En algunos lugares del Wat Traimit tienen estos relieves o esculturas, no sé muy bien como llamarlos pero definitivamente, lo de la pintura y los cuadros no es de esa zona del mundo y optan por materiales que aguanten mejor el paso del tiempo y quizás que no requieran tanto cuidado, que allí hay mucha humedad, mucho calor y las pinturas les deben durar dos telediarios. En la foto vemos que hay mucho detalle, con un panoli sentado sobre el elefante, una hembra por encima que primero pensé que era un ángel pero que no tiene alas y ahora pienso que es una hembra dominante para sesiones de sadomasoquismo ya que está con su látigo dando candela de la peor y otro tipo de monstruos y bestias alrededor.
Esto hace unos años era como una gran tradición de las navidades, la anotación con el cachondeo del regalo navideño, que aquí es muy distinto que en España. Ahora que tengo chamba, regresan estas anotaciones, aunque tras la traición de flickr ya no puedo poner comentarios sobre la imagen, como hacía antes indicando cada cosilla. Ya dije que en mi primer día en el laburo, la tarea más importante no era poner en marcha mi ordenador portátil o conocer a la gente, era elegir el regalo de navidades, que habían tres tipos, el clásico, el de belleza y el de donación. Yo elegí el primero, el clásico y esta semana, el miércoles, me dieron la caja, que yo procedí a vaciar y meterlo todo en la mochila grande que había llevado a la oficina, que uno ya va preparado a estas cosas.
Cuando llegué a mi keli lo saqué todo, lo puse sobre la mesa y le hice la foto estremecedora que está sobre este texto. En estos regalos siempre hay cosas rarísimas que nunca he llegado a entender y también son cutres con ganas, aunque alguien me explicó que el cutrerismo es porque si se pasan de cierta cantidad, que ese sub-intelectual dijo que eran setenta y cinco leuros, deja de ser regalo y pasa a ser pago en especies y tiene que ir en la declaración de impuestos y por eso, nunca tenemos pata negra y peluda de cerdo marroquí, por ejemplo. Ya sé que tienen un presupuesto, pero la botella de agua con gas que está a la izquierda me parece ir demasiado por lo bajini, como las dos botellas de mini-zumos de manzana y lo de los dos vasos es un problemón porque ahora se los tengo que colocar o a mis vecinos o a la mucama, que yo esas cosas de cristal tan raro no las quiero en mi keli. Por lo demás, las cotufas, las papas fritas, el chocolate y los manises son cosas que me puedo comer y esa tabla de cortar y presentar quesos que está en la parte de atrás también será algo de lo que me tengo que deshacer. Hay una botella de una especie de vino espumoso blanco que tiene pinta de estar prohibido en muchos países por la cantidad de neuronas que te puede matar y por supuesto, lo regalaré, que en Holanda a alcohol regalado nadie le hace ascos. Así tirando por lo alto, yo creo que todo junto son menos de treinta leuros, sobre todo contando las cantidades que compran.
Una cosilla curiosa que vi en mi correo y que flipé fue un mensaje avisando a todos los que reciban regalos de empresas, que los entreguen a las recepcionistas y en la segunda semana de enero se sortearán entre todos los empleados en una lotería post-navideña. Me parece un sistema justo, ya que algunos reciben un montón de ellos sin motivo aparente, solo porque les ha tocado trabajar con empresas que tratan de comprarlos.
En esta segunda visita, entré al templo, que no estoy muy seguro de si lo llegué a hacer la primera vez que estuve allí. En la foto vemos las escalinatas de acceso a este templo en el que también hay un montón de mármol importado. El mega-retrato que se ve es del rey, que allí como que se cultiva mucho el adorarlo, aunque ese ya la diñó y el sucesor, que es su hijo, es un crápula que no veas que mayormente vive en Suiza y pasa un kilo de los tailandeses.
Llegamos al tramo final de la inmersión, que ha sido acompañada en su totalidad con música fabulosa y fastuosa y hasta maravillosa del clásico Top Gun: Maverick, película que deberían poner en iglesias y mezquitas todos los domingos para que la gente contacte adecuadamente con sus dioses. La canción en este caso es la fabulosa Darkstar, ese grandioso tema que acompaña la primera escena aérea de la película.
Comenzamos buscando el pulpo, que yo no lo veo por ningún lado, aunque sí que vi un tapaculo en la arena. Después vamos regresando al muelle para salir, mirando entre las piedras como siempre y por los colores y el incremento de luz, se ve claramente que estamos más cerca de la superficie. Pasado el segundo minuto vemos el lugar por el que saldremos del agua y hasta somos testigos del espeluznante y terrorífico movimiento del mar antes de salir del agua.
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