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  • El piloto – Plane

    4 de febrero de 2023

    Tengo que reconocer que yo cuando vi el cartel de la película lo primero que pensé fue ¡Chacho, otra vez! porque es que el Gerard Butler ha hecho carrera salvando el universo, el planeta, los presidentes gringos y todo lo demás, que ese no hace una peli si no hay un tremendo movidón en el que salen a flote sus dotes de más-mejor guardaspaldas, piloto, soldado, espía o lo que sea y no deja malo con cabeza. Aunque esto es más bien el cine que alimenta las graves carencias intelectuales de algún comentarista que no mentaré, como siempre me río en estas pelis un montón, fui a ver Plane, que se estrena la semana que viene en España como El piloto.

    Una julay aterriza un avión en la jungla, mata a toda la gentuza musulmana del lugar y se va de copas a la disco, sin chimpún.

    Esto es como para no mear gota. Resulta que tenemos un vuelo que va desde Singapur o así a Japón o quizás sea Corea o algún otro país de esos. A medio camino, en medio de una tormenta chunguísima, les golpea un rayo truscolán y podemita y se quedan sin electricidad y llevando a un preso entre los pasajeros, pero el piloto, con dos cojones, encuentra una isla filipina con una carretera en línea recta, que es algo nunca visto en ese país, aterriza el avión sin que mueran más de dos y después, cuando un grupo de terroristas musulmanes de mielda raptan a los pasajeros, él solito con un presidiario acaba con la infección terrorista de la isla, rescata a todos los pasajeros menos a dos que eran unos tocagüevos que no veas y que mataron los terroristas y vamos, que salva al universo otra vez más.

    Yo tenía claro que iba a ver una volatada y quizás por eso, me lo pasé muy bien, la película resultó muchísimo más entretenida de lo que creía, por supuesto la historia es simplemente fantasía de la mala, como aquella de juego de mamones o el señor de los julandrillos. Gerard Butler está fabuloso y hasta con la punta de la polla es capaz de aterrizar un avión sin electricidad y que ni se le raspe con los árboles que rodean la carretera, es que lo de este chamo no está escrito. La película es ágil y cuando único tontea con gilipolleces es al principio, antes de entrar todos al avión y al final, que se pone sensiblera y demás, pero todo lo que está entre esos dos momentos, es de adrenalina por un tubo.

    Esto tiene que fascinar y alucinar a los miembros del Clan de los Orcos, que harán bien en ir con la manada al completo, hasta con las hembras. Por descontado que repelerá a los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Pudo suceder y sucedió

    3 de febrero de 2023

    Yo ya sabía que el regreso al norte desde Málaga iba a ser problemático, sobre todo porque era en el vuelo que menos me gusta, uno que tiene la ventaja que aprovecho el día en Málaga pero tiene la desventaja de llegar a Ámsterdam a una hora chunguísima. Como también sucederá con mir próximos viajes a Gran Canaria, que ya están con billete comprado, parece que ahora para conseguir billetes baratos hay que comprar trayectos sueltos y así, viajé a Málaga con Buelin y mi regreso era con transavia y puedo confirmar y confirmo que mis próximos dos viajes a Gran Canaria, que sucederán en el primer semestre del año, seguirán esa rutina pero del revés, volando de ida con transavia y regresando con Buelin. Hasta las tres de la tarde estuve con mi amigo Sergio y a esa hora, en territorio neutral, se produjo el intercambio entre él y cierta comentarista del blog, que sucede que está emparentada con él y pasé la tarde hasta la hora de ir al aeropuerto con ella. Por las aberraciones esas tan grandes que hay en España, pillé un taxi para que me subiera a la estación de tren y en el vehículo, yo y el taxista con maskarillas, igual que luego en el tren. Al llegar al aeropuerto me la quitá y fui a pasar el control de inSeguridad, que fue muy rápido y ni siquiera pusieron pegas a mi tarro de sobrasada, que yo contaba conque me lo quitaban pero que seguro.

