Vamos a salir del casco antiguo de Bratislava para pasarnos por la Iglesia de Santa Isabel, aunque todo el mundo la conoce como la Iglesia azul y la razón es bastante visual. Esta pequeña iglesia de estilo modernista se construyó entre 1909 y 1913. El mosaico sobre la puerta es de la Santa mentada en el nombre de la iglesia. La iglesia parece sacada de un cuento. Vamos a ver otra foto del exterior, del lateral, que también es precioso e incluso entraremos en la misma, que dentro también es super-hiper-mega-cuca. Pasé por el lugar varias veces y la foto de hoy es de mi primera vez, en la que no pude entrar a fotografiar porque el cura estaba dando un espectáculo y además, estaba petada. Creo que en mi tercera visita ya pude entrar a verla.
A mí cuando nieva y hace frío me mola mazo, pero claro, cuando no era un atleta consumado como soy ahora, llegaban esos días y lo único que tenía que hacer era disfrutarlos como un totorota. Ahora, sufro con el drama tan grande que supone el ir a correr con un clima relativamente hostil. El sábado fue mi última salida en condiciones normales de invierno, con un par de graditos bajo cero o así pero con el suelo seco. Esa tarde comenzó a nevar y continuó nevando todo el domingo y se fue el universo neerlandés al carajo, que aquí siempre se las apañan para cagarla y para cuando empezaron a echar sal, ya era muy tarde. El domingo además, como no paraba de nevar, las rutas que yo uso para correr (o cualquier otra ruta que hubiese querido hacer) estaban intransitables y con la nieve, no estaba seguro que mis zapatillas de correr, que están diseñadas pensando en llevarme volando de un punto de inicio a un punto de final sin más preocupaciones, me aislasen correctamente del frío. El lunes era mi siguiente día de correr, que mira que tuve mala suerte cuando decidí cambiar mi rutina en la semana en la que tuvimos invierno. Por la mañana nevaba y la calle estaba blanca, así que decidí salir para explorar las posibles rutas andando y ver si se puede o no correr. Cerca de mi casa era imposible porque en mi calle no ponen nunca sal, que ponen solo en las calles que forman parte de rutas para coches o bicis y en este caso, mi calle es solo para aparcar los coches aquellos culoCochistas como otros dos que yo me sé y para entrar en las casas. Cuando llegué al punto en el que engancho con el carril bici que sale de la ciudad de Utrecht en dirección al sur, allí comenzó a aparecer sal pero el hielo y la nieve aún no se habían disuelto, con lo que estaba más bien enfangado. Eso sí, recorrí la zona y opté por esperar al miércoles, mi siguiente día según la nueva rutina, que me llevará, Dios mediante, a correr los lunes, miércoles, jueves y sábados, seis kilómetros cada vez, para un total de veinticuatro por semana, porque no quiero ser obeso como otros que no nombraré y por remarcar el dato, esta mañana después de ducharme me pesé y estaba en la friolera cantidad de sesenta y cinco kilos y cien gramos, que es la cantidad justa para que no me lleve una ventolera. Regresando al miércoles, me levanté y el plan era ir a las ocho de la mañana, pero cuando miré el termómetro y decía que en la calle había diez grados bajo cero, decidí que lo mejorcito era primero hacer unas Magdalenas del carajo, mi receta y unos Mantecados de Gran Canaria y así darle al planeta y a mi Ángel de la Guarda un poco de tiempo para que subieran la temperatura. Efectivi-wonder, cuando salí sobre las nueve de la mañana, la temperatura era de unos cuatro grados bajo cero. Por supuesto, yo con mi ropa de correr habitual en invierno, que está más bien pensada para temperaturas entre cero y diez grados, así que estaba estirando el concepto un poco. Obviamente, con los guantes de correr y la cinta que me protege los orejones. La experiencia en sí no fue mal, hacía frío, lo notaba en los dedos gordos, que tuve que resconder entre los otros porque se me estaban quedando como témpanos de hielo y también bueno, como la cara estaba desprotegida, en los alrededores de la boca se notaba el frío. Como la zona en la que echaron sal es un pelín distinta de mis rutas clásicas de correr, pensadas para dejarme lo más cerca posible de mi casa exactamente en seis kilómetros, la alternativa era o hacer un kilómetro menos, o acabar mucho más lejos, a unos ochocientos metros, que fue la que elegí.
