Haciendo camino en la nieve

Cuando al comienzo de la semana pasada el instituto nacional de meteorología anunciaba que a partir del fin de semana iba a llegar un frente frío e íbamos a tener nieve todos nos partíamos la polla de risa porque esos mismos han anunciado el mismo evento dos veces antes este invierno y al final, en los días predichos, no pasaba nada. Así, visto el desinterés de todos y la falta de credibilidad, según se acercaba el día, incrementaban el dramatismo y el viernes ya decían que el sábado por la tarde comenzaría a nevar y seguiría haciéndolo durante al menos doce horas y subieron el nivel de alerta al color amarillo porque la nieve vendría acompañada de vientos fortísimos. Uno es incrédulo pero no tonto, así que me aseguré de estar aprovisionado que ya me conozco a la tropa y sé lo que sucede, que aquí todos somos superiores a las razas inferiores del sur hasta que caen cuatro milímetros de nieve y se escoña todo porque a uno se le olvidó encender los calefactores de los cambiadores de raíles, el otro canceló la compra de sal para poner en carreteras y el tercero alquiló las máquinas de poner sal a otro país porque era una pena tenerlas en las cocheras. El sábado por la mañana los del instituto ese de brujería subieron el color de la alerta a naranja y ya decían que nevaría todo el domingo y seguramente incluso por la noche y habría vientos terribles y la sensación térmica sería monstruosa y de nuevo, como que se les veía un poquito melodramáticos con tanto confinamiento, que parece que se están poniendo melosos como la fruta confinada. Por la tarde, ya tiraron la keli por la ventana y cambiaron el color de la alerta al rojo, el máximo y directamente decían que la gente se quedara en sus kelis, que nadie saliera para no morir y que nos íbamos a tomar por culo en cuesta abajo y sin frenos