    Después de eso sucedió un milagro, algo que en los años que llevo pasando por Málaga, nunca antes había conseguido. Mira que llevo años buscando las legendarias y épicas máquinas con las botellas de agua de un leuro pero en ese aeropuerto, jamás las había visto. Tengo claro que o han echado al joputa que impedía su instalación o se ha muerto de causas no naturales pero con esa no sentida desaparición, las máquinas ocuparon su lugar, con sus botellitas de un leuro en la parte inferior, rescondidas, como corresponde. Pagar fue una aventura porque no tenía monedas de leuro y el sistema que le han puesto para pago con tarjeta peta muchísimo, pero de alguna manera, lo conseguí y obtuve mi botella.

    Cuando indicaron la puerta de embarque, fui como el cuarto en la cola de los pobres sin prioridad porque soy plenamente consciente que tienen unas pegatinas muy limitadas en número para el equipaje y si no consigues una, te lo meten en bodega y por ahí sí que no paso. El embarque fue problemático porque el avión iba petado y pese a los anuncios cada cinco segundos, la gente metía mochilas pequeñas y abrigos en la parte superior y la tripulación los sacaba para que entraran los trolleys y bolsos grandes. Para cuando por fin acabó esa aventura, nos separaron del aeropuerto y comenzó nuestro viaje, con el piloto hablando por primera vez y para mayor terror del pasaje, descubriendo que era una hembra. Hay leyendas urbanas que cuentan que hubo una vez una hembra que quiso ser piloto, pero de ahí a que sea real hay distancias siderales y en seguida, el terror más absoluto se podía ver en las caras de todos los machos, hasta que uno, el portador de la gran sabiduría, informó al resto que no hay que preocuparse, que esas máquinas despegan, vuelan y aterrizan siempre con el piloto automático y lo de los humanos en cabina es un paripé para el populacho. La mujer piloto nos dijo que por vientos empecinados del norte, tardaríamos en llegar a nuestro destino, con lo que se jodían mis planes. El problema de ese vuelo es la hora de llegada a Schiphol, que al final hasta ganó minutos y parecía, por un instante o quizás dos, que iba a estar todo bien, hasta que la chama volvió a hablar y nos dijo que aterrizábamos en la puta Polderbaan, la pista que está en el recarajo y que nos tomaría al menos quince minutos en llegar al aeropuerto después de aterrizar. Cuando por fin aparcó, resultó que el que abre la puerta tardó diez minutos en venir y ya me era imposible pillar el último tren directo a Utrecht, así que entrábamos de lleno en los planes alternativos y cuando salí del avión, corrí, pero vamos, que corrí como si estuviera entrenando para llegar a la estación de tren del aeropuerto en el menor tiempo posible y puedo confirmar y confirmo que fui el único pasajero de aquel avión que se montó en un sprinter hacia Ámsterdam, que supuestamente me llevaba allí con el suficiente tiempo para hacer el transbordo hacia otro tren hacia Utrecht, con seis minutos en la tarea, la cual consistía en ir del andén 10b al 4b. Estábamos literalmente a un minuto de la estación central de Ámsterdam cuando el tren se paró en un semáforo y comenzaron a correr los minutos y para cuando llegamos a la estación, teníamos un minuto para el transbordo, así que tuve que volar a las escaleras, bajarlas como alma poseída por espíritu truscolán y podemita, llegar al otro andén, subir y entrar en el tren en modo estampida y lo conseguí con unos quince segundos antes de que cerraran las puertas. Ya cerca de la una de la mañana llegábamos a Utrecht Central, recogí mi bicicleta en la estación y me piré a mi keli, más muerto y agotado que vivo.

  • La cúpula de la mezquita Jumeirah

    3 de febrero de 2023

    Como la mezquita Jumeirah la tienen más bien montada como un museo en el que hasta las hembras pueden entrar si consienten en emburkarse desde las uñas negras de los pies hasta la coronilla, por dentro es muy espectacular, aunque que nadie se haga ilusiones, no es espectacular como una gran catedral católica española petada de oro y joyas, esto es más bien que a los esclavos de la India o Sri Lanka que usaron, los obligaron a pintarlo todo muy bonito y seguramente le dan nuevas manos de pintura cada tres lunas y media. Lo único que no parecía existir en esa mezquita son locales que realmente vayan allí a rezar, que yo cada vez que paso cerca de una que hay en Utrecht, aquello está petado de presuntos terroristas hasta con sus mochilas y los que no llevan mochila, tienen cara que te degüellan y te desangran al estilo Halal sin que se les cambe la chilaba.

