Hace cuatro años y medio que estuve en Nueva Orleans y alrededores haciendo turismo. Una de las imágenes de aquel viaje fue la de esta Tortuga muerta en Ship Island a la que hoy le damos la bienvenida al Club de las 500. Pese al tiempo transcurrido la imagen sigue conservando toda su fuerza. Seguro que cuando un año más tarde el Katrina barrió la zona y destrozó Ship Island, los restos de la tortuga acabaron en el fondo del océano.
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Día de lanzamiento
Si se mueve el mundo
o lo ves todo doble o triple,
agárrate bien al vaso de cerveza??Siempre me ha asombrado mi capacidad para conseguir lo imposible y hacerlo parecer algo normal. Digo esto con casi diez cervezas en el cuerpo y más borracho que sobrio pero bueno, es la verdad y así os la cuento. Hoy teníamos día de lanzamiento en mi compañía. Sucede cada tres meses. Mi jefa se cogió un día de vacaciones como siempre que sucede esto porque no aguanta la presión y mi compañera tortillera también cogió vuelo así que me cayó todo el marrón a mi.
Ayer, aunque llegué tarde a mi casa porque fui a cenar y al cine con mi amigo El Niño aún tuve tiempo para preparar 24 Magdalenas que quería llevar hoy a la oficina. En día de lanzamiento lo más importante es conseguir que la maquinaria funcione sin problemas y todo el mundo haga su trabajo y eso al parecer lo puedo lograr yo y quizás nadie más. Comencé la mañana repartiendo magdalenas en lugares estratégicos, sitios en los que uno parece creer que no harían falta. Así las señoras de la recepción recibieron su regalo, los de la oficina postal de la empresa y un montón de gente que trabaja en lugares oscuros y sin aparente relación conmigo.
Durante el día los problemas se multiplicaron y montañas imposibles de escalar aparecieron de la nada. El vicepresidente de mi división corría de un lado a otro con las manos en la cabeza proclamando el desastre. Después de las dos de la tarde mis magdalenas comenzaron a funcionar y hacia las cuatro el lanzamiento era todo un éxito y habíamos conseguido cubrir nuestros objetivos. El hombre casi me abraza, me miró sin creérselo y cuando me preguntó cómo lo había hecho mi respuesta lo dejó aún más aturdido: 24 magdalenas, cuarenta y cinco minutos de preparación en mi casa y con eso y sonrisas amables lo solucioné todo.
A las cinco llegaba mi antiguo compañero de despacho y cuando entró en el edificio en la recepción le dijeron que no tenía que pasar por los controles de seguridad y lo enfilaron hacia mi planta. Ninguna de las personas trabajando allí lo conoce porque son muy nuevas pero aún así le permitieron seguir. Mi amigo alucinaba y cuando me preguntó también le comenté que repartí magdalenas por esa zona.
No solo regalé magdalenas: los hijos de un compañero me mandaron una magdalena cocinada por ellos y unos dulces que también habían hecho para agradecerme que yo les mande a ellos magdalenas de cuando en cuando. Una secretaria me trajo un trozo de tarta y los de IT me invitaron a comer brownie. Yo creo firmemente que si te portas bien con la gente y procuras alegrarles el día ellos te lo pagarán con creces. Mi filosofía funciona, al menos para mí.
A las cinco y media estábamos todos en el Café Cartouche charlando animadamente. En mi grupo de ocho personas habían dos que ya no trabajaban para la empresa y seis más que jamás han estado juntos por ahí. Ni ellos se lo creían. Todos habían aceptado mi invitación desde un mes antes. De alguna manera yo hago que cosas imposibles sucedan y la forma en la que esto ocurre no es forzada sino muy natural. Pasamos una velada fantástica, tomando cerveza y comiendo costillas. A finales de marzo ya les he dicho que nos reuniremos de nuevo y todos vendrán. Si les preguntas te dirán que se lo han pasado muy bien, han hablado, se han reído, hemos bebido y comido juntos y encima se han equivocado con la cuenta y hemos pagado mucho menos de lo que deberíamos, algo que después de media docena de ocasiones he pasado a considerar parte de la rutina habitual.
El lunes tendré que lidiar con los que se enterarán de lo que sucedió y me preguntarán por la razón que me llevó a no invitarlos. A algunos les dolerá saber que yo sé a quien tengo que invitar de una forma natural y no mezclo fuego con agua. Soy sociable pero no estúpido.
Un par de días más tardes volveré al Café Cartouche con otro grupo. Allí ya están acostumbrados a las diferentes pandillas que llevo. También saben que cuando la gente va conmigo es para comer costillas, esas que sin lugar a dudas son las mejores de Europa.
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Escalera de setas en el club de las 500
Aunque no ha llegado a la gran Final en La elección del Postalón de DISTORSIONES y quiero aprovechar para recordaros que hay que votar ya que quedan dos días antes de cerrar las urnas, esta Escalera de setas sigue siendo una de mis fotos favoritas. La imagen la tomé en octubre del 2003 con mi vetusta canon powershot G2 que tuvo el honor de introducirme en el mundo de la fotografía digital. La foto la hice en Hoge Veluwe, el mayor parque nacional de Holanda y un lugar increíble en el que la guinda es un museo en el medio del parque con algunos Van Gogh que no podréis encontrar en el museo de Amsterdam. Hoy le damos la bienvenida al Club de las 500
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Flores en la bici
Uno puede usar su bicicleta de infinidad de maneras. Un buen ejemplo es este. Trabajas en una floristería en la ciudad de Delft y aparcas la bici delante de la misma y la adornas con las flores que vendes. Un escaparate perfecto que atraerá la atención de los viandantes y cuando acabe la jornada laboral, las pones de nuevo en la tienda y te marchas a casa con tu bici tan feliz y contento.
En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años



