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  • Nos vemos en la Tienda

    29 de diciembre de 2006

    La Navidad es una sucesión de eventos tradicionales. Tenemos los que todos conocen como la cena de Nochebuena o comer las uvas en Fin de Año y después tenemos los que marcan la agenda de cada uno. En mi caso el 23 de Diciembre es un día para encontrarnos en la Tienda, un bar de las Palmas de Gran Canaria donde marca la tradición que hay que estar ese día.

    No es algo que conozcan muchos aunque sí los suficientes. A partir de las diez de la noche el local ya está abarrotado y los que llegan tarde se apelotonan en la calle con sus copas en la mano. Algunos tienen en sus manos cuencos con chochos que comparten con sus amigos. Las islas Canarias (y Andalucía) son los únicos lugares de España en el que uno puede pedir una tapa de chochos en un bar sin que nadie se inmute y ninguna de las chochas que están en el mismo monte un pitote por sexismo, discriminación o cualquiera de esas vainas. Los chochos son lo que en otros lugares se llama altramuces y quien quiera saber por qué los llamamos así, la próxima vez que tenga uno en sus manos que lo mire atentamente.

    En la tienda se pre-celebra la Nochebuena un día antes con sus clientes. Hacia la medianoche reparten vasos de plástico y botellas de cava a todo el mundo y se brinda mientras cantamos villancicos. Hasta este año repartían bengalas y todos las encendíamos a la vez pero por motivos de seguridad y bla bla bla han eliminado esa parte. La dichosa seguridad acabará con los pequeños placeres de la vida.

    En el local se respira un ambiente de camaradería que no se ve en otros lugares y hay algo más que hace la cita en la Tienda muy peculiar. No es algo conocido por las nuevas hornadas y allí no encontrarás estudiantes universitarios o chavales de instituto. Hace más de diez años que gente que iba a la universidad se reunía allí y hoy en día vamos los mismos. La diferencia es que ahora todos tienen nómina, muchos están casados y con hijos y no es raro ver gente enseñando fotos de sus retoños. Dentro de veinte años seguiremos yendo los mismos y aquello será un escaparate con las últimas técnicas en cirugía estética.

    Fuera del círculo de conocidos hay un tipo de mujeres que pululan en el local con sus micro-faldas que no consiguen taparles la almeja, maquilladas hasta el infinito y con esos peinados imposibles productos de un exceso de laca con agrandamiento del agujero en la capa de ozono. Son las Putillas Casaderas, depredadoras natas que acuden al olor de las nóminas buscando enganchar a algún pobre despistado y parasitarle su tarjeta de crédito hasta que quede bien seca. Se colocan cerca de la puerta para controlar el flujo de mercancía en el local y cuando eligen presa se lanzan sobre ella. Estas felinas se saben fuera de lugar y suplen su desconocimiento de la Gran Familia que acude a la llamada cada año con su desvergüenza y su osadía a la hora de atacar.

    La cita de la víspera de Nochebuena es la primera. Le sigue la víspera de Año Nuevo, el 30 de diciembre, donde se repetirá el ritual y a las doce de la noche cantaremos las doce campanadas partiendo el año un día antes en compañía de un montón de amigos. En siete días volvemos a vernos en la Tienda.

  • Gárgola

    29 de diciembre de 2006
    Gárgola

    Gárgola, originally uploaded by sulaco_rm.

    Siempre me ha fascinado el mimo con el que se cuidan los detalles en los viejos edificios y como hasta el rinconcito más escondido recibe sus gárgolas y sus figuritas que de cuando en cuando alguien mira y disfruta con la visión de lo que ve. Esta foto cierra el ciclo dedicado a la ciudad de Colonia.

  • Es un mundo muy muy seguro – segunda parte

    28 de diciembre de 2006

    Ya has leído el título y has visto que es la segunda parte. Busca el comienzo y léetelo todo desde el principio

    Tras este tercer grado aún me quedaba pasar el control de seguridad. Llegué a la máquina de rayos X y me quité todo, saqué el portátil de su funda, puse los zapatos en la cinta, eran mis viejas botas Panama Jack agujereadas que acudían a morir al continente americano, el cinto, la medicina del asma en una bolsa de plástico, la bolsa de la cámara abierta para que puedan admirar las lentes y me preguntaron al menos tres veces si llevaba líquidos. Negué en las tres ocasiones y me ofrecí a hacerles un Goatse y que miren si transporto substancias líquidas en forma de diarrea o algo así porque por lo demás no tenía líquidos en mi posesión. Tardé cinco minutos en reequiparme con toda la artillería y pasé a la sala de espera en donde tras tanto trámite solo estuve media hora. Se me ha olvidado comentar que a la hora de facturar me dijeron que por sobre-venta no tenía asiento disponible. Podía hacer dos cosas. Esperar a que me asignaran un asiento en la sala de embarque, posiblemente en una categoría superior, o pagar setenta y cinco euros y me confirmaban el asiento que ya había pagado y confirmado el día que adquirí el billete. Estaba muy clara la opción. Te esperas, te ahorras la pasta y te suben de categoría. En la sala de espera me llamaron y me dieron mi nueva y flamante tarjeta de embarque con asiento confirmado que era en Economy plus, una coña que se han sacado los de United que tiene más espacio.

