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  • La segunda

    26 de agosto de 2022

    Acabábamos de salir de una Ola de caló del peor y ayer entramos oficialmente en la segunda y lo hicimos en el veinticinco de agosto más cálido de la historia neerlandesa, con casi treinta y dos grados y al que siguió una noche tórrida con el termómetro no bajando de los veintidós. Lo único bueno de esta segunda ola de caló es que se acabó según empezó, tuvimos los cinco días por encima de veinticinco grados y tres de ellos por encima de los treinta pero en el instante en el que se anunció la ola, ya sabíamos que hoy las nubes regresarían a nuestro cielo y al menos hasta el martes de la semana que viene estaremos por debajo de los veintidós grados, que no sé si será suficiente para arrancar del hormigón de las paredes de mi keli el calor, que la casa ya se había puesto a veintisiete grados porque no tuvimos tiempo suficiente, ni bajas temperaturas, para enfriar las kelis entre la primera y la segunda ola. En el momento en el que escribo esto y usando el sistema de la corriente eterna de aire, la planta alta de mi casa está a veintitrés grados y la de abajo sigue en unos veinticinco y ni el ventilador se va a detener en días, ni cerraré las ventanas, porque cuando haces cualquier de esas dos acciones, en cuestión de hora y media vuelves a tener veintiséis grados en la casa por la cesión de energía del hormigón a las habitaciones. Mi caso ni siquiera es de los peores, cerrando puertas y ventanas, yo más o menos he salido bien parado, algunas de las casas de mi calle están por encima de los treinta grados en el interior, mayormente por la estupidez humana, que abren puertas y ventanas cuando no deben y eso se paga. Una en particular, que está currándose la medalla de oro a la estupidez, aislaron su casa este año, inyectando el aislante entre los ladrillos de la fachada y el hormigón, que están separados por unos cinco centímetros de aire. El aislamiento ese funciona muy bien, pero claro, cuando los dueños son tan estúpidos como para dejar entrar el calor en la casa, ahora que está aislada, se les ha puesto a treinta y un grados y nadie sabe cuánto tardarán en reducir la temperatura, con lo que ahora tienen una casa con un buen aislamiento y duermen en una tienda de campaña en el jardín porque dentro de la keli no se puede dormir.

    El calor este también ha hecho a mis vecinos y amigos preguntarme por algo español e italiano, las SÁBANAS, que aquí ese concepto, como en Alemania, no existe, salvo por las sábanas bajeras que tienen elástico y se agarran al colchón. En los Países Bajos se usa directamente el edredón, con sus fundas, tanto en verano como en invierno y ahora, algunos de mis vecinos han visto que yo tiendo mis sábanas, que me traje de España hace años y me preguntan que donde se compran y como se usan, así que suelo decirles que si alguna vez en su vida se han quedado en un hotel, recordarán que en el hotel tenían además de la sábana bajera, otra sábana encima de esa y que está debajo del edredón y esas sábanas, si quitas la otra capa, son fabulosas para dormir, con el único inconveniente que es algo que no se puede comprar en tiendas en el país, porque no era algo que se usara y hasta en ciertas tiendas de cierta multinacional de muebles del norte de Europa, que las tienen en sus tiendas del sur del continente, aquí no las venden, algo que seguramente cambiará, porque ahora mismo el negocio se lo están llevando los vendedores de cierta tienda onDEline con nombre de río brasileño.

    Uno de los efectos más pendencieros de esta y de la anterior ola de caló es la demostración palpable que los rubios, cuando los expones a temperaturas infernales, sufren de derretimiento masivo del cerebro y empiezan a hacer estupideces, con un incremento de accidentes de coche y de bici porque la gente va como acarajotada, como uno que vi esta semana y que iba en bici haciendo eses y yo manteniendo y aumentando la distancia con el chamo porque no tenía pinta de estar muy bien. Íbamos por uno de los carriles bici de salida de mi barrio que acaba en un stop y al llegar al susodicho, el siguió de frente y tres bicicletas, que venían tanto de su izquierda como de su derecha, se estamparon contra él, otra lo consiguió evitar y yo, que lo veía venir, pasé junto a todos ellos cuando estaban levantándose y comenzando a calentarse con el totorota y seguí mi ruta. No puedo decir que es el único accidente que he visto reciéntemente porque he presenciado varios, con lo que ahora, cuando salgo con la bici, voy con un cuidado extremo o directamente no salgo en los días con mucho calor porque ya sé con lo que me voy a topar por ahí.

  • Una última vista del Phra Ubosot

    26 de agosto de 2022

    El Phra Ubosot es bastante largo y en esta vista lateral podemos ver la extensión del edificio, además de la muchedumbre que lo rodea. En la foto también se ven muchas de las cuarenta y ocho columnas que sostienen el edificio. Las columnas al parecer son de mármol y después, esta gente, que son muy chichones y no saben apreciar la belleza del mármol, les empegostaron encima los mosaicos de espejos que vemos. En la parte superior, las columnas se transforman flores de loto. A la izquierda hay unas palmeras raras que crecen muy verticalmente si quizás se quedan así por la proximidad de tanto pelo y diente falso del Buda.

  • Una historia de verano – 6 –

    25 de agosto de 2022

    Comenzó en Una historia de verano – 1

    Para Yola, el calor es sinónimo de calima, de tierra en el aire, un cielo amarillo y un bochorno infernal. Viviendo en las Palmas, una vez la primavera arrancaba y se activaban los vientos alisios, aparecía la panza de burro, una fabulosa nube que cubría la ciudad de las Palmas de Gran Canaria desde la Isleta hasta ciudad alta y hasta llegaba a cubrir la parte costera de Telde. Esa nube era una bendición y más que la panza de burro deberían llamarla el regalo de Dios o la buenísima suerte porque cuando desaparecía, cuando llegaba una tormenta de tierra del Sáhara, ahí era cuando la echabas de menos, cuando la temperatura subía por encima de los treinta grados y no había sitio en el que esconderse de ese calor que era igual de dañino a la sombra.

