El último de los miembros admitidos al Club de las 500 es el de hoy. Tendrá que volver a pasar un tiempo hasta que veamos nuevas fotos llegar a este club tan especial. Hoy tenemos otra de las fotos del viaje a Valencia, concretamente L?Hemisfèric y Palau de les Arts Reina Sofia. Me acabo de dar cuenta que el objetivo no estaba muy limpio cuando hice la foto. Tendré que editarla y quitarle los puntitos que aparecen por algunas zonas.
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Alcahuetas
En este intrincado mapa que llevo años tejiendo para al menos intentar esbozar una pequeña parte del complejo mundo femenino hemos visto de casi todo. Solo hay que darse un paseo por el Hembrario y leer las diferentes anotaciones para comprobar la inmensa variedad de especimenes que encontrábamos en las calles de cualquier barrio. Por desgracia la tecnología y este nuevo mundo interconectado y en el que la información viaja a la velocidad de la luz están haciendo desaparecer rápidamente todas esas sutiles variaciones que conformaban las diferentes mujeres que nos rodeaban. Ahora hablamos a través de cámaras y vivimos en nuestras torres de cristal desde las que no es necesario el contacto real con otros humanos y podemos pasar nuestras vidas en la más intensa de las soledades y morir convencidos de nuestra sociabilidad solo porque interactuamos a través de pantallas y otros artilugios electrónicos con nuestros semejantes y muchos ni siquiera sabrán lo que se están perdiendo, no serán conscientes de los flujos de poder que existían hace unas décadas y que te podían convertir en campeón o en fracasado con un único rumor bien divulgado.
No hace mucho hablamos de las Farfullas y la forma en la que creaban los rumores desde la iglesia y sentenciaban en vida a unas y a otras. Se ayudaban de las Alcahuetas y de las Noveleras. Hoy hablaremos de las primeras, unas hembras avanzadas que realizaban dos tareas. Por una parte se encargaban de difuminar por todas las calles y casas del barrio las infundías y los rumores generados por las Farfullas. Lo hacían en la tienda de la esquina, cuchicheando con voz queda mientras contaban a quien quisiera oír algo que habían oído de otras bocas y que por supuesto venían de una buena fuente que quizás no había confrontado la noticia pero eso no era lo importante, lo realmente relevante era la información, siempre negativa y siempre vejatoria para el sujeto de su mensaje. Ellas eran maestras en crear ambiente, en avivar el ansia malvada que riega nuestras entrañas y que nos produce un extremo placer ante las desgracias ajenas. De esta forma fulanita se convertía en Arretranco, menganita en Pendón y zutanita en Rebenque sin que las mentadas pudieran hacer nada por combatir estos rumores. Las Alcahuetas sabían como convencer, como sembrar la duda y repartir la cizaña que arrastraban con ellas. Eran mensajeras ágiles y siempre dispuestas a llegar un poco más allá, a mirar a los ojos de las mujeres con las que hablaban y jurar que aquello que contaban, por más increíble que pareciera, era cierto y cuando días o semanas más tarde se demostraba que habían mentido, que habían escupido sapos por sus sucias bocas, negarán vehementemente haber dicho eso que realmente dijeron. Las Alcahuetas son así, hembras malas y amargadas que al único placer que aspiran en esta vida es ese que obtienen al hacer el mal.
Pese a esta función principal, también se encargaban de otra tarea quizás más importante. Dada su gran movilidad y su facilidad de palabra las Alcahuetas recibían y atesoraban muchísima información, estaban al día de todos y cada uno de los miembros del barrio e incluso de muchos de los sujetos de barrios colindantes. En su eterno riego de rumores dejaban algo de tiempo para dejar caer aquí o allí nombres de hombres o mujeres solteros y apalabrar relaciones, emparejar almas descarriadas y ayudar a aquellas madres que comenzaban a perder la paciencia y querían quitarse de encima alguna hija o hijo. Ellas siempre sabían de alguien que encajaba perfectamente en el perfil buscado y cambiaban inmediatamente su ruta habitual para establecer el contacto entre ambas partes y permitir ese primer encuentro. De esa forma se forjaban matrimonios y lo peor de cada casa encontraba salida. Algunas madres, deseosas de trepar en la escala social no dudaban en contactar con alguna Alcahueta y estaban dispuestas a pagar por lograr que su dulce vástago acabara en la iglesia con la niña fea y bigotuda de esos otros con dinero e hipotecaban la felicidad de sus hijos sin dudarlo un solo instante porque al final, lo que cuenta, es el dinero que tienes y no lo feliz que puedas ser.
Como dije al comienzo la sociedad de la Información ha condenado a la extinción a las Alcahuetas, que ya no encuentran parroquia a la que contar sus rumores ni sirven para crear hogar porque hoy en día lo que se lleva es el sexo fácil y sencillo y quien quiere encontrar macho o hembra los tiene por miles a un clic de distancia y desde el anonimato que proporcionan esos maravillosos alias que todos se crean para el efecto. Si conociste alguna Alcahueta en el pasado y pudiste verla en acción, considérate afortunado porque a menos que cambien mucho las cosas, no volverán a pasear por la tierra como lo hicieron antaño. Las recordaremos con nostalgia a través de esa hermosa palabra que las definía y seguro que en el futuro serán tema de estudio.
