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  • El lateral del Buda de oro

    23 de diciembre de 2022

    Como contaba en la anotación anterior, el Buda lo trajeron a Bangkok en el siglo XIX (equis-palito-equis), cuando se convirtió en la capital del país y el rey quería mucho templo y mucho Buda. Lo que no he dicho hasta ahora es que la estatua estaba cubierta de escayola o algo parecido, el oro no se veía y la gente no sabía que era de oro, así que la pusieron en un cutre-templo menor, que por falta de cuidado y desganas, estaba poco menos que en ruinas y decidieron moverlo al templo actual, que aún no estaba hecho. Eso pasó en 1935 y durante veinte años tuvieron la estatua en un cutre-templo cobertizo cubierta por una plancha de metal o así, hasta 1954.

  • La terrorífica fiesta navideña

    22 de diciembre de 2022

    Esto es ciertamente algo original y que hasta. ahora no había aparecido por aquí en las décadas que lleva navegando el mejor blog sin premios en castellano. Con la nueva chamba, llegan nuevas aventuras y una de ellas fue la invitación para la fiesta navideña de la fábrica, la cual acepté. Coincidió con el día antes de yo bajar a Gran Canaria por la tarde, así que opté por trabajar desde mi keli e ir a la oficina al final del día, para así no tener el portátil conmigo y también porque fue uno de esos alegres días de invierno con temperaturas entre los seis y los dos grados bajo cero, con alerta de hielo y con huelga de algunas empresas de guaguas, entre ellas las que dan servicio en Bolduque. Como el transporte desde la fábrica hasta el local en el que hacían la fiesta era a las cinco, bajé con tiempo, yendo a la estación central de Utrecht con mi bici, pillando allí el tren y una vez en Bolduque, pillando una guagua que me dejó a algo más de un kilómetro y haciendo ese tramo final caminando. Llegué a tiempo y hasta me dio tiempo para tomarme un cafelito. Al parecer, más de doscientos julays aceptaron la invitación y algunos hasta se habían puesto sus jerséis navideños más horrendos.

    A la hora indicada llegó la guagua, nos subimos todos los que usábamos ese transporte público, que organizaron para la ida y en la vuelta podías elegir entre la opción de traerte a la fábrica, para aquellos que dejaban allí su coche, o elegir la que te llevaba a la estación de tren de Bolduque, que fue la que elegí yo, aunque en paralelo me organicé un sistema alternativo de transporte. El trayecto al local de la fiesta tomó unos veinticinco minutos y en el tramo final, había hielo en la carretera. Al parecer, el local, una especie de sala de fiesta para eventos de este tipo, en el pasado fue una discoteca, aunque definitivamente el concepto de discoteca se aleja mucho de los locales negros y bien cerrados que hay en Canarias y aquello era más bien como un gigantesco granero.

    Al poco rato de llegar, aquello estaba petado de gente y bueno, por un momento pensé que estaba en una realidad alternativa y definitivamente terrorífica, que si lo de los jerséis navideños ya me había provocado arcadas, cuando descubrí los grupos de hembras de la fábrica, mujeres ya en sus cincuenta tacos o quizás más y que se habían emperifollado y hasta hacían que Julia Robert pareciera Santa Teresa en aquella película en la que era una puta. Allí había un derroche de plásticos de colores terroríficos y que simulaban cuero y que se pegaban a aquellas lorzas y que con los maquillajes de camuflaje de marines gringos en cualquier guerra en Asia hacían que esas hembras, disfrazadas de mujeres, fueran candidatas perfectos para cualquier película de terror y hasta me podía imaginar y me imaginé una escena en la que a una de ellas le echan por encima un balde de sangre y se rechifla que no veas y nos mata a todos con sus superpoderes vaginales. Algunas de ellas hasta presionaron y posicionaron las ubres para que en lugar de estar en su posición normal junto al ombligo, sirvieran de cojín para su barbilla y las llevaban tan prietas y tan fírmes que parecían más bien Airbags disparados después de algún accidente terrible. Se agrupaban además en mesas, en grupos de seis u ocho, que parecían más bien los clanes de putas que habían acudido a una reunión de su sindicato para repartirse las esquinas de la ciudad. Los hombres, aterrorizados, en el lado opuesto de la sala, parapetados detrás de mesas por si había que tirarlas rápidamente y hacer barricadas, que allí todo era posible. Todas aquellas hembras, mostrando carnes tan blancas y pálidas que daban miedo, salían regularmente a la calle a fumar, que cuatro o cinco grados bajo cero no parecían afectarlas o quizás la grasa que acumularon durante meses en sus lorzas estaba ahora siendo usada para cubrir el déficit energético.

