemos los miles de carteles que avisan que no se sirve en las mesas y nosotros le echamos unas miradas matadoras a una de las empleadas y funcionó porque nos atendió. Después de comer, salimos a la calle a buscar un taxi y no pasa ni uno pero en el otro sentido son continuos. Después de casi tres minutos esperando llega uno, nos montamos, le decimos que nos lleve a la Alhambra y el hombre en la primera rotonda giró y deshizo el camino, demostrando que no hay que hacer mucho caso de lo que te digan.

    La razón por la que cogimos el taxi es que nosotros no somos mileuristas ni tenemos nómina de la Alianza de las inCivilizaciones del presidente Zapatazos, así que nos da pereza caminar o tomar un autobús de precio de risa cuando por cuatro eurolos (cuatro leuros que se dice en algunos lugares ??) nos llevan hasta la puerta con la dignidad y el empaque que nos merecemos.

    El taxista escuchaba nuestra conversación que cambia continuamente e incluso se mete en la misma aunque en cierto momento alguien lo llama, el por supuesto responde al teléfono porque al parecer se permite y se pone a darle direcciones a un compañero que está yendo hacia algún lugar en el que hay un criminal o un borrachuzo que debería estar entre rejas. Esto es más o menos lo que averiguamos escuchando mientras él y nosotros hablamos. Nos deja en las taquillas y justo en ese momento hay cuatro mini-autobuses de la línea 30 parados y a punto de descargar a un montón de gente. Yo que salgo del taxi corriendo y apurando a Waiting para ir a la cola pero claro, como ella se cree una Reina y desde que vio la película de la Reina Elizabeth camina como si fuera de sangre azul oscura casi roja y arquea los brazos como si le endiñaran algo debajo de los sobacos, pues como que no va a ser y me mira con cara de «yo no estoy aquí para correr» y tengo que salir por patas para llegar primero y que no se me ponga delante toda aquella chusma y gentuza y a uno le duele que no por nada es el autor de la mejor bitácora sin premios en castellano y casi que un mito y una leyenda pero lo hice porque también soy modesto y sencillo como pocos o quizás ninguno.

    Nos ponemos en la cola y detrás tenemos a una familia con una niña de esas que gustan de montar un número y la chiquilla empieza a dar berridos y a subir los decibelios mientras los padres, tíos, primos, abuelos, sobrinos y demás familia no le hacen caso y la puta niña venga a berrear y todos a tratar de calmarla, que es justo lo que ella quería ya que lo hizo por el espectáculo. En eso que vamos avanzando poco a poco y escuchamos unos ruidos rarísimos, como guturales y que parecían provenir de la garganta del tío que estaba delante de nosotros, que hacía unos sonidos tenebrosos como si se estuviera raspando la garganta y él acumulara la piel de la misma para escupirla y aquello es que debe ser cancerígeno o venenoso. Estamos poniendo algo de distancia cuando la novia/esposa/compañera del chaval le da un pico que no veas de esos con lengua sucia y todo y nosotros asqueados, con arcadas. Aquello parecía una transferencia de substancias líquidas solo que aquel hombre solo producía aquellos ruidos rarísimos y mientras nos daban el número anuncian que se han acabado las entradas para la mañana. Al momento otro anuncio en la megafonía dice que quedan doscientas cincuenta entradas para por la tarde y yo que miro por delante y veo que tenemos unos diez y pienso que lo conseguiremos ya que sería mala suerte que justo los diez sean los hijoputas que van a comprar veinticinco entradas cada uno para revenderlas y efectivamente, la cola avanza ligerita y en unos minutos conseguimos nuestras entradas para la tarde y con la visita a los Palacios nazaríes a las cuatro y media de la tarde. Aún era temprano y como teníamos unas horas decidimos bajar caminando al centro y visitar la catedral y otros hitos de la ciudad.

