Con nuestra memoria tan selectiva nos olvidamos pronto que hace nada cuando salías a la calle caminabas con cuidado para no darte una hostia en el hielo y que los canales por los que ahora pasean los patos y sus crías eran unas pistas geniales por las que deslizarte, caerte y echarte unas risas con los amigos.
Eso fue en un pasado muy lejano porque ahora las calles tienen un aspecto mucho más colorido y pachanguero. Los perales, manzaneros y otros árboles están en plena fase de desflorado y no veas lo fantástico que es perderte por las calles de cualquier ciudad holandesa que no sea Amsterdam y disfrutar con el ambiente. Estos son los días en los que uno disfruta más que nunca y en los que me llevo la cámara casi a diario porque todo lo que me tropiezo me encanta, como la calle que podemos ver en la foto y que existe y se encuentra en Hilversum, una calle que solo durante un par de semanas es como una inmensa nube rosada.
En esos paseos nos perdemos por los bosques que rodean a Hilversum y en los descampados vemos multitud de liebres que andan fogosas dale-que-te-pego una vez superado el frío. Yo que me crié en ciudad nunca he conseguido distinguir una liebre (haas en neerlandés) de un conejo (konijn en neerlandés). Para mi, todo lo que tenga orejas grandes, camine de forma extraña y tenga ojos saltones es un conejo y mis amigos no se cansan de corregirme ya que aquí lo que predominan son las liebres. Hoy nos tropezamos con uno muerto y dos ratoneros comunes (busardo ratonero o Buizerd en neerlandés) que se lo estaban comiendo con gusto. Por desgracia se asustaron con nuestra presencia y no nos dio tiempo a hacerles unas fotos. Una lástima porque la escena era increíble y llevaba el 400mm conmigo. Mañana creo que me pasaré a hacerle una visita a los búhos chicos (ransuil) y el viernes intentaremos pillar a un grupo de pechiazules (blauwborst) que nos pillan cerca de la oficina.
La semana que viene será la de mi visita anual al Keukenhof aprovechando que la previsión meteorológica habla de temperaturas de hasta 25 grados. Todo eso y mucho más ya que ahora que me he quitado de encima el peso del curso de neerlandés, todos mis amigos y conocidos se han volcado en quedar conmigo y reorganizar mi vida social para aprovechar esos dos días semanales que tenía bloqueados. Ya contaré mañana u otro día el final de infarto del curso.
En mi jardín las cosas ya han tomado forma. La parra se ha despertado, mi rosal gracias a la Chinita no tiene una puta hoja y los tulipanes están TODOS en flor creando un espectáculo de colores alucinógeno con más de ciento cincuenta tulipanes compitiendo por llamar la atención. Este otoño plantaré cincuenta más para redondear zonas. Pronto podré empezar con mi particular proyecto fotográfico en el jardín para esta temporada. Una foto semanal de la catalpa con las que espero poder seguir la evolución desde el tronco pelado hasta la bola de más de dos metros de diámetro con hojas del tamaño de folios A4 que será a finales de agosto.
La vida nos la podemos complicar todo lo que queramos pero al final lo que queda son todas estas cosas hermosas que están a nuestro alrededor y que no vemos a menos que nos tomemos la molestia en observar.




