Otra imagen desde la azotea del museo de la Segunda Guerra Mundial con una panorámica del río Kwai a su paso por Kanchanaburi y con el famoso puente. Esta parte de Tailandia está ya cerca de Myanmar. Se puede llegar desde Bangkok en guagua, hay un montón de servicios al día y el viaje es de creo que tres horas, con buen tráfico, cinco si tienes mala suerte.
No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla
Nos habíamos quedado alisando una de las paredes del expandido dormitorio y con un pequeño fracaso. Como aquí todo funciona con cita previa y cuando llega el fin de semana es muchísimo más difícil conseguirla, o conseguir una cita para recoger un pedido ondeline, el proceso de agenciarnos con un bote nuevo de pasta y aplicársela a la pared nos retrasó un día. En ese tiempo hice mi investigación y me empapé de los vídeos de los expertos haciendo la misma tarea y de los comentarios de la gente y se los mandé a mi vecino que también los leyó y así ambos aprendimos de nuestros múltiples errores. En el día de espera, lijamos la pared para alisarla porque es que estaba como un mar lleno de olas.
En la mañana de hechos, nos encomendamos al gran Dios de todos menos de los truscolanes, podemitas y kabezudos koreanos-de-mielda y abrimos el bote. Siguiendo las instrucciones de casi todo el mundo, lo revolvimos mejor que cualquier bruja Avería cuando prepara sus pociones y para cuando lo dejamos de revolver, la pasta estaba potando de tanto mareo que tenía. Después comenzamos, como grandes maestros de Karate Kid. Pusimos pasta en vertical con el rodillo, le dimos el viaje horizontal y nuevamente el vertical, una columna de un metro de ancho y del techo al suelo. Pasamos a la segunda columna y cuando estábamos a media, mi vecino comenzó con el alisado de la primera mientras yo seguía avanzando. Uno ponía pasta, le daba los viajes en las tres direcciones y el otro la alisaba, en perfecta sincronía.
Cuando acabamos, teníamos un perfecto muro blanco, como de escayola, sin restos de la pintura amarilla. Lo dejamos secar las horas que indicaba el bote y después de eso lo volvimos a imprimar, aunque teóricamente ya hay una capa por debajo, para no arriesgarnos y porque tenemos líquido por un tubo. De no haber hecho eso, habríamos tenido que retrasar otro día más el momento en el que íbamos a pintar la pared. Yo lo sestupito porque aquí hay algunos muy lentos, el color de la pared en este momento no es el color final, es el color del producto que se ha usado sobre la misma. En la foto, la regadera vuelve a pedirse el salir en la foto para que se vea lo gloriosa que queda delante del muro. El taburete también estaba muy contento, que ese taburete ha vivido conmigo casi el mismo tiempo que llevo en los Países Bajos, que creo que fue de las primeras cosas que compré cuando alquilé el apartamento en Hilversum allá por el año 2000, con lo que es mayor de edad pero que seguro. Tiene un hermano gemelo que siempre está en la planta baja de mi casa y que uso prácticamente a diario.
La visita al Museo de la Segunda Guerra Mundial era para este momento, para hacer fotos del puente sobre el río Kwai, sí, ese famoso puente que ha protagonizado varias películas y series y además, es que me lo curré y miré los horarios del tren turístico que lo cruza y así tener la foto con el puente y por la izquierda, el tren sobre el mismo. Otro detalle a observar es que el puente es la mega-atracción turística de Kanchanaburi y se puede visitar y caminar por el mismo, que yo lo he hecho y hay fotos e incluso cuando pasa el tren, algunos se quedan y si os fijáis en el primer pilar de la derecha, hay un grupo de julays esperando a que pase el tren. Esta foto, con tren y sin tren, debo tener como cincuenta, podríamos estar meses viendo las fotos prácticamente iguales por aquí pero nos conformaremos con esta y una panorámica.
Yo si no es porque cuando busqué información del Museo de la Segunda Guerra Mundial leí que tenía un edificio alto con un mirador con una vista fabulosa, fantástica, maravillosa y apoteósica del puente sobre el río Kwai, ni lo habría visitado y cuando me fijé en la arquitectura del edificio, la verdad que choca un poquito que lo hayan hecho tan pachanguero para tratar un tema como el de la guerra, pero oye, cada uno en su keli que haga lo que quiera.
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