La primavera tiene algo que dispara dentro de mí algún tipo de rutina revisionista. Además de rebuscar en mi interior y buscar lo peor que llevo dentro y así poder ensalzarlo y glorificarlo, miro a mi alrededor y decido cambios que procedo a implementar rápidamente. De los cambios interiores ya he comentado algo y doy por sentado que todos sabéis cuales son pero los exteriores también son importantes.
Paso un montón de tiempo en la cocina y para optimizar el espacio y dotarlo de cierto orden esa rutina tan rastrera me terminó de convencer y buscar algún mueble que me permita guardar los libros. Me gustan los espacios minimalistas y adoro la mesa de teca así que decidí que debía ser sencillo y de esa madera y a través de mi amigo el Rubio me enteré de la existencia de una tienda de muebles dedicada a ese material. La visité el jueves pasado y paseando por su interior encontré tres posibles candidatos que pronto fueron dos y finalmente elegí uno. Sin darle más vueltas lo compré y pronto me lo traerán a casa. Dos días más tardes elegí un robot de cocina Kenwood y lo encargué por Amazon y por lo que me han indicado, ya salió de los almacenes de esa compañía y pronto estará adornando mi cocina. El proceso para determinar el robot que me compré daría para escribir varios libros. Han habido un montón de consultas, charlas, búsquedas por la red, revisión de todo tipo de tiendas de cocina y tras horas y horas llegué a un modelo. La parte más fácil fue encontrar la tienda más barata y que envían a mi casa ya que lo de ir a un edificio de ladrillo y estantes y pagar el impuesto revolucionario del empleado de tienda no es lo mío. Prefiero la frialdad y la crudeza de la red y las bondades del servicio de correos neerlandés.
En los mismos días Philips anunció una nueva gama de televisores LED y a través de la tienda para empleados hicieron una buena oferta y una cosa llevó a la otra y terminé por comprarme una tele que seguramente será el primer objeto colgado en alguna de las paredes de mi casa desde que la compré allá por el año 2005. Increíble pero cierto, no tengo fotos, ni cuadros ni ningún tipo de adornos en ninguna pared.
Y hoy hablando con un compañero terminé de elegir el modelo de bicicleta eléctrica que quiero comprar y ahora solo me queda hablar con los de Recursos Inhumanos de mi empresa para abusar del programa del gobierno holandés para que la gente vaya al trabajo usando la bici y que me permitirá recuperar el cuarenta por ciento del precio del trasto.
Todos los años sucede lo mismo. Llega la primavera y todas aquellas ideas que he macerado durante el invierno salen a la superficie y pasan a la fase de ejecución.
A todas estas, cada tarde cuando vuelvo a casa se me pone una sonrisa de oreja a oreja con mi jardín y todos esos tulipanes que lo adornan.















