El aterrizaje comenzó en Sobre Brujas y Rotterdam y hoy seguimos la ruta hacia el aeropuerto de Schiphol sobre la zona más poblada de los Países Bajos y parte de lo que se conoce como Randstad, que para aquellos menos intelectualmente dotados, es una conurbación, una unidad funcional creada con varios núcleos urbanos y en este caso, esa zona, con más de seis millones y medio, es el hogar del cuarenta por ciento de los julays de los Países Bajos entre los que me incluyo y me excluyo (según el viento, la marea y la fase de la luna). En el Randstad tenemos, entre otras, las ciudades de Amsterdam, Utrecht, Rotterdam y la Haya y ciento dieciséis más que son más pequeñas. Como este es un vídeo nocturno porque así de caprichoso es el Ancestral (y ahora más que se está construyendo su VillaMeón en el latifundio), tenemos cuatro minutos y pico de vuelo sobre una zona muy poblada del país. Creo que en un momento dado pasamos sobre la Haya, pero no sé decir porque con lo grabado, me resulta imposible ubicar ese momento. Esta es una de las aproximaciones al aeropuerto de Schiphol más raras, sobre todo cuando vuelas con bajo costo. En el punto en el que aterrizamos, estaremos directamente al lado de las terminales y el avión se detendrá muy pronto. Esa pista la he usado muchísimas más veces para despegar, pero supongo como ahora con el virus truscolán y podemita casi no hay vuelos, la están aprovechando para cosillas así. Se me olvida comentar que para amenizar esto, que es aburridísimo, he optado por la canción Ni Tú Ni Nadie de Alaska y Dinarama, para mí un tema que podrían reconvertir en el himno de España y seguro que cuando suena todos gritaríamos como becerros y lo cantaríamos con una pasión que asustaría al resto de los países en los Juegos Olímpicos, que me río yo de los de Nueva Zelanda si antes de un partido con ellos todos les gritamos cantando con esta canción. Decir que por causas ajenas a mi falta de voluntad, al parecer la música no sonará en gringolandia y países ocupados, que a mí me la suda bastante. En el próximo segmento, por fin (lavado sea el señor) aterrizaremos y podremos regresar a los vídeos de buceo, que son más didácticos.
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El castillo de Bratislava desde el Slavín

Desde el Slavín, el castillo de Bratislava se ve al mismo nivel y a la izquierda podemos ver el OVNI del puente. Toda la zona que rodea esta colina es de puro lujo Merilleín, con las kelis de los embajadores y demás. En la subida hasta el lugar posiblemente pillaron mi foto en cienes y cienes de cámaras de seguridad, que según iba para arriba pensaba más bien si allí no sería donde viven los narcotraficantes de ese país.
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Haciendo camino en la nieve
Cuando al comienzo de la semana pasada el instituto nacional de meteorología anunciaba que a partir del fin de semana iba a llegar un frente frío e íbamos a tener nieve todos nos partíamos la polla de risa porque esos mismos han anunciado el mismo evento dos veces antes este invierno y al final, en los días predichos, no pasaba nada. Así, visto el desinterés de todos y la falta de credibilidad, según se acercaba el día, incrementaban el dramatismo y el viernes ya decían que el sábado por la tarde comenzaría a nevar y seguiría haciéndolo durante al menos doce horas y subieron el nivel de alerta al color amarillo porque la nieve vendría acompañada de vientos fortísimos. Uno es incrédulo pero no tonto, así que me aseguré de estar aprovisionado que ya me conozco a la tropa y sé lo que sucede, que aquí todos somos superiores a las razas inferiores del sur hasta que caen cuatro milímetros de nieve y se escoña todo porque a uno se le olvidó encender los calefactores de los cambiadores de raíles, el otro canceló la compra de sal para poner en carreteras y el tercero alquiló las máquinas de poner sal a otro país porque era una pena tenerlas en las cocheras. El sábado por la mañana los del instituto ese de brujería subieron el color de la alerta a naranja y ya decían que nevaría todo el domingo y seguramente incluso por la noche y habría vientos terribles y la sensación térmica sería monstruosa y de nuevo, como que se les veía un poquito melodramáticos con tanto confinamiento, que parece que se están poniendo melosos como la fruta confinada. Por la tarde, ya tiraron la keli por la ventana y cambiaron el color de la alerta al rojo, el máximo y directamente decían que la gente se quedara en sus kelis, que nadie saliera para no morir y que nos íbamos a tomar por culo en cuesta abajo y sin frenos. Después comenzó a nevar, sobre las siete de la tarde y era una preciosidad, una nieve muy suave, que caía de noche y que no molestaba, sin el dramatismo que le anticipaban. El domingo por la mañana, el país amaneció con el verde habitual cambiado por el blanco y seguía nevando y ahí sí que había viento, un viento que empujaba la nieve de un lado a otro, la movía y que cuando te daba de frente, hacía que la sensación de temperatura bajara un montón de grados, ya que no es lo mismo cuatro grados bajo cero sin viento que con ventolera, que te los hace sentir como si fueran doce. Por supuesto que salí a la calle, como todo el mundo, para pasear y ahí pude comprobar que las autopistas se detuvieron porque se les olvidó echar sal y limpiar la nieve, leí que los trenes jamás llegaron a circular ese domingo porque les daban miedo los diez centímetros de nieve que teníamos y por supuesto, las agujas para cambiar de vía se congelaron, los autobuses también se quedaron en sus cocheras y regresamos al concepto de poblacho, en el que el mundo es solo aquello que tienes en un radio de un kilómetro a tu alrededor. Como no paraba de nevar, no se podía hacer nada y dejamos estar la nieve e hicimos fotos, muchísimas fotos. En mi paseo ya tenía claro que al día siguiente, el lunes, no podría ir a correr porque una cosa es ir por un caminito y otra muy distinta correr por la nieve o el hielo. El lunes por la mañana, se detuvo la nieve.

