Mucho se está hablando de lo que puede haber llevado a los holandeses a votar que NO a la constitución europea. Los españoles, sobrados en inteligencia y comprensión, leyeron el dichoso documento, lo asimilaron plenamente y después de meditarlo en casa decidieron votar afirmativamente. Estuvieron ayudados por una discreta campaña del gobierno que consiguió colocar en todos y cada de los periódicos anuncios a página completa, minutos y minutos en los informativos, ciudades empapeladas en carteles a favor del Sí. Con esa insignificante ayuda, los españoles decidieron que era algo bueno.
El gobierno holandés trató algo parecido. Periódicos y televisiones repitiendo machaconamente la letanía mientras los ciudadanos se preguntan como es que no hay dinero para ayudar a los ancianos holandeses, no hay dinero para hacer nuevas carreteras, no hay dinero para mejorar el decadente sistema sanitario, no hay dinero para modernizar la compañía de ferrocarriles ni sus vetustas máquinas pero sí lo hay para que todos y cada uno de nosotros demos de media novecientos euros para que en España, en Portugal, en Irlanda y en otros países se hagan todas esas obras. Ahora se añaden diez países más a la bolsa de los mendigos y los que han estado agarrados de la teta todos estos años no quieren renunciar a su dinero. Así que miran hacia arriba y dicen que tenemos que poner más. Como sé que muchos aún no sois capaces de pensar en euros, la cantidad media que aporta cada ciudadano de este país a la Unión Europea es de CIENTO CINCUENTA MIL PESETAS. Desde que estoy trabajando aquí he dado SETECIENTAS CINCUENTA MIL PESETAS para que en algún lugar de Europa, algún político corrupto se llene los bolsillos. No sólo me alegro de que ganara el no, sino que lo alenté y animé a todos mis conocidos a votar.
Si queremos una Europa unida, hagámosla entre todos y no obligando a unos pocos a pagar. Me siento como una vaca a la que le duelen las ubres de tanta leche que le han sacado. Ha sido un error el aumentar la Unión Europea sin previamente haber cimentado el nivel de desarrollo de los países que van en el vagón de cola. Lo único que se ha conseguido es que aquí y ahora, en esta tierra, nos planteemos que quizás sea mejor estar fuera de la Unión y recuperar recursos necesarios para solventar problemas dentro del país.




