La terrorífica fiesta navideña


Esto es ciertamente algo original y que hasta. ahora no había aparecido por aquí en las décadas que lleva navegando el mejor blog sin premios en castellano. Con la nueva chamba, llegan nuevas aventuras y una de ellas fue la invitación para la fiesta navideña de la fábrica, la cual acepté. Coincidió con el día antes de yo bajar a Gran Canaria por la tarde, así que opté por trabajar desde mi keli e ir a la oficina al final del día, para así no tener el portátil conmigo y también porque fue uno de esos alegres días de invierno con temperaturas entre los seis y los dos grados bajo cero, con alerta de hielo y con huelga de algunas empresas de guaguas, entre ellas las que dan servicio en Bolduque. Como el transporte desde la fábrica hasta el local en el que hacían la fiesta era a las cinco, bajé con tiempo, yendo a la estación central de Utrecht con mi bici, pillando allí el tren y una vez en Bolduque, pillando una guagua que me dejó a algo más de un kilómetro y haciendo ese tramo final caminando. Llegué a tiempo y hasta me dio tiempo para tomarme un cafelito. Al parecer, más de doscientos julays aceptaron la invitación y algunos hasta se habían puesto sus jerséis navideños más horrendos.

A la hora indicada llegó la guagua, nos subimos todos los que usábamos ese transporte público, que organizaron para la ida y en la vuelta podías elegir entre la opción de traerte a la fábrica, para aquellos que dejaban allí su coche, o elegir la que te llevaba a la estación de tren de Bolduque, que fue la que elegí yo, aunque en paralelo me organicé un sistema alternativo de transporte. El trayecto al local de la fiesta tomó unos veinticinco minutos y en el tramo final, había hielo en la carretera. Al parecer, el local, una especie de sala de fiesta para eventos de este tipo, en el pasado fue una discoteca, aunque definitivamente el concepto de discoteca se aleja mucho de los locales negros y bien cerrados que hay en Canarias y aquello era más bien como un gigantesco granero.

Al poco rato de llegar, aquello estaba petado de gente y bueno, por un momento pensé que estaba en una realidad alternativa y definitivamente terrorífica, que si lo de los jerséis navideños ya me había provocado arcadas, cuando descubrí los grupos de hembras de la fábrica, mujeres ya en sus cincuenta tacos o quizás más y que se habían emperifollado y hasta hacían que Julia Robert pareciera Santa Teresa en aquella película en la que era una puta. Allí había un derroche de plásticos de colores terroríficos y que simulaban cuero y que se pegaban a aquellas lorzas y que con los maquillajes de camuflaje de marines gringos en cualquier guerra en Asia hacían que esas hembras, disfrazadas de mujeres, fueran candidatas perfectos para cualquier película de terror y hasta me podía imaginar y me imaginé una escena en la que a una de ellas le echan por encima un balde de sangre y se rechifla que no veas y nos mata a todos con sus superpoderes vaginales. Algunas de ellas hasta presionaron y posicionaron las ubres para que en lugar de estar en su posición normal junto al ombligo, sirvieran de cojín para su barbilla y las llevaban tan prietas y tan fírmes que parecían más bien Airbags disparados después de algún accidente terrible. Se agrupaban además en mesas, en grupos de seis u ocho, que parecían más bien los clanes de putas que habían acudido a una reunión de su sindicato para repartirse las esquinas de la ciudad. Los hombres, aterrorizados, en el lado opuesto de la sala, parapetados detrás de mesas por si había que tirarlas rápidamente y hacer barricadas, que allí todo era posible. Todas aquellas hembras, mostrando carnes tan blancas y pálidas que daban miedo, salían regularmente a la calle a fumar, que cuatro o cinco grados bajo cero no parecían afectarlas o quizás la grasa que acumularon durante meses en sus lorzas estaba ahora siendo usada para cubrir el déficit energético.

En la fiesta me encontré con una de las colegas que hizo conmigo cierto curso del que ya se habló por aquí y estuve un rato con ella. En un momento determinado, el que supongo que es el director de la fábrica, o uno de los jefillos de la misma, dio un discurso navideño y para cuando acabó, anunció que se abría el bufé y probablemente aparatos sismográficos ubicados a miles de kilómetros sintieron la estampida de todos aquellos clanes de hembras cuando corrían a trincar un plato y ponerse a la cola, mientras los hombres seguían pensando en poner las barricadas y esperando que se sentaran las hembras para poder acercarse a la comida y sentarse en el lado opuesto del local. En el medio, un DJ ponía música que nadie escuchaba y la cerveza corría por miles de litros, que allí algunos bebían como si acabaran de anunciar el último cuarto de hora antes del fin del universo. Yo fui de los últimos en servirme comida y después de comer, estaba hablando con la colega que hizo el curso mentado anteriormente conmigo cuando vemos que tres de las hembras se aflojaron un poco los plásticos para provocar ondas en sus tetas y se acercaban con sus zapatos de tacón hacia el centro del local y se agitaban como la niña del exorcista cuando veía un cura con botella de agua bendita. Esas danzas de apareamiento las deberían poner en documentales, aquello era flipante y entre todas ellas, en el centro, rodeada por su guardia de amazonas de película de terror, una hembra, o un prototipo de hembra, morcillona, con lorzas considerables y que estaba claro, clarísimo, cristalino, que no hacía ni cinco lunas era un hombre y por más que la han tratado de ahogar en cubos de hormonas femeninas y por más que la han rociado con miles de litros de perfume, el macho que lleva dentro es muy fuerte y no se quiere ir, y puedo confirmar y confirmo que todos mis amigos y un servidor y hasta todos mis compañeros de instituto y de universidad, cuando alguna vez nos disfrazamos de pavas en el carnaval de las Palmas, conseguimos lo que aquella nunca logró, una apariencia de hembra más creíble. Lo mejor es como ahora vivimos en el universo ese en el que no se puede decir nada o comentar nada para que no te cancelen, allí todo el mundo miraba como si estuviéramos viendo a una Top Model flotando en una pasarela de moda, aunque algunos ya estaban sujetando las mesas para volcarlas si aquella cambiaba de dirección y decidía atacar a los machos frontalmente.

Yo, que he visto suficientes películas de terror, era consciente que allí en cualquier momento podía comenzar la matanza y aproveché mi plan alternativo para huir y un colega me llevó en su coche a la estación de tren de Bolduque y regresé a casa sin mirar jamás hacia atrás, por si acaso veía una estampida de hembras rodeando a algo que no se puede definir corriendo detrás del tren para atraparme. Al entrar en mi keli me aseguré de tener todas las puertas bien cerradas.

Al parecer, el dos de enero, a las nueve y media de la mañana, tendremos la ceremonia de los mejores deseos o Beste wensen, esa en la que todo el mundo se da la mano al comenzar el año y que acompañarán de café y un cacho de pan. Espero que las pavas no vayan vestidas con sus trajes de guerra y que la otra, o la otre, se quede en su casa, que en los meses que he estado trabajando nunca había aparecido por la fábrica y ahora sé la razón.

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2 respuestas a “La terrorífica fiesta navideña”

  1. Me lo he pasado genial leyendo esta entrada, es lo que echaba de menos mientras estuviste en el paro, las entradas sobre el trabajo y eventos relacionados con el… 🙂
    Salud

  2. Por pura estadística tenía que haber alguna mujer que estuviese bien proporcionada según tus gustos, solo que tú a estas alturas ya eres asexual. Criticón!

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