Acabábamos de salir de una Ola de caló del peor y ayer entramos oficialmente en la segunda y lo hicimos en el veinticinco de agosto más cálido de la historia neerlandesa, con casi treinta y dos grados y al que siguió una noche tórrida con el termómetro no bajando de los veintidós. Lo único bueno de esta segunda ola de caló es que se acabó según empezó, tuvimos los cinco días por encima de veinticinco grados y tres de ellos por encima de los treinta pero en el instante en el que se anunció la ola, ya sabíamos que hoy las nubes regresarían a nuestro cielo y al menos hasta el martes de la semana que viene estaremos por debajo de los veintidós grados, que no sé si será suficiente para arrancar del hormigón de las paredes de mi keli el calor, que la casa ya se había puesto a veintisiete grados porque no tuvimos tiempo suficiente, ni bajas temperaturas, para enfriar las kelis entre la primera y la segunda ola. En el momento en el que escribo esto y usando el sistema de la corriente eterna de aire, la planta alta de mi casa está a veintitrés grados y la de abajo sigue en unos veinticinco y ni el ventilador se va a detener en días, ni cerraré las ventanas, porque cuando haces cualquier de esas dos acciones, en cuestión de hora y media vuelves a tener veintiséis grados en la casa por la cesión de energía del hormigón a las habitaciones. Mi caso ni siquiera es de los peores, cerrando puertas y ventanas, yo más o menos he salido bien parado, algunas de las casas de mi calle están por encima de los treinta grados en el interior, mayormente por la estupidez humana, que abren puertas y ventanas cuando no deben y eso se paga. Una en particular, que está currándose la medalla de oro a la estupidez, aislaron su casa este año, inyectando el aislante entre los ladrillos de la fachada y el hormigón, que están separados por unos cinco centímetros de aire. El aislamiento ese funciona muy bien, pero claro, cuando los dueños son tan estúpidos como para dejar entrar el calor en la casa, ahora que está aislada, se les ha puesto a treinta y un grados y nadie sabe cuánto tardarán en reducir la temperatura, con lo que ahora tienen una casa con un buen aislamiento y duermen en una tienda de campaña en el jardín porque dentro de la keli no se puede dormir.
El calor este también ha hecho a mis vecinos y amigos preguntarme por algo español e italiano, las SÁBANAS, que aquí ese concepto, como en Alemania, no existe, salvo por las sábanas bajeras que tienen elástico y se agarran al colchón. En los Países Bajos se usa directamente el edredón, con sus fundas, tanto en verano como en invierno y ahora, algunos de mis vecinos han visto que yo tiendo mis sábanas, que me traje de España hace años y me preguntan que donde se compran y como se usan, así que suelo decirles que si alguna vez en su vida se han quedado en un hotel, recordarán que en el hotel tenían además de la sábana bajera, otra sábana encima de esa y que está debajo del edredón y esas sábanas, si quitas la otra capa, son fabulosas para dormir, con el único inconveniente que es algo que no se puede comprar en tiendas en el país, porque no era algo que se usara y hasta en ciertas tiendas de cierta multinacional de muebles del norte de Europa, que las tienen en sus tiendas del sur del continente, aquí no las venden, algo que seguramente cambiará, porque ahora mismo el negocio se lo están llevando los vendedores de cierta tienda onDEline con nombre de río brasileño.
Uno de los efectos más pendencieros de esta y de la anterior ola de caló es la demostración palpable que los rubios, cuando los expones a temperaturas infernales, sufren de derretimiento masivo del cerebro y empiezan a hacer estupideces, con un incremento de accidentes de coche y de bici porque la gente va como acarajotada, como uno que vi esta semana y que iba en bici haciendo eses y yo manteniendo y aumentando la distancia con el chamo porque no tenía pinta de estar muy bien. Íbamos por uno de los carriles bici de salida de mi barrio que acaba en un stop y al llegar al susodicho, el siguió de frente y tres bicicletas, que venían tanto de su izquierda como de su derecha, se estamparon contra él, otra lo consiguió evitar y yo, que lo veía venir, pasé junto a todos ellos cuando estaban levantándose y comenzando a calentarse con el totorota y seguí mi ruta. No puedo decir que es el único accidente que he visto reciéntemente porque he presenciado varios, con lo que ahora, cuando salgo con la bici, voy con un cuidado extremo o directamente no salgo en los días con mucho calor porque ya sé con lo que me voy a topar por ahí.


