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Distorsiones

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  • Río Moldava desde la Gran Torre

    29 de julio de 2005
    Río Moldava desde la Gran Torre

    Río Moldava desde la Gran Torre, originally uploaded by sulaco_rm.

    Conseguir esta foto no fue fácil. Cuando compramos la entrada para todo el complejo de edificios que compone el castillo de Praga no sabíamos que habría que andar tanto. Después de unos minutos de espera para entrar en la catedral de San Víctor o Chrám Sv Víta en checo, no nos podíamos imaginar que la cosa sería tan terrible. A mí el moverme tanto por el primer mundo me ha vuelto muy gandul y en mi ignorancia pensé que lo de la torre de la catedral sería un cómodo paseo en ascensor.

    No podía estar más equivocado. Son 297 escalones, por una escalera de caracol bastante estrecha y en la que al mismo tiempo que subes hay gente bajando. Al principio todo es buen rollo, pero cuando llevas cinco minutos de escalada, hay veintisiete grados y una humedad monstruosa y todas las glándulas sudoríparas de tu cuerpo se desatan, no le ves la gracia por ningún lado. Después de un tiempo, te acostumbras incluso al hedor del sudor propio y ajeno, que en aquel reducido cilindro se mezcla todo y produce un coctel químico de densidad dantesca.

    Al llegar a la cima, tras 96 metros de escalada, la vista que te encuentras te hace olvidarlo todo. De todas las fotos que hice desde tan privilegiado mirador, hoy nos quedamos con este gallo acompañado por el río Moldava cruzado por varios puentes y los tejados de vivos colores al frente. Allá arriba se encuentra también la maquinaria del reloj de la gran torre, una maravilla que data del 1549 y que podemos confirmar que no se encuentra en hora. Urge la visita de un relojero para ajustar el mecanismo. Pensamos que el reloj estaba parado, ya que no se veían partes móviles, pero tras una atenta observación lo vimos moverse y avanzar cinco minutos de un tirón.

    Puedes ver más fotos de Praga en el Álbum de fotos de Praga y comenzar a leer el relato del viaje en Día 1. Nos vemos en Praga

  • Un largo domingo de verano

    28 de julio de 2005

    Un largo y soleado domingo de verano decidí pasar las horas tirado en la playa, escuchando algún libro interesante mientras la forma más pura de la expresión del poder divino me bañaba con sus rayos y me daba la energía que necesito para no caer en la palidez más absoluta, palidez que en esta tierra va asociada con depresiones y múltiples enfermedades.

    Un largo y hermoso domingo de verano llegué a la playa siguiendo esos caminos tan retorcidos que marca el Señor. Como no me apetecía andar mucho me ubiqué cerca de la estación de tren, entre dos de esas monstruosas terrazas de verano que aquí dejan caer sobre las amarillas arenas nórdicas y que no retirarán hasta bien entrado octubre. Son lugares en los que los turistas alemanes y los holandeses que se deciden a pasar un día junto al mar tienen la oportunidad de beber como cosacos y comer productos de una más que ínfima calidad.

    Un largo y caluroso domingo de verano coloqué mi toalla de forma que el sol resbalara por la superficie expuesta longitudinalmente, mientras el resto de la playa seguía el clásico algoritmo chimpún de ubicación con los pies mirando al mar, algoritmo que ya ha sido en millones de ocasiones declarado obsoleto y no apto para el disfrute de la energía solar en su debida plenitud. Tras colocar la toalla, un hermoso ejemplar que resplandece y engrandece mi minúscula presencia, me puse sobre ella para rendir mi tributo a nuestro Dios y meditar de una forma placentera.

    Un largo y apático domingo de verano estaba yo escuchando mi audiolibro, teniendo que volver a oír ciertas partes tras caer repetidamente amodorrado y perder el hilo de la narración. El silencio en el que te envuelven los auriculares es tan grande que llegas a creerte solo en el universo, último remanente de una raza agotada en su propia ira. Alzas tus plegarias hacia el Altísimo y sabes que le llegan directamente, sin intermediarios, sin pérdidas de información por culpa de los nodos que tratan de replicar y retransmitir tus súplicas.

    Un largo y soporífero domingo de verano, en uno de esos momentos en los que desperté de ese viaje a otros mundos bajo la bendición solar descubrí que una pareja se había colocado cerca de mí, no lo suficientemente próximos como para interrumpir mi sagrado aislamiento, pero tampoco tan lejanos como para considerarlos fuera de mi galaxia. El dúo de intrusos se picoteaba al sol, repartiéndose besos a diestro y siniestro, cómplices de su amor. Aislé la perturbación que suponían y una vez eliminado el ruido, continué con mi apacible oración.

    Un largo y sublime domingo de verano volví a despertar de mi letanía privada en brazos de Morfeo. Sobreponiéndose a la voz del narrador del libro que estaba escuchando, distorsionando el mensaje que fatuamente resbalaba sobre mis ondas cerebrales, se escuchaba algo que no era normal. Era un sonido repetitivo, metódico, de alta frecuencia y duración constante. Con desgana, casi sin pensarlo, me quité los auriculares para tratar de encontrar la génesis de dicha agresión auditiva. Ondas de luz y calor golpeaban mis brazos, mi estómago, mi pecho y me hacían cosquillas antes de desaparecer absorbidas por mi cuerpo, que las contrarestaba produciendo melanina que corría a ocupar su posición y aportar el tono moreno tan deseado.