Puedes leer más anotaciones relacionadas con esta en el Hembrario
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Nieve en Hilversum IV en el Club de las 500
A la entrada de la estación de Hilversum se encuentran estas manos unidas con la palabra TOLERANCIA escrita en varios idiomas. Igual si vais hoy o mañana no lo veréis porque están reformando la zona y construyendo un túnel para cruzar con bicicletas por debajo de la estación pero todo el que vive en Hilversum conoce el lugar y es allí en donde se dejan flores cuando alguna desgracia terrible sucede en el mundo. Hace un par de años hice esta foto en un día que nevó. Originalmente apareció en Nieve en Hilversum IV y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Planta 33 – capítulo decimocuarto
Si quieres leer este relato al completo, salta a Planta 33 – Capítulo primero y deja que te cuente un secreto, al llegar al final de cada capítulo hay un enlace para encontrar el siguiente.
Entró en la sala con prisa y únicamente se detuvo cuando se encontraron cara a cara. Lo llamaron minutos antes pero por suerte aún estaba en la oficina y pudo llegar rápidamente. Estaban en uno de los edificios anexos a la Basílica de San Pedro, en el sótano y desde allí se controlaba toda la seguridad del complejo mediante un entramado de cámaras y sensores conectados al sistema. Una empresa de seguridad privada era la que se encargaba de patrullar y comprobar las alarmas y solo cuando se verificaban entraba en juego la Guardia Vaticana. Reciben el pomposo nombre de Servicio Vaticano de Seguridad y ellos eran los que habían avisado. En los monitores se podía ver todo lo que estaba sucediendo en ese momento en el perímetro del pequeño país.
? Cuénteme que ha pasado – dijo sin mostrar ninguna preocupación en su tono de voz.
? Esta tarde, justo antes del cierre, dos jóvenes subieron a la Cúpula de la Basílica. Las cámaras registraron su subida pero nunca bajaron. Han desaparecido. Es como si se las hubiera tragado la tierra. Lo último que sabemos de ellas es que cerca de las cinco estaban arriba en el mirador y cuando subió el vigilante para mirar y pedirles que bajaran no encontró a nadie ? dijo el vigilante que parecía estar al mando.
? ¿Se sabe quienes eran? ¿Están seguros de que desaparecieron? ¿No habrán bajado despistando las cámaras? ? preguntó. Su trabajo era conseguir respuestas y la única forma de hacerlo es haciendo las preguntas adecuadas.
? No. Es imposible. Tanto la subida como la bajada están monitorizadas y no hay manera que esquiven nuestras cámaras. Están en puntos que no tienen ángulos muertos. Han desaparecido, así de sencillo ? confirmo el vigilante.
? ¿Subió alguien más?
? No. Estaban solas. Fueron las últimas en subir a la Cúpula. El vigilante de la entrada las recuerda. Dos chicas, jóvenes, hablaban entre ellas y antes de comprar la entrada preguntaron si era posible porque la hora del cierre estaba muy cercana. Las cámaras las muestran subiendo, hablando entre ellas. No sabemos lo que dicen porque no tenemos audio pero no parecían particularmente preocupadas y ni siquiera se pararon a descansar. Llegaron arriba sin más problemas. ? informó.
? De acuerdo. Además de revisar las cintas habrán hecho algo más imagino ? dijo con un tono algo irónico.
? Sí. Hemos rastreado completamente las escaleras, simultáneamente la subida y la bajada y hemos mirado alrededor de la cúpula. También en los tejados de los alrededores. Hemos buscado trozos de ropa o marcas de algún tipo que muestren que alguien estuvo allí pero no hay nada. Su rastro se pierde en la última cámara y no parece que hayan saltado desde allí ? dijo el hombre un tanto molesto.
? ¿Está la Policía Italiana informada?
? Sí. Como sabe trabajamos con ellos. Han mirado en sus sistemas pero aún no hay ninguna denuncia por personas desaparecidas. Es muy pronto y seguramente eran turistas. Pueden pasar días hasta que la recibamos ? Se miraban mientras hablaban estudiando los gestos de su adversario. Aunque trabajaban en el mismo lugar eso no quería decir que fueran amigos y ambos recelaban del otro. A unos les tocaba lidiar con los problemas y resolverlos mientras los otros hablaban con la Curia Romana y salían en las fotos con sus vistosos trajes.
? Está bien. Manténganme informado. Hasta que no haya una denuncia quiero que mantengan esto en secreto. Igual no ha pasado nada. Quiero que revisen todas las cámaras por si alguien las ha manipulado. Ya sé que es prácticamente imposible pero no quiero errores. Tenemos que estar seguros de lo que ha pasado ? dijo en un tono que implicaba una orden.
? Pero ??
? No hay peros. Limítense a descubrir lo que ha pasado y resolver el enigma ? dijo mientras se daba la vuelta para marcharse.Lo vieron irse rápidamente, sin mirar atrás, con la misma prisa con la que había llegado. Se miraron entre ellos y volvieron a fijar la vista en las pantallas. Tendrían que revisarlo todo de nuevo y buscar algún error porque tenía que ser eso.