    En la fiesta me encontré con una de las colegas que hizo conmigo cierto curso del que ya se habló por aquí y estuve un rato con ella. En un momento determinado, el que supongo que es el director de la fábrica, o uno de los jefillos de la misma, dio un discurso navideño y para cuando acabó, anunció que se abría el bufé y probablemente aparatos sismográficos ubicados a miles de kilómetros sintieron la estampida de todos aquellos clanes de hembras cuando corrían a trincar un plato y ponerse a la cola, mientras los hombres seguían pensando en poner las barricadas y esperando que se sentaran las hembras para poder acercarse a la comida y sentarse en el lado opuesto del local. En el medio, un DJ ponía música que nadie escuchaba y la cerveza corría por miles de litros, que allí algunos bebían como si acabaran de anunciar el último cuarto de hora antes del fin del universo. Yo fui de los últimos en servirme comida y después de comer, estaba hablando con la colega que hizo el curso mentado anteriormente conmigo cuando vemos que tres de las hembras se aflojaron un poco los plásticos para provocar ondas en sus tetas y se acercaban con sus zapatos de tacón hacia el centro del local y se agitaban como la niña del exorcista cuando veía un cura con botella de agua bendita. Esas danzas de apareamiento las deberían poner en documentales, aquello era flipante y entre todas ellas, en el centro, rodeada por su guardia de amazonas de película de terror, una hembra, o un prototipo de hembra, morcillona, con lorzas considerables y que estaba claro, clarísimo, cristalino, que no hacía ni cinco lunas era un hombre y por más que la han tratado de ahogar en cubos de hormonas femeninas y por más que la han rociado con miles de litros de perfume, el macho que lleva dentro es muy fuerte y no se quiere ir, y puedo confirmar y confirmo que todos mis amigos y un servidor y hasta todos mis compañeros de instituto y de universidad, cuando alguna vez nos disfrazamos de pavas en el carnaval de las Palmas, conseguimos lo que aquella nunca logró, una apariencia de hembra más creíble. Lo mejor es como ahora vivimos en el universo ese en el que no se puede decir nada o comentar nada para que no te cancelen, allí todo el mundo miraba como si estuviéramos viendo a una Top Model flotando en una pasarela de moda, aunque algunos ya estaban sujetando las mesas para volcarlas si aquella cambiaba de dirección y decidía atacar a los machos frontalmente.

    Yo, que he visto suficientes películas de terror, era consciente que allí en cualquier momento podía comenzar la matanza y aproveché mi plan alternativo para huir y un colega me llevó en su coche a la estación de tren de Bolduque y regresé a casa sin mirar jamás hacia atrás, por si acaso veía una estampida de hembras rodeando a algo que no se puede definir corriendo detrás del tren para atraparme. Al entrar en mi keli me aseguré de tener todas las puertas bien cerradas.

    Al parecer, el dos de enero, a las nueve y media de la mañana, tendremos la ceremonia de los mejores deseos o Beste wensen, esa en la que todo el mundo se da la mano al comenzar el año y que acompañarán de café y un cacho de pan. Espero que las pavas no vayan vestidas con sus trajes de guerra y que la otra, o la otre, se quede en su casa, que en los meses que he estado trabajando nunca había aparecido por la fábrica y ahora sé la razón.

  • El Buda de oro

    22 de diciembre de 2022

    Mira que montaron todo el templo para este Buda, al que la miasma llama el Buda de oro porque lo de Phra Phuttha Maha Suwanna Patimakon como que cansa mucho, que es su nombre oficial. El chamo, que está en la posición truscolana-podemita de mendigar, pesa cinco mil quinientos kilos de oro del que cagó el moro. La estatua la han movido más que la compresa de una coja y se hizo entre los siglos XIII (equis-palito-palito-palito) XIV (equis-palito-uve). Lo construyeron en Sukhothai, de allí se lo llevaron a Ayutthaya y lo movieron a Bangkok en el siglo XIX (equis-palito-equis).

  • Lilo, mi amigo el cocodrilo – Lyle, Lyle, Crocodile

    21 de diciembre de 2022

    Reconozco que esta era una película que había pensado saltarme, solo con el cartel ya como que se me quitaban las ganas y más sabiendo que Javier Bardem es uno de los protagonistas, que sus últimas interpretaciones lo han puesto en mi lista de actores a evitar porque es que lleva una racha de hacer siempre el mismo papel que no veas y resulta cansino. Al final la película encajaba perfectamente en mi plan para un sábado de cine y por eso fui a ver Lyle, Lyle, Crocodile, película que al parecer se estrenó en España en octubre como Lilo, mi amigo el cocodrilo.

    Unos julays se mudan a una keli en Nueva York que tiene una rata gigante en el ático

    Unos panolis se mudan a la ciudad de Nueva York, la escuela para la que trabaja el chamo les pone una keli y en el ático hay un cocodrilo que canta, que es algo como super-hiper-mega normal. El chiquillo de la familia se hará amigo del cocodrilo, el propietario del susodicho regresará y vivirán alguna aventura, aunque al parecer el cocodrilo tiene pánico escénico y no quiere ni de coña cantar en público.

    Esto yo estaba convencido que era una historia tonta, que lo es, pero resultó que está bien hecha y entretiene, es un producto de consumo rápido pero que te deja contento, sirve para lo que querían. Por suerte la presencia de Javier Bardem es limitada y no llega a chafar la película. El cocodrilo, cuando canta, que al parecer no habla, es Shawn Mendez, cantante del que creo no haber escuchado jamás una canción, al menos no conscientemente y sin embargo y pese a mi ignorancia, esa carencia no ha afectado a mi vida. La película tiene unos cuántos números musicales, con ensañamiento en una canción específica que repiten unas cuántas veces y en la que Javier Bardem también interviene y nos demuestra que lo suyo no es el canto. La película es muy familiar, positiva y en ningún momento busca otra cosa, algo que se agradece. Ya si te crees que un cocodrilo puede cantar, todo lo demás es absolutamente plausible.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, como que va a ser que no. Puede que sirva como introducción al cine musical para las bestezuelas de los sub-intelectuales con GafaPasta.

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