    Nos subieron al avión por tandas. Estaba hasta la bandera. Primero embarcan los cuatro de primera clase que son recibidos por las azafatas desnudas y ellas proceden a lavarles sus miembros lamiéndoselos. Después entran los de clase Business, alcohólicos conocidos que aún no se han sentado y ya están pidiendo whiskey o similares. Tras ellos íbamos los de Economy Plus y finalmente los de Economy. La verdad que el asiento tenía un montón de centímetros más entre las piernas y el asiento de delante. Por desgracia no tenía pasillo ni ventana y en mi fila todos parecíamos ir viajando solos. Siguiendo las normas habituales de hostilidad que me identifican, me enchufé el iPod e ignoré a ambas compañeras de viaje, a la joven y follable y a la vieja y también follable. Intuía que ambas estaban como locas por hablar pero no es algo que yo haga con desconocidos, que para eso ya tengo una bitácora.

    La selección del personal de cabina de United para los vuelos internacionales es muy variada. Mujeres guapas que hablan un montón de idiomas y hombres enormes que seguramente son policías retirados y que han aprovechado esta edad de oro del viaje con terror para conseguir un trabajo como azafato. Se tarda casi una hora en llenar un Boeing 777. No quiero ni pensar como será con el nuevo Airbus 380. Creo que he volado en casi todos los tipos de aviones de Airbus y Boeing y he de decir que mi favorito con gran diferencia es el 777. Es amplio, me gusta la configuración de cabina y dentro no hay mucho ruido. Tanto el Boeing 747 como al Airbus 340 son aviones que no terminan de convencerme.

    El pájaro despegó, conectaron el sistema de vídeo con ocho películas entre las que elegir y que por la duración del vuelo te dará tiempo a ver al menos tres de ellas y me desconecté. De cuando en cuando escribí algo en el portátil (las dos historias médicas de la semana pasada y el cuento de la caída de Mundo Perfecto) y vi alguna película a medias. No hubo nada que reseñar durante el vuelo. A medio camino me levanté para ir al baño y mientras esperaba que se vaciara uno me fijé en un detalle que me intriga pero que no preguntaré jamás en el avión porque seguro que me toman por terrorista. Las puertas se supone que se abren tirando de la palanca y digo yo que si cuatro hijosdeputa moros se van a cuatro puertas cuando el avión está a once mil metros y lo hacen, el trasto se descoyunta y allí dentro se monta el Belén. Espero que tengan seguro como las de los coches y no se puedan abrir tan fácilmente pero no quise arriesgarme a preguntarlo.

    Al aterrizar en Washington Dulles comienza el procesado de la mercancía. Nos separan en la puerta entre los que están en tránsito y los que han alcanzado el destino final. Los primeros desaparecen y los segundos entramos en una sala que cuando está llena, se cierran las puertas, desciende y se mueve. Este es uno de los dos únicos aeropuertos estadounidenses que tienen este sistema para mover gente en el aeropuerto. Las salas de espera son móviles. Si no te lo avisan te puedes llevar un susto de muerte. Según ellos es más cool porque puedes ver los aviones y demás. Yo personalmente prefiero los sistemas tradicionales de movimiento. En la sala de control de pasaportes hay quince ventanillas para los americanos y cinco para el resto así que las colas son de una hora. Previamente has llenado los formularios en el avión así que allí solo te hacen una foto, te toman huellas dactilares, estampan tu pasaporte y sigues tu camino hacia la recogida de equipajes. Una vez lo tienes, pasamos la aduana y finalmente llegas a los Estados Unidos de América.

    Sigue leyendo el relato de este viaje. Salta a Paseando por Washington DC – Primera parte para continuar la historia

  • Catedral de Colonia desde el lateral

    28 de diciembre de 2006
    Catedral de Colonia desde el lateral

    Catedral de Colonia desde el lateral, originally uploaded by sulaco_rm.

    Al tardar tanto tiempo en construir la catedral, tiene un montón de estilos mezclados y eso se nota según la miras por el frente, por cada uno de sus laterales o por la parte posterior. Esta es una de las fachadas laterales, concretamente la del lado opuesto a la Estación central de trenes, cuando caminas en dirección al ayuntamiento.

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