Una visita a Giethoorn no está completa sin alquilar algún tipo de embarcación. Ya sea una canoa, una barca a motor eléctrico, impulsada por pértiga o un pequeño velero, todos los que vamos a ese pequeño pueblo volvemos a ser niños durante unas horas en sus canales. Compites con los otros por ser más rápido o tener una estrategia mejor mientras cruzas puente tras puente y saludas a todo el mundo. Como me dijo una mujer que conocí allí, en Giethoorn todo el mundo sonríe.
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Los marcadores del mes de julio
Como nadie me lo recuerda y a mí siempre se me olvida, los dos marcadores que regalé en el mes de julio llevan desde entonces esperando dueño.
Hoy por fin me acordé y en ocho papeles puse los nombres de aquellos que querían participar en el sorteo. Se trataba de: Landahlauts, Montse, daymin, Virtuditas, marco, Jc, Iván y Luis.
Después de revolverlos durante casi medio minuto y mirando hacia otro lado extraje dos de los papeles y por fin se conoce el nombre de los ganadores. Uno de los marcadores se lo lleva Montse y el otro Iván. Espero que ambos se pongan en contacto conmigo y me pasen una dirección a la que enviárselo y prometo hacerlo a comienzos de la semana que viene.
Como recordaréis, estos marcadores son una edición limitada y muy especial que viene firmada por el auténtico Turco, uno de los personajes más amados y odiados de todos los que han aportado contenido a Distorsiones desde el año 2000 en que empezó su andadura.
El regalo del mes de septiembre aún está por definir pero lo que sí que se es quien lo recibirá: Ale, Landahlauts, Emo, Evelyner, Jc, Rodolfo, Inés, Luis, Marco, Psikke, Cheo, Dani, uno+cero, Virtuditas y Waiting.
Es probable (aunque no seguro) que sea algún detallito que compre en Praga cuando visite la ciudad aunque tampoco me sorprendería que termine buscando algo en el mercado de las Flores de Amsterdam o en Polonia cuando visite ese país en unas semanas.
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Una casa típica holandesa
En Giethoorn cada casa es una isla, rodeada de agua por todas partes y se accede a las mismas a través de puentes de madera. La que vemos en la foto tiene el tejado de caña o rieten dak en neerlandés, el cual se usaba muchísimo hasta hace unos años. Una vez alguien me comentó que hay muchas de estas casas cuyo tejado está protegido y reciben subvenciones para su mantenimiento.
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Pescaíto fresco
Esta mañana me monté en el tren a la hora de costumbre. Lo único distinto es que no llevaba a La Dolorsi conmigo ya que se había quedado en Hilversum pasando el fin de semana en la oficina. Desde el jueves alquilé un coche para ir a Luxemburgo y lo que hice fue ir a la estación en mi quinta bicicleta, la más cutre de todas y una que siempre está en Hilversum. Salí de la oficina y la bici se murió en la misma puerta. Ha sido una muerte anunciada pero igual de puñetera porque me dejó tirado el día que más la necesitaba. Ahora estoy apelando a la lástima de mis compañeros para ver si alguien me regala una cutre-bicicleta en fase terminal que poder usar en Hilversum. Volviendo al asunto, esta mañana fui a la estación con el coche de alquiler para devolverlo y desde allí me dirigía a Hilversum en el tren de las 08.28.
Al no tener mi bicicleta plegable conmigo me senté en la parte convencional del vagón junto con los otros pasajeros. Siempre pasa lo mismo, el tren está medio vacío cinco minutos antes de la partida y cuando quedan treinta segundos aparece una multitud corriendo y se llena hasta la bandera. En la parte del vagón en la que yo me encontraba tranquilamente jugando con mi iPhone apareció una chica que se sentó y se puso a mandar mensajes. No habían pasado ni treinta segundos y me llegó la primera andanada. Lunes por la mañana, primera hora y la hijaputa hedía a pescaíto fresco que no veas, el chichi lo tenía bien sudado y emanaba un aroma intenso que superaba con creces al de una tía-abuela mía que vivía en el Valle de Agaete y que si se te metía en el coche no conseguías quitar el olor a menos que cambiaras la tapicería del asiento.
Sesenta segundos después del comienzo del ataque bacteriológico el hedor era insoportable y mientras ella permanecía impasible, los primeros pasajeros comenzaron a huir y otros trataban de abrir las ventanas para procurar que entrara aire puro aunque lo único que consiguieron fue extender el pestazo que surgía de la zona cero hacia otras partes del tren. Yo fui de los que huyeron, puse dos vagones de por medio y memoricé la cara de la hedionda esa que no solo no se lava el chichi, tampoco se cambia las bragas o los trapos que se pone de ropa. Si algún día se vuelve a subir en el mismo vagón que yo y voy con la bicicleta, os juro que salgo por patas tan pronto como la vea. Un chichi apestoso no tiene justificación alguna de Dios ni de su profeta Mahoma, que me parece a mí que no se trabajó mucho el capítulo de la limpieza porque aquella guarra era musulmana.





