Hoy vamos a decir verdades como gruños. Cuando se abrieron los cielos de mi keli y descendió del mismo una preciosa y fastuosa buhardilla, quedó claro de qué lado estaba Dios y no fue del de los terroristas musulmanes. Para probarlo, exactamente ese día que iluminó mi buhardilla con su presencia, que en la foto de abajo a la izquierda se puede ver mi buhardilla y el sol iluminándola encima, dándole su bendición y su visto bueno, ese mismo día, a unas kelis de la mía comenzó la construcción de otra buhardilla, una hecha por manos que supuestamente no tocan el alcohol y desconocen la textura del jamón serrano, del beicon, de la morcilla o de la pata de cerdo, alimentos todos básicos y sin los que no se puede ir al cielo. Frente a mi elección por un sistema en el que el trabajo está hecho en unas cuatro horas, de manera eficiente y primando el aislamiento térmico, el otro sistema implica construir poco a poco, mandar a la mierda el aislamiento y además, llenar la estructura de madera que se avejentará, necesitará mantenimiento y en veinte años comenzará a pedir, primero a grititos y después a gritazos, que la cambien porque se habrá acabado su ciclo vital. Tuve que esperar varios días porque la otra estructura no estuvo acabada hasta exactamente siete días más tarde y eso trabajando en sábado y en domingo, que al parecer la semana laboral de siete días está muy de moda entre los musulmanes. Repito que comparar ambas buhardillas desde el punto de vista del aislamiento energético es imposible porque la mía tiene el máximo y la otra es una broma de mal gusto, algo que puedo confirmar y confirmo porque viví toda su fabricación y vi todo lo que se metió ahí dentro, que fue N-A-D-A frente a los veinte centímetros de material aislante de la mía. Lo que se convirtió en el rescándalo de la calle, del barrio y de la ciudad fue el tamaño de los ventanucos de la otra. En el maravilloso sistema de comparación de imágenes que está debajo de este texto, se puede desplazar la barra central con ilusión y fantasía para ver una buhardilla o la otra o ambas. Merece la pena fijarse en el tamaño de las ventanas cristianas y en de las terroristas. Son ventanucos, que yo he volado en aviones con ventanas para los pasajeros pobres que se sientan atrás más grandes. Y si no, en esa misma foto, mirad el tamaño de la ventana del dormitorio que está una planta más abajo. Esa ventana parece tener la mitad del tamaño. En la foto no se ve pero la casa que está a la izquierda de esa tiene una buhardilla con ventanas normales y son el doble de grandes. Supongo que en esa casa el ahorro energético no es algo que interese, ya que la ventana del dormitorio que está debajo es también una mierda del copón y en invierno, con un poquito de viento, te entran unos airotes con esas ventanas en la habitación que no veas, que esa fue una de las primeras cosas que quité de mi casa y el ahorro en calefacción fue de casi el cincuenta por ciento entre el año con las ventanas mierdosas y el año con las ventanas fabulosas.