La cantidad total de nieve, se puede ver en la foto anterior, no fue demasiada, aunque suficiente para doblegar el sistema ferroviario holandés durante cuarenta y ocho horas y transformar las autopistas en carreteras con un solo carril abierto y todos en fila porque los otros carriles estaban helados. La foto anterior la hice antes de ponerme a hacer un caminito para poder transitar por el jardín de mi keli, que si los gurús de la meteorología y quiromancia tienen razón, íbamos a estar bajo cero al menos una semana. Saqué mi pala, me puse al tajo y después de un rato, la cosa pintaba de otra manera:

Puede parecer una chapuza del copón, pero después de hacer la foto, saqué el cubo con cinco kilos de sal para nieve que tenía comprado desde dos años antes y básicamente, gasté cuatro kilos en el sendero que acababa de hacer. Mi vecino limpió también su caminito, pero le puso un pelín de sal, un par de puñaditos porque yo creo que quiere llegar a los ochenta años con esos cinco kilos de sal. El resultado, del que no tenemos foto, es más visible hoy. En mi jardín, hay un sendero claramente delimitado y en el que no hay hielo y por el que se puede ir con seguridad. En su caso, esta mañana lo vi echando sal a destajo después de la bronca que le echó su mujer porque ahora tienen que caminar no por el camino, sino por fuera del mismo, porque aquello es una trampa mortal de hielo. Durante la noche llegamos a estar por debajo de los doce grados bajo cero y en algunos lugares incluso más en negativo y en algunos zoológicos tuvieron que meter a los pingüinos en refugios porque al parecer, las razas que muestran no aguantan una temperatura tan baja. Los ayuntamientos, el sábado, cerraron muchos canales al tráfico de barcos y con las esclusas que tienen casi todos para evitar el movimiento de agua. El objetivo, la creación de hielo, ya que en un país con toque de queda y sin tiendas, bares o restaurantes abiertos y sin ninguna posibilidad de ocio, lo de tener canales helados para patinar sobre hielo es como una bendición y aquí ya todos son expertos que miden el grosor del hielo y lo miman para que siga creciendo y es lo más normal del mundo el cruzarte con un chamo que está cerca de un canal y que lleva en la mano un taladro de esos con batería y el chamo no es un asesino en serie o el malo de una película de terror, simplemente, está haciendo agujeros en el hielo para poder medir el grosor. Yo por si acaso, ya he quedado para ir a patinar el viernes por la tarde y hacer una rutilla de veinte o treinta kilómetros, que es algo para lo que me preparé durante toda mi juventud yendo a patinar con los colegas en las Palmas. El resto de los días, iré a los canales aquí en Utrecht que tenemos lugares preciosos para patinar en el interior de la ciudad.
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El Slavín

Visto de cerca el Slavín echa un tufo a mausoleo comunista que no veas. El obelisco sobre el edificio alcanza casi los cuarenta metros de altura y en el lugar hay seis tumbas colectivas y doscientas y pico individuales con lo que la población rusa del monumento es de cerca de siete mil soldados. En el interior del salón hay un enorme sarcófago de mármol blanco, pero creo que en ese no metieron a nadie por aquello de que la gente lo venga a adorar. Lo mejor del lugar son las vistas de la ciudad, que veremos en la próxima foto.
