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  • Los ojos de Julia

    19 de diciembre de 2010

    El cine español es como la caja de castañas asadas de Forrest Gump, esa en la que por cada castaña buena que te comes hay nueve con gusano dentro que cuando las muerdes saben asquerosas y las tienes que escupir. Gran parte de la culpa la tiene la cultura de las subvenciones y esa capacidad infinita que tienen los políticos para regalar el dinero a los amigotes y permitirles que lo derrochen. Ejemplos tenemos a porrillo. En este caso parece que habrá suerte y se recuperará la inversión, algo totalmente inexplicable porque cualquiera que haya visto Los ojos de Julia se habrá dado cuenta que es un pallufo.

    Una julay acarajotada y que está preparándose unas oposiciones para la ONCE se entrena en casa de su hermana tropezando con los muebles y con cualquier maromo que la agite delante de ella

    Una beba con una enfermedad en la vista que la está dejando ciega acude al poblacho en donde vivía su hermana a la que no hablaba para tratar de averiguar las razones de su suicidio. Allí su enfermedad irá a peor mientras su marido resulta que no era trigo limpio y alguien que no puede ver la acosa sin saber muy bien qué es lo que quiere. Como la tipa no tiene muchas luces, tomará todas las decisiones equivocadas posibles y acabará jodida y mal pagada.

    Cuando una película la comienzan con letras grandísimas anunciando que la presenta un afamado director de cine pero que se niega a dirigirla, ya sabes que la cosa va a ir de mal en peor. Cuando llegamos al nombre del director y vemos que es un Don Nadie que probablemente eligieron a dedo en una feria de pueblo, tus sospechas se confirman.

    Da igual que Belén Rueda sea una gran actriz cuando lo que la obligan a hacer es un papel de risa, con un personaje que si no es más tonta, es porque la matrona no la dejó caer más veces al suelo al nacer. En cada encrucijada en la que hay dos caminos y uno de ellos tiene un cartel enorme encima con la palabra DESASTRE, ella toma ese y aunque las dos primeras veces hace gracia, después te cansas. Hay muchísimos momentos en los que sobreactúa tanto que da hasta lástima. Parece que querían hacer una película de terror pero el único miedo que hay en la sala es a que ese tostón aburrido no acabe nunca y se prolongue hasta el infinito y más allá. En la traca final plagiaron descaradamente a Alfred Hitchcock, solo que este maestro sí sabía hacer cine y al pobre que pusieron a dirigir le queda muy lejos. Para llegar a esas escenas, previsibles y que uno ya intuye desde los primeros diez minutos tendremos que pasar por momentos de sopor absoluto en los que aproveché para echarme una cabezadita sin perderme nada de la historia.

    No hay tensión, es aburrida, con unos personajes mal definidos y unos secundarios que apestan, con un malo que parece el resultado del sistema educativo español y que más que miedo, da lástima porque no va a ser nadie en la vida y con tantos agujeros en el guión que me pregunto si realmente alguien con capacidad cerebral probada lo llegó a leer.

    Pueden poner el cartel de esta película junto a la definición de mediocre en el diccionario y no desentonaría. Espérate a que la den en la tele y así te pegas la siesta del milenio mientras no la ves.

    05/10

  • 3 metros sobre el cielo

    18 de diciembre de 2010

    Aprovechando la visita a Cádiz fuimos al cine a ver varias películas españolas que de otra forma seguro que me habría perdido ya que la probabilidad de su estreno en los Países Bajos es más que remota. En total fueron tres y comenzaré por la última que vimos. Es uno de esos dramas románticos para adolescentes solo que aquí no tenemos vampiros. La película se llama Tres metros sobre el cielo y al parecer ha sido un gran éxito en taquilla y por si alguno no quiere seguir leyendo, se lo merece.

    Una julay hiper-clitorizada se enrolla con un julay chulillo que no se puede pagar camisetas y que anda siempre enseñando pezones

    Esto es como Romeo y Julieta pero en Barcelona y con una piba pija que no veas y medio tonta del culo que se enamora de un chulo de que te cagas y más malo que las hijas góticas del Zapatazos y su relación medio improbable y casi imposible renqueará entre dramas mientras todo el mundo baile al son de los videoclips y las motos nos regalan unas carreras fantásticas.

    Lo primero que llama la atención de esta película es lo cuidado de la estética. Lo segundo es lo talluditos que son los estudiantes de diecisiete años en la película ya que ahí el que más o el que menos, dejó los veinte atrás hace un tiempillo y esos uniformes de penquillas japonesas les quedan un poquitín justos. Si a eso le añadimos que el director recibió el don del ramalazo y se graduó cum laude en la universidad del julandro de la vida y lo demuestra quitando camisetas al protagonista siempre que puede y regalándole unos planos de anuncio de colonia que no veas, planos muy efectivos porque alguna burra gemía en la sala como si la estuvieran fecundando y eso que a lo más que llegaron fue a ver el culillo de lejos. La historia es muy sencilla, una relación de amor imposible y está aderezada con fiestas, carreras de motos excelentemente rodadas y una música bestial, buenísima y que por desgracia no he logrado encontrar y mira que si lo llego a encontrar me compro el disco.