    Un largo y atemperado domingo de verano traté de sublimar los sonidos que me llegaban y condensarlos en pensamientos coherentes y racionales. La lógica me dictaba con letra clara lo que aquellos sonidos implicaban y la ética se negaba a reconocer lo evidente. Bajo aquel sol, en aquella playa, en aquel preciso lugar y justo en ese momento, la pareja que tan cerca de mi se había ubicado estaba follando a ojos vistas. Las pulsaciones sonoras no eran más que los gemidos de la hembra, sometida su vagina a golpes rítmicos por el miembro de su hombre. Aunque no se habían quitado totalmente los bañadores, estaba claro lo que hacían. Los movimientos los delataban, los sonidos gritaban su crimen al cielo. En aquella soledad, acompañados únicamente por un indiscreto testigo, consumaban su acto de amor sin importarles mi presencia.

    Un largo y lujurioso domingo de verano
    una niña corría por la arena, inocente ángel que jugaba a perseguir sombras, palomas y gaviotas, queribín indiferente y que no sospechaba maldad ninguna en el mundo. Esa niña, rubia y preciosa, trataba de atrapar los pensamientos que se le escapaban y en sus carreras llegó cerca de nosotros. La pequeña se detuvo al escuchar un quejido, un lamento, un llanto corto y de respiración profunda que parecía venir de algún lugar cercano. La chiquilla, tras mirar en derredor localizó la fuente del ruido.

    Un largo y tórrido domingo de verano la niña se acercó sigilosamente a unos desconocidos, con una mirada culpable al saber que rompía todas las reglas que su madre le repetía una y otra vez. Llegó junto a los extraños y los miró. Parecían estar pegados, unidos en algún tipo de juego que generaba olas en sus cuerpos y que debían ser la causa de la infelicidad de la mujer, de sus llantos. La niña los observaba fascinada. Nunca antes había visto algo parecido. Tras un tiempo de aprendizaje decidió preguntarle a la señora el por qué de su tristeza.

    Un largo y apasionado domingo de verano una pareja hacía el amor en una playa. Su coito fue interrumpido bruscamente por una chiquilla asustada que creía que le pasaba algo a la mujer. Un tono rojo los cubrió completamente. La vergüenza de saberse cogidos les impidió reaccionar con dignidad. Se separaron con cuidado y trataron de aparentar que nada sucedía. El hombre se cubrió con una toalla pese al calor que hacía. Hablaron con la niña y le explicaron que no pasaba nada malo, que únicamente estaban jugando a un juego que sólo conocían ellos dos.

    Un largo y descuidado domingo de verano un servidor tomaba el sol en la playa y sin comerlo ni beberlo se vio envuelto en un episodio bizarro y más propio de una novela erótica. La tecnología, esa fiel compañera que siempre nos acompaña y pocas veces nos es útil sirvió para que con la cámara de mi teléfono esta historia tuviera una prueba fotográfica.

    Un largo domingo de verano hice esta foto….
    Pareja haciendo guarrerías serxuales

  • Starom?stská radnice – Reloj astronómico

    28 de julio de 2005
    Starom?stská radnice - Reloj astronómico

    Starom?stská radnice – Reloj astronómico, originally uploaded by sulaco_rm.

    En la plaza del casco antiguo, en pleno centro histórico de la ciudad de Praga se encuentra el viejo ayuntamiento Starom?stská radnice. En una de sus torres está el reloj de la foto, un reloj astronómico que data de 1410, creado por el maestro relojero Mikuláš de Kadan? y mejorado en 1490 por Master Hanuš, que es el responsable del aspecto actual. Os sugiero que después de leer esto hagáis clic en la foto para ver las notas que he puesto en ella. Pasad el ratón sobre la misma una vez estéis en flickr y sabréis de qué estoy hablando.

    A los lados del reloj se encuentran la Vanidad, la Codicia, la Muerte y la Invasión Pagana (un turco, casualmente). Sobre el reloj hay dos ventanas a las que se asoman los doce apóstoles para saludar al dar las en punto. Siempre hay una multitud esperando este momento tan especial y este debe ser uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.

    Como dije al comienzo, este reloj está en la plaza principal del casco antiguo, auténtico corazón de la ciudad y lugar por el que circulan miles de turistas. A partir de ese punto uno se puede perder por las calles y andar hacia el barrio judío, cruzar el puente de San Carlos, sentarse en una de las múltiples terrazas y disfrutar con una cerveza o acudir a alguno de los múltiples conciertos de música clásica que se celebran continuamente.