    El paseíllo de bajada es muy bonito y el día era espléndido, de esos que en Holanda sería veraniego. Llegamos a la Plaza Nueva y nos acercamos a la oficina de información turística y le preguntamos a la chama que está allí hablando con alguna amiga por teléfono y haciendo como que trabajaba y cuando por fin la cansamos le pedimos un mapa y le preguntamos como ir al Barrio del Sacromonte y al mirador de San Nicolás y nos indicó las líneas de autobuses y nosotros que estábamos acarajotados salimos a la calle, nos vamos a la parada de guaguas y vemos que va a tardar media hora y como no queremos empobrecer nuestro espíritu y perder karma positivo haciendo algo no digno, cruzamos la calle y tomamos un taxi y por cuatro leuros nos lleva hasta el Mirador de San Nicolás. Disfrutamos con la vista, hago las fotos de rigor y en un momento determinado todo los que estaban vendiendo ilegalmente en el sitio recogen los bártulos y se transforman en turistas, haciéndose los lolailos aunque en el suelo habían quedado zarcillos, cadenas, anillos y otras baratijas que venían. El coche de la policía se plantó allí mismo y les jodió el negocio y una gitana lanzaba miradas envenenadas hacia los de los Cuerpos de seguridad del Estado.

    Optamos por bajar andando y nos perdimos por los callejones del barrio y regresamos al centro. Visitamos la capilla Real en la catedral para ver las tumbas de los Reyes Católicos y hay que ver que poquita cosa que son. No entramos en la catedral ya que te levantan tres leuros y medio por ver una iglesia como otra cualquiera y tengo clarísimo que yo no patrocino a presuntos tocadores de menores. Almorzamos en un sitio llamado Restaurante los Manueles en la Plaza Nueva y que estaba muy bien y después entramos en un bareto de la zona para tomar el café (en mi caso) y un vinito (en el de Waiting). Pedimos y el empleado le trae un vaso a mi amiga, le pone el vino y al parecer no es suficiente y se le ha acabado la botella. Abre otra y le llena el vaso como si la foto de Waiting presidiera las reuniones de Alcohólicos conocidos. Mi café ya estaba listo en la máquina pero al tío le dio un jamacuyo y se queda como acarajotado mirando entre abobancado y borbónico hacia adelante y después de un par de minutos consigo recuperarlo y traerlo de regreso a este mundo y le pregunto si tiene pensado el traerme el café en algún momento de la historia cercana del país y el tío me mira con cara de no entender nada pero finalmente reacciona y me lo sirve.

    Al salir de allí nos vamos a la parada de taxis y no hay ninguno. Somos los segundos y cuando ya nos va a tocar el turno, se nos cuela un viejo y Waiting le echa la M-I-R-A-D-A. No se puede describir, hay que verla para creérselo, pero el hijoputa no lo aguantó y se marchó y justo en ese instante llega un taxi y nos montamos. Volvemos a pedirle que nos lleve hasta la puerta de la Alhambra y una vez allí compramos entradas para la visita nocturna ya que se me ocurrió que estaría bien que el Niño también se culturice un poco y así yo de paso veía el lugar de noche. Entramos y fuimos viendo las diferentes partes del recinto. Huelga decir que la Alhambra de Granada es preciosa.

    Ya me he vuelto a extender un montón así que cortamos el relato y lo dejamos para otro día

    El relato continúa en Mi primera y segunda visita a la Alhambra

  • Canes en la plaza de Santa Ana en el club de las 500

    3 de marzo de 2011
    Canes en la plaza de Santa Ana

    Canes en la plaza de Santa Ana, originally uploaded by sulaco_rm.

    Los perros de la plaza de Santa Ana, en el casco antiguo de la ciudad de las Palmas de Gran Canaria son una de las imágenes típicas de los visitantes de la ciudad. Permanecen allí, mirando hacia la catedral y parece que no se fían ni un pelo de los curas que en la misma trabajan. Toda esa zona está en continuo remozamiento y a lo largo de los años la he visto de todas las maneras posibles. En la actualidad es una calle peatonal. La foto la vimos por primera vez en agosto del año 2006 en la anotación Canes en la plaza de Santa Ana y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

  • Un viaje a Granada via Málaga

    2 de marzo de 2011

    Cada año me planteo el mismo objetivo: al menos una vez al mes, ir a algún lugar y hacer un poco de turismo, ya sea solo o en compañía de aquellos que considero los míos. En enero estuve en Gran Canaria y casi que fui a Dusseldorf aunque al final me pudo la pereza y lo dejé pasar. En febrero organicé junto con Waiting, er Pisha de Caí y el Niño una escapada de fin de semana largo a Granada. Para marzo tengo previsto una visita a Gran Canaria y ya ando en negociaciones con varias partes para cubrir el mes de abril. En mayo me gustaría saltar a Tailandia y Birmania, viaje que cubriría también gran parte de junio y ya más adelante no puedo saber a ciencia cierta aunque tengo una visita a Munich, otra a Nuremberg, otra a la Selva Negra, un viaje a Lisboa y algunas otras cosas pendientes. Que conste que no me quejo.