    De vez en cuando, esas calimas venían con sorpresa, como aquel día que Yola estaba en el patio del colegio, jugando en el recreo, cuando de repente y sin aviso alguno, comenzaron a caer langostas del cielo, unos bichos enormes, feísimos como saltamontes y que además eran muy agresivos, fueron a por los árboles del colegio “José Antonio”, unos árboles grandes, verdes y frondosos, que daban un montón de sombra en el patio y que en cuestión de minutos, se quedaron sin su capa verde, los devoraron las langostas mientras las niñas buscaban el refugio de las clases y huían gritando y corriendo.

    Yola trató de mantener la compostura, que al fin y al cabo ella era una de las niñas de las Casas Baratas y esas eran las más fuertes, pero cuando una langosta enorme se le enredó en el pelo, perdió los papeles y comenzó a darse golpes en la cabeza para intentar quitarse aquella bestia mientras desplegaba toda la potencia acústica de su voz en un grito que seguramente se escuchó hasta en el espacio y eso que dicen que allí no hay aire y tampoco hay ruido, algo que ciertamente debía ser una mentira, de igual calibre que esa otra que decía que la Tierra era redonda, que por más que Yola mirara desde su barrio hacia el mar, todo se veía plano y más plano y cuando las maestras lo explicaban en el cole, ella ciertamente no se lo creía.

    Yola entró en la clase gritando y golpeándose o quizás luchando contra la langosta, que tenía sus patas peludas enredadas en el pelo de la chiquilla y con sus alas desplegadas intentaba despegar de aquel cabezón que definitivamente no era verde. La maestra, cuando vio a Yola entrar en la clase con aquello en la cabeza, hizo lo que haría cualquier superviviente de película de terror, huyó, cerrando la puerta de la clase con llave para que Yola no escapara y contener aquella pesadilla en el lugar.

    Yola, que se las sabía todas, puso una silla contra la ventana, se subió y salió de la clase, que aquel era un colegio de planta única y las ventanas daban hacia el patio. Después siguió corriendo en busca de otros profesores, con tan mala suerte que fue directa hacia su maestra, la que acababa de huir y que de repente se vio con la chiquilla abalanzándose sobre ella con aquel bicho enorme en su cabeza, aunque la langosta ya comenzaba a mostrar daños de tanto golpe que se daba Yola en la cabeza, que ella seguía gritando y golpeándose y la langosta no podía esquivar todos los golpes que venían hacia ella.

    La maestra, demostrando que jamás la nombrarían maestra del año, del mes o de la semana, empujó a la chiquilla, que cayó al suelo y ahí, sus gritos añadieron una sutil variación, la de los llantos, porque comenzó a llorar mientras gritaba y también comenzó a sangrar en su rodilla, en donde su piel había dicho basta y se había desintegrado en contacto con el cemento del suelo.

    La monja Ana María lo vio todo y vino corriendo y le lanzó una mirada de odio infinito a la maestra, mientras ayudaba a la niña a levantarse y con un grácil gesto, le arreó un tremendo sopapo a la niña y le aplastó la langosta en el pelo y efectivamente, ese fue el final de aquella jodida langosta, aunque eso no tranquilizó a Yola, que continuó gritando y llorando mientras la monja la arrastraba al despacho de la directora para coger el botiquín y limpiarle la herida con agua oxigenada, algo que despertó el pavor más ancestral de Yola, que sabía que aquello iba a doler y la hizo gritar y llorar con más volumen, ya sin golpearse la cabeza porque la pulpa en la que se había convertido la langosta era asquerosa al tacto y Yola aún no se había visto en un espejo.

    Alrededor, las chiquillas continuaban gritando y huyendo, las maestras se escondían y las más tontas de las langostas, se lanzaban a volar y apuntaban hacia las casas de la Isleta que estaban pintadas de verde, que casualmente eran las de gente que tenía algo de dinero, que los pobres pedían la pintura gratis en el ayuntamiento y esa era siempre de una variación del color rojo que unos llamaban rojo indio, pero que mayormente era el rojo de pobre. Al menos en esa ocasión, el color salvó sus casas del ataque.

    Ese día Yola también aprendió a tener mucho cuidado en días de Calima y en la medida de lo posible, a no salir a la calle por lo que pudiese caer del cielo, que ciertamente no era nada bueno. A la maestra, jamás la perdonó y cuando su madre le hizo una tarta de galletas para que Yola se la llevara de regalo, se aseguró de comérsela con sus amigas y que la maestra jamás la recibiera, que aquella hija puta no la ayudó en el momento en el que más la necesitó.

    Continúa en Una historia de verano – 7 –

  • Vista lateral del Phra Ubosot

    25 de agosto de 2022

    Ya lo vimos en su momento desde lejos, el Phra Ubosot es el edificio principal del templo y en el que está el Buda esmeralda, pero vamos, que a mí lo uqe me fascinó fue el edificio, que es espectacular. Tiene un pórtico increíble. En este edificio también tienen lugar las ceremonias de ordenación de nuevos monjes budistas, que supongo que en Tailandia, a la hora de fardar, si te ordenan en este templo, esto es como Liga de Campeones, no hay mejor templo en el país. Por esta zona había multitud de turistas, como se puede apreciar en las fotos, que por aquí es imposible hacerlas sin que te salga una multitud en cada una.

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