    Puedes ver más fotos de Praga en el Álbum de fotos de Praga y comenzar a leer el relato del viaje en Día 1. Nos vemos en Praga

  • María von der Monkeys escribe sobre Sulaco

    27 de julio de 2005

    En este guiño veraniego para conocernos un poco y saber quien anda por ahí detrás hoy le llega el turno a María von der Monkeys. Siempre he sido consciente que aquí entran bastantes más de los que comentan. Algunos dejan caer un comentario de San Juan a Hábeas y otros jamás manchan estas páginas con su docta sabiduría, como algunos colegas que prefieren sistemas más personales para expresar su opinión. Centrándonos en María de los Monkeys, la primera vez que recuerdo haberla visto en estas páginas fue el 29 de Octubre del 2004, al menos firmando con ese nombre. Su alias me recordaba una página que yo solía visitar años atrás, antes de que el concepto de bitácora fuera popular, un lugar en el que un grupo de amigos interaccionaba de una forma bastante nueva.

    Cuando hace unas semanas dejé caer la idea para que los lectores escribieran, siempre tuve en mente a algunos y entre ellos estaba María de los Monkeys. Obviamente, no puedo desear que alguien que jamás comenta escriba (ya que únicamente sé de su existencia por los logs y las estadísticas), pero María era un ente real.

    No quiero extenderme más, así que vamos con las presentaciones que ya tendré tiempo de poner algo más una vez hayáis leído su texto. Es para mí un honor y un privilegio presentaros las palabras de María sobre Sulaco, que sí tiene quien le escriba.

    Pues aunque no creo que forme parte del grupo de ?lectores con pedigrí??, ya que intuyo que semejante rango se alcanza por conocimiento y no por tiempo, he decidido dejar de ?mantenerme en mi cómoda butaca?? y sentarme, aunque solo sea cinco minutillos. No sé como llegué a ?Distorsiones??, pero llegué algún día y hace ya algún tiempo, quizás un año. No son muchos los blogs que leo tan a diario como mis monos me permiten, pero Distorsiones siempre está entre los tres primeros. Esa maldad o crueldad, que muchos llevamos dentro y que la supuesta educación o diplomacia no nos permite dejar salir, me encandiló desde el principio. No era el ?qué??, era el ?cómo??, la distorsión de los detalles de la vida, lo que a veces algunos dejamos pasar por alto, lo que otros hacen durante toda su vida, tomaba forma de blog y de posts, y de varios cientos de comentarios. Distorsiones no es un entretenimiento es una puerta a la flexibilidad mental, a llegar al lugar menos insospechado de la forma más increíble y solo moviendo los ojos un par de centímetros.

    En cuanto a Sulaco?? cariño, te tengo por hermano, no se si por vivir cerca del polo Norte con esta mentalidad nuestra hispana, española, o por los fríos que pasamos, no se si por haber crecido, lo poco que yo crecí, a base de dieta mediterránea o por ser capaz de aguantar que ayer empezó el otoño aquí mientras en casa se quejan de calor, ¡del sol se quejan! ¡No sé si por quejarme de las pocas horas de luz de los 8 meses de invierno o de la falta de persianas en lo que tienden a llamar verano! Vete tú a saber, es una representación, dejando de lado la diferencia de géneros, mas bien una personalización.

    Lo que pido: que no lo dejes, Sulaco, que sigas, que llegará el día en que después de leer un post tuyo, decida abrir de nuevo el kiosco y ya no serás tu solo, seremos muchos (ya hay varios) explicando y contando y dándonos ánimos para aguantar el frío invierno en países como estos, aunque la nieve sea muy bonita, lo de la falta de luz de cuatro de la tarde a nueve de la mañana, no tiene perdón de Dios.

    Un abrazo, muchas felicidades y enhorabuena a los premiados.

    De alguna manera con tanto quejarme y tanto lamentarme debo producir la impresión de que lo voy a dejar y quiero desde ya desmentirlo. Esta página sigue tan fresca y zalamera como en sus comienzos. Mantengo la producción habitual y os puedo asegurar que se me acumulan las cosas de las que quiero escribir. Sigo yendo al cine de manera compulsiva, escuchando audiolibros y capturando esos instantes que Dios me ha permitido disfrutar y retorciéndolos tanto como puedo y quiero. Seguro que me estoy repitiendo bastante, pero eso sí que no lo podemos evitar ya que no se puede sacar más de donde no lo hay. Algún día revisaré todo lo que hay aquí dentro, retocaré algunas cosas, quitaré otras y espero que de todo ello salga el libro de mi vida vista desde una perspectiva errónea y con una lente equivocada, pero al fin y al cabo será mi libro.

    Distorsiones es el parque en el que juego, un pequeño rincón creado en un ente cibernético con vida propia y que además de permitirme jugar y pasarlo bien me ha abierto las puertas a un montón de gente que de otra manera jamás habría descubierto. Aquí nos juntamos individuos de variadas edades, de ambos sexos, con diferentes percepciones de la vida, con inquietudes políticas muy distintas, pero que dejan todo eso a un lado y durante unos minutos se limitan a estar entre amigos, sin pieles de cordero que los oculten. Ese es el secreto de Distorsiones y también su fuerza. El que yo sea el director de la orquesta es algo casual, la diversión está tanto en las anotaciones como en los comentarios.

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