  • Me tuvieron del tingo al tango

    2 de febrero de 2023

    No voy a entrar en profundidad en la materia porque esto no forma parte del circo, pero vamos, que algo caerá. En mi primer día en Benalmádena, ese en el que me había levantado a las dos y veinte, por la tarde, pero no muy tarde, nos fuimos a la cafetería de un hospital en Marbella, que es como lo que hace todo el mundo en su primera visita a la ciudad, que yo aún no he visto sus playas, sus avenidas, sus casoplones de moros, sus chonis naranjas de tomar el sol con máquinas de rayos ultrapúrpuras, pero oye, sí que puedo decir que estuve en la cafetería del hospital de la ciudad y cuando salimos de allí, regresando a Benalmádena, fuimos haciendo paradas. En la primera, en un sitio en Fuengirola al que he ido a comer varias veces y es fabuloso, tapeamos un poco, pero una cosa rápida. Después nos fuimos a un bar de copas, pero no eran ni las ocho de la noche y estábamos nosotros solos. Tras este, decidimos parar en el truscoñero, ya en Benalmádena, uno que está en una loma, con varias terrazas, que por si alguno duda de mí, que sucede por aquí con frecuencia, en la página güé del negocio definen como múltiples espacios aterrazados. Bueno, todos esos múltiples espacios aterrazados estaban completamente cerrados y en TODOS, TODOS, T-O-D-O-S, se podía fumar, al parecer las leyes no son para cumplimiento de todos. Estando allí, que estuvimos muchíiiiiiiiiiiiiiiiiisimo tiempo, yo ya noté que en las otras mesas de fumadores, había PUTAS, que el sabio libro de la RAE, define como PROSTITUTAS, que a su vez define como persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. En particular, había un pavo con dos putas y como que estaba aún sin decidirse, hasta que eligió a una, la avejentada pero menos orca, que la otra te la cruzas en un callejón mal iluminado y huyes aterrizado y entonces, la susodicha orca, se dedicó a menearse junto al macho de la mesa de al lado con el objetivo de robárselo a su hembra. A todas estas, tanto las dos putas como los tíos, todos fumaban, al igual que las otras putas que había en las otras mesas. Había una especie de Diyei, esos que ponen música, que era malísimo tirando a peor, pero es que en algunos momentos, se le juntaba uno que no se muy bien si tocaba una corneta o un saxofón y entonces comenzaba un número dantesco con la misma melodía durante veinte minutos y hasta más, mientras las putas o prostitutas o rameras, cortesanas, meretrices, busconas, fulanas o furcias, empezaban a agitar la caja de la mierda en movimientos supuestamente eróticos que ponían a prueba las costuras de los pantalones de plástico de bolsa de basura simulando cuero. Ellas como que centrifugaban la mierda, con sus zapatones de tacón, con sus cigarros en las manos, mirando a los hombres de los que esperaban obtener un estipendio, en un lugar cerrado en el que la gente fuma y en el que las leyes parecen estar suspendidas. Yo veía pasar las horas, allí todo el mundo seguía bebiendo y bebiendo y para cuando salimos, habían pasado veintitrés horas desde que me había levantado el día anterior, mi cerebro ya hacía horas que se había desconectado o cortocircuitado con la aberrante mezcla musical del Diyei y el cornetista y el espectáculo visual de las zurriagas.

    Cuando salimos de allí, por fin fuimos a la casa y yo conseguí dormir de un tirón casi tres horas, que a base de tomar cervezas sin alcohol y refrescos, estaba totalmente saturado de líquidos y me desperté porque iba literalmente a explotar y mearme de arriba a abajo, que casi me quedé dormido en el baño porque aquello era una película que ya se hizo y que se titulaba la historia interminable.

    Y hasta aquí voy a contar.

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