    Como decía, un buen día, quedé como todos los domingos para ir al cine con el Niño. Lo que convirtió aquella cita en especial es que Waiting también se vino con nosotros y después de una sesión doble, acabamos los tres cenando junto ar Pisha de Caí. Aunque no se conocían de nada, la magia que rodea mi mundo hizo su efecto y no se cayeron mal. Para cuando llegamos al postre ya hablábamos de ir juntos a Granada, lugar en el que podíamos combinar actividades deportivas de invierno para el Niño y er Pisha con actividades puramente turísticas para Waiting y un servidor. El martes de esa misma semana ya discutíamos fechas y para el jueves ya teníamos los billetes, permiso en nuestros trabajos y era cierto que nos iríamos de vacaciones.

    El viernes de la semana pasada, me marchaba a trabajar con una mochila preparada para una escapada de tres días. Mi lista de objetos para viaje que creé hace un tiempo me sirvió para organizarlo todo en cinco minutos y no dejarme nada. Esto de los viajes lo he llegado a dominar de tal manera que hago la maleta en un instante. Me fui al trabajo en guagua y una vez en la oficina, pasé la mañana trabajando. La parte más dura fue dejar todo el contenido de los siguientes tres días escrito, algo que me tomó bastante tiempo.

    A la una menos cuarto salía de mi trabajo e iba a la estación de tren de Hilversum. A las dos menos cuarto me encontraba en el vestíbulo de la estación de tren del aeropuerto de Schiphol. El Niño se había enamorado de una chica que estaba tocando música junto a otra fea que la enaltecía y que al parecer hacían por una causa benéfica. Como le sucede siempre, tan pronto como se enamora se pone de un paliza que no veas. Lo tuve que arrastrar hasta los mostradores de facturación para dejar su pesado bolso, con la ropa de esquiar y piedras o algo parecido. De los cuatro, yo era el único que va con lo mínimo y si hay una desgracia, compro lo que necesito en el terreno. Para que no pongan pegas a mi mochila, tuve que camuflar los objetivos de la cámara y algunas otras cosas en el abrigo de invierno y al pesarla lucía cuatro kilos y ochocientos gramos, doscientos por debajo de la arbitraria marca establecida por Transavia. Cruzamos el control de seguridad y nos sentamos en un café a tomarnos una cerveza y unas tostadas. El Niño avisó a sus compañeros de trabajo y por allí pasaron algunos a conocer la Leyenda, ya que lo de la gente conmigo es como religioso. Repartí bendiciones a todo el que las pidió y a las tres y media nos acercábamos a la sala de embarque asignada a nuestro avión, la cual obviamente ya habían cambiado y tuvimos que deshacer el camino andado. Yo había hecho las reservas cuarta y quinta y elegí sentarnos en la primera fila, en ventana para que el Niño tenga sitio para esas patitas tan cortas que tiene con su metro noventa y seis centímetros de carne neerlandesa. Como dice el título del libro y la película, I Am Number 4 y ese era mi número de secuencia en la tarjeta de embarque. Se notaba desde distancias siderales que los dos azafatos sufrían de julandrismo y uno de ellos me quiso tocar el paquete para asegurarse de que mi cinturón estaba bien abrochado, algo que me pasa en casi todos los vuelos. Me gusta mucho el nuevo detalle en el uniforme de los azafatos, con esa botellita enganchada a la pernera para recoger todo el aceite que van perdiendo. No creo que sea virgen pero seguro que es refinado.

    Volar es un puro engaño. Cada vez me lo creo menos. Montan un espectáculo, hablan, te explican el cuento de los chalecos salvavidas y para cuando te das cuenta, llevas media hora de retraso, acabas de separarte del suelo y durante las siguientes dos horas y veintinueve minutos, te aburres como una ostra porque nunca hay turbulencias, nunca hay despresurizaciones de cabina y nunca pasa nada. Saqué mi iPad de primera generación y estuvimos compitiendo con el Fruit Ninja HD. Al llegar, aterrizamos y nuestro avión se acercó a la puerta asignada en ese mastodóntico y horripilante aeropuerto nuevo que han hecho en Málaga. Que yo recuerde está casi recién estrenado pero parece que los problemas ya han comenzado. Tardaron veinte minutos en conseguir mover la pasarela y conectarla al avión. Primero había uno, después vinieron dos empleados más y finalmente eran cinco, todos moviendo las manos acalorados, gritándose y sin que pasara nada. Esto lo veíamos desde nuestra privilegiada ventanilla en la primera fila y yo le explicaba al Niño que eso es lo que hace a España el líder del Tercer Mundo. En otros sitios las cosas funcionan y se puede tener una cantidad razonable de empleados pero como en el Reino de la Alianza de las inCivilizaciones todo se construye con mentalidad faraónica y la mitad de los empleados son primos, amigos, sobrinos y demás, pues así va la cosa.

    Cuando los tipos aquellos descubrieron donde estaba el freno de mano de la pasarela y la lograron poner en marcha, la conectaron al avión y salimos. Ya había pasado tanto tiempo que al llegar a las cintas para recoger el equipaje ya estaba todo afuera. Lo comenté en diciembre. El aeropuerto de Málaga está muy mal señalizado, parece que los carteles los puso un bizco. El Niño ya se me iba para el lado equivocado cuando le señalé la oculta salida. Si crees que hay un montón de bares en la parte insegura del aeropuerto, estás muy equivocado. Dimos con uno que no tenía cosas que nos gustaran en llegadas y después con otro en la terminal vieja de salidas, sitio al que tuvimos que caminar un güevo ya que estábamos por la parte nueva. Mientras avanzábamos hacia el bar, nos cruzamos con un grupo de africanos (personas de color si eres muy sensible y negros si te criaste en mi época y te la suda enormemente el comemierdismo actual). Una mujer perteneciente a ese grupo parecía haberse separado y un blanco o Bwana que estaba con ellos le gritaba desde una terminal a la otra. Si le ponen las lianas, aquel era Tarzán pero en versión estropeada. Los gritos eran espeluznantes y la mujer andaba como veinte metros por detrás de nosotros, así que durante toda la travesía veíamos al energúmeno dando gritos y agitando las manos pero no sabíamos muy bien por qué lo hacía. Cuando se topó con la mujer le montó un espectáculo completo y consiguió la atención plena de todas las personas que estaban en la antigua terminal de salidas del aeropuerto de Málaga. Nosotros nos compramos unos bocadillos y unos refrescos y cuando nos íbamos a sentar a comérnoslos me avisó Waiting de que estaban entrando en el recinto aeroportuario y nos jodió el festín.

    Salimos a encontrarnos con ella y er Pisha de Caí, metimos nuestro equipaje en su utilitario y comenzamos el viaje hasta Granada. Llegamos de noche y buscamos el piso que habíamos alquilado, La casa del cadí, muy céntrica y que ha resultado un descubrimiento fantástico. Después de tomar posesión y que cada uno eligiera su dormitorio, salimos a cenar y como este cuento se ha alargado mucho, lo dejo aquí y ya seguiré contando el resto.

    El relato continúa en Yendo a la Alhambra

  • Empire State y la tienda Macy’s en el club de las 500

    2 de marzo de 2011
    Empire State y la tienda Macy's

    Empire State y la tienda Macy’s, originally uploaded by sulaco_rm.

    No hay ciudad más fascinante en el mundo que Nueva York. Tiene un ritmo endiablado y cada rincón de la misma lo hemos visto una y otra vez en multitud de películas y forma parte de nuestra memoria colectiva. Es una ciudad que he visitado en varias ocasiones y de la que no me canso (y a la que pienso volver). En abril del año 2007 vimos esta imagen del Empire State y la tienda Macy?s en la que los taxis parecen estar esperando que te eches a correr delante de ellos y montes alguna escenita y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

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