    Hay muchísima química entre los protagonistas y pese a las frases algo sobradas de azúcar que dicen, te lo pasas genial, se te mueve la pierna sola con la música y para cuando llegamos al final y todo se tuerce a peor, son capaces de enderezarlo en cierta forma y acabar un poquito forzados pero en plan positivo. No he leído ni el libro ni la película original (italiana) pero el primero ya lo tengo en mi lista de espera y espero terminarlo durante las vacaciones navideñas.

    Si te gustan las películas simples, bien hechas, con gente guapa, buena música y una trama que no se pierde en estúpidas historias secundarias y va directa al grano, esta es una opción fantástica. Si te las das de intelectual y tienes gafas de pasta, entonces mejor no te arriesgues que ya sabes que no se hizo la miel para la boca de los intelectuales.

    A ver si hay suerte y aguanta en cartelera y así cuando la semana que viene vuelva a España para pasar las navidades la vuelvo a ver. Recomendada para todos los que aún lleven un adolescente dentro.

    09/10

  • Yendo a Sevilla y volviendo desde Cádiz por Barcelona

    17 de diciembre de 2010

    No hay dos viajes iguales. Saliendo a la misma hora que la semana anterior cuando fui a Málaga y desde el mismo aeropuerto, la situación de partida de mi viaje a Cádiz volando por Sevilla era completamente distinta. Se juntaron varios problemas. Por un lado la nieve y el hielo y por otro el volar en sábado por la mañana, día en que el transporte público no es el mismo que en días laborables. Entre las opciones para ir al aeropuerto tenía el caminar a la estación de tren y tomar el primero de la mañana, alrededor de las siete menos cuarto, hacer un cambio de tren a medio camino y una vez en Eindhoven tomar el autobús. En total eran casi dos horas de viaje y si algo salía mal no tendría demasiado tiempo para rectificar. Además se sumaba la incertidumbre de no saber si las calles estarían heladas y tendría problemas a la hora de andar a la estación, la cual está a unos diez minutos de mi casa. Esta era la alternativa más barata.

    Otra posibilidad era tomar el autobús que lleva desde Amsterdam a Utrecht y de allí al aeropuerto de Eindhoven. Está gestionado por una empresa privada y aquí el principal problema es que no paran en el centro de la ciudad sino en un lugar bastante alejado con lo que debía tomar un taxi para ir a ese sitio. Si sumamos el dinero del autobús y del taxi, me quedaba en unos treinta y cinco euros y además debía estar en la parada de autobús a las seis de la mañana.

    La tercera opción era alquilar un coche, usando a Hertz, compañía que siempre tiene buenos precios para coger un coche en la estación de tren de Utrecht y llevarlo al aeropuerto de Eindhoven. Al final elegí esta opción y por cuarenta euros tenía un vehículo, el cual recogí el viernes a las seis de la tarde. Dejé mi bicicleta en uno de los aparcamientos gratuitos vigilados de la ciudad y tras pasar por el papeleo de rigor, conduje a mi casa. Por la mañana, me levanté alrededor de las siete y a las siete y media estaba en ruta, sin tráfico alguno y sin agobios. Llegué al aeropuerto sobre las ocho y media, entregué el coche y me acerqué al control de seguridad. En este viaje mi mochila iba más cargada que nunca, con casi diez kilos ya que a las cosillas habituales se unían el trípode y el objetivo de 400 mm. Pasé el control y me senté a tomar un café. El día anterior se habían cancelado gran parte de los vuelos desde ese aeropuerto debido a la niebla ya que parece que el Ángel de la Guarda de la gente que volaba en esa fecha no es tan eficiente como el mío.

    El avión llegó puntual y de nuevo tenía prioridad en el embarque así que entré de los primeros y me senté nuevamente en la primera fila del lado derecho. El avión despegó justo a la hora estipulada y aunque el piloto dijo que seguramente habría turbulencias, no las notamos y las dos horas y media pasaron con rapidez. Al llegar a Sevilla salí y por supuesto, Waiting no estaba esperando ya que venía con retraso. Mientras esperaba me tomé un cafelito y una palmera.

    ?? de lo que sucedió durante el fin de semana hablaré otro día ?? 

    Para regresar, la combinación era totalmente distinta. Salía del aeropuerto de Jerez con Vueling en dirección a Barcelona y desde allí hacia Amsterdam tras una parada de dos horas y media. El aeropuerto de Jerez debe ser de esos que pierden una pasta gansa. En todo el día tenían programados unos pocos vuelos y el mío era uno de ellos. Pasé el control de seguridad y me senté en una sala enorme a esperar, no sin antes pasar por la tienda y comprar una botella de vino español para regalarle a mi amigo el Rubio, el cual agradece siempre ese tipo de detalles. Antes de salir me compré una botella de agua y aproveché para sacar el pajarito, que en los aviones no me gusta hacerlo. Junto a la puerta de embarque se iban acumulando sillas de ruedas, algo inquietante y mosqueante ya que llegaron a ser cuatro. El avión llegó en hora y no parecía ir muy lleno. Yo tenía un asiento asignado en la penúltima fila. Un ejército de empleados fueron sacando a las personas en silla de ruedas y los metieron en un vehículo que los llevó al avión. El resto caminamos por la pista y cuando estábamos cerca nos pararon en la pista para esperar a que entraran los supuestos minusválidos. Desde donde estábamos los podíamos ver y se produjo un milagro asombroso. Se levantó de la silla y se echó a andar sin problemas y entró en el avión. Llegó el turno del segundo, el cual también se levantó y caminó sin problemas ante nuestro asombro. El tercero hizo lo mismo y alguien en la fila comentó que aquello ya era guasa, que esos jetas por conseguir entrar primero se montan el paripé. Con el cuarto pensamos que realmente estábamos frente a un minusválido real pero no hubo suerte, se levantó y caminó como los otros. Con todos ellos dentro, llegó nuestro turno. Yo no les vi las cara al entrar porque usé la puerta trasera pero imagino que más de uno les recriminó con la mirada lo que habían hecho.

    Una vez estábamos todos dentro, cerraron puertas, hicieron el espectáculo de los cinturones y chalecos y salimos de Jerez con un minuto de retraso. En el aire nos esperaban turbulencias que tampoco llegamos a sentir. LLegamos a Barcelona diez minutos antes de la hora prevista y como tenía tiempo suficiente, me recorrí la nueva terminal para concluir que aunque mejor organizada que la del aeropuerto de Madrid, no me termina de gustar. La calefacción parece ser caprichosa y hay zonas del aeropuerto en las que te hielas y otras en las que te ponen a hervir. Las zonas de fumadores están pensadas para que el humo de esos malnacidos entre de vuelta a la terminal y joda a los que no comparten esa estúpida drogadicción. Almorcé en uno de los bares del aeropuerto y después maté el rato viendo episodios de mis series favoritas en el iPad. El embarque se supone que era a las cinco y media así que media hora antes fui a comprarme otra botella de agua y tomarme un café. Cuando terminé miro una pantalla y han cambiado el vuelo de puerta y lo han puesto muy cerca de donde yo estoy y a distancia sideral del lugar en el que debía estar así que para cuando llegué a la puerta, fui uno de los primeros en embarcar porque la gente estaba tratando de llegar desde el más allá. El avión se llenó casi al completo. Era uno de los dos aviones de Vueling decorados por la hija de Mick Jagger, la cual tiene un mal gusto legendario que se refleja en la cagada que les ha hecho. Espero que no le hayan pagado por esa mierda con colores de mal gusto y unos fluorescentes dentro del avión que lo hacen parecer un puticlub de carretera nacional lleno de camioneros.

    Despegamos con cuatro minutos de retraso y el vuelo transcurrió sin problemas. Al llegar a Schiphol nos dejaron en la zona en la que aparcan los aviones de Iberia y Vueling y que es la más alejada de la estación de tren, así que te toma casi veinte minutos el andar hasta la misma. Yo soy como una muñeca de Famosa con pilas alcalinas y como me conozco el lugar, sorteo obstáculos y corro con los holandeses para no perder el tren. Mientras avanzaba, hablaba con los amigos y me ponía al día en lo relativo al drama de sus vidas. Compré mi billete para el tren y prácticamente no tuve que esperar nada. Media hora más tarde estaba en la ciudad de Utrecht, con dos grados bajo cero y un frío sin escarcha ni hielo, el cual se había derretido en días anteriores. Me acerqué al aparcamiento de bicicletas y recogí la mía. Del frío tan intenso el sistema de cambio de velocidades se había congelado y tuve que hacer todo el recorrido sin cambiar de marcha. Llegué a mi casa sin más problemas, el martes por la noche y así terminó mi segundo fin de semana en España durante el mes de diciembre y mi quinto vuelo en avión de este mes. Aún me quedan cinco aviones más antes de que el año llegue a su fin.

  • Torre del reloj del Jubileo

    17 de diciembre de 2010
    Torre del reloj del Jubileo

    Torre del reloj del Jubileo, originally uploaded by sulaco_rm.

    Hoy llegamos a la ciudad de George Town, en Malasia, la capital del estado de Penang. El centro de la ciudad ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y conserva muchos vestigios de la época colonial. La ciudad está en la isla de Penang, unida a la península por un largo puente que parece vivir en un atasco de tráfico perpetuo.

    En la foto de hoy vemos la torre de reloj que se construyó para celebrar el jubileo de la Reina Victoria en 1897, cuando celebró los cincuenta años de reinado. Se hicieron otros diez en diferentes lugares del mundo. Este es de estilo indo-sarraceno (que Dios me perdone si no existe este estilo :-)) y la torre tiene sesenta pies de altura, uno por cada año del reinado de la Reina victoria (y que cada cual haga sus cálculos y alucine, que yo me limito a informar). En la actualidad la torre está en una rotonda de tráfico y no se puede subir a la misma.

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