En el documento espeluznante anterior (que es un vídeo, aunque creo que hay que darle al triángulo para poder verlo) se puede seguir esa carrera y ver el lugar en el que me detuve. Pude mantener mi ritmo habitual y tal y tal y no hubo que lamentar ningún percance con hielo. El problema fue que me paré muy lejos de mi casa y mi ropa no está hecha para protegerte cuando caminas, sino para protegerte haciendo ejercicio y en ese punto ya estaba más sudado que el conejo de LaLole. Después de caminar unos segundos me di cuenta de mi error y tuve que empezar a correr hasta llegar al puente sobre la autopista para reducir la distancia o me muero de frío.
Hoy jueves me volvía a tocar salir y de nuevo, me esperé a las nueve de la mañana, aunque esta vez, la temperatura al salir era de siete grados bajo cero. Hice la misma ruta, pero en lugar de pararme en el sexto kilómetro, continué hasta el puente sobre la autopista, con lo que tenemos una carrera un pelín más larga de o habitual. Esos tres grados más bajos sí que afectaron a mi ritmo, combinados con el cansancio de ser el segundo día de deporte consecutivo, pero aún así, estoy muy contento con el tiempo que tardé. La parte que no llevo tan bien, ni ayer ni hoy, es el minuto final de la ducha, que lo hago con el agua FRÍA y esta semana, el agua fría está fría, fría, pero que fría y para aguantar el minuto hay que tener una voluntad de hierro. Mañana patinaré en hielo natural con un amigo, como no queremos reventarnos muchos, nos limitaremos a una ruta de veinte kilómetros o así.
En mi lista de atentados contra la humanidad realizados por arquitectos, el Slovenský rozhlas o la radio Eslovaca, está super alto y posiblemente en podium. Esta pirámide invertida me da un mal llullu de-que-te-cagas, es que yo no subo a las plantas más altas ni jarto de esnifar gofio canarión. Al edificio lo llaman la pirámidey estoy seguro que hasta el más retardado de los lectores sabe por qué. El edificio se completó en 1983 y al parecer, está en la lista de los treinta edificios más horrendos y espeluznantes del universo conocido
El aterrizaje comenzó en Sobre Brujas y Rotterdam y hoy seguimos la ruta hacia el aeropuerto de Schiphol sobre la zona más poblada de los Países Bajos y parte de lo que se conoce como Randstad, que para aquellos menos intelectualmente dotados, es una conurbación, una unidad funcional creada con varios núcleos urbanos y en este caso, esa zona, con más de seis millones y medio, es el hogar del cuarenta por ciento de los julays de los Países Bajos entre los que me incluyo y me excluyo (según el viento, la marea y la fase de la luna). En el Randstad tenemos, entre otras, las ciudades de Amsterdam, Utrecht, Rotterdam y la Haya y ciento dieciséis más que son más pequeñas. Como este es un vídeo nocturno porque así de caprichoso es el Ancestral (y ahora más que se está construyendo su VillaMeón en el latifundio), tenemos cuatro minutos y pico de vuelo sobre una zona muy poblada del país. Creo que en un momento dado pasamos sobre la Haya, pero no sé decir porque con lo grabado, me resulta imposible ubicar ese momento. Esta es una de las aproximaciones al aeropuerto de Schiphol más raras, sobre todo cuando vuelas con bajo costo. En el punto en el que aterrizamos, estaremos directamente al lado de las terminales y el avión se detendrá muy pronto. Esa pista la he usado muchísimas más veces para despegar, pero supongo como ahora con el virus truscolán y podemita casi no hay vuelos, la están aprovechando para cosillas así. Se me olvida comentar que para amenizar esto, que es aburridísimo, he optado por la canción Ni Tú Ni Nadie de Alaska y Dinarama, para mí un tema que podrían reconvertir en el himno de España y seguro que cuando suena todos gritaríamos como becerros y lo cantaríamos con una pasión que asustaría al resto de los países en los Juegos Olímpicos, que me río yo de los de Nueva Zelanda si antes de un partido con ellos todos les gritamos cantando con esta canción. Decir que por causas ajenas a mi falta de voluntad, al parecer la música no sonará en gringolandia y países ocupados, que a mí me la suda bastante. En el próximo segmento, por fin (lavado sea el señor) aterrizaremos y podremos regresar a los vídeos de buceo, que son más didácticos.
This website uses cookies
Esta página web usa cookies para recordar tu nombre si comentas. Asumimos que no te importa pero si te molesta, puedes elegir quedar fuera.AceptarRechazarLeer más
Privacy & Cookies Policy
Privacy Overview
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these cookies, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may have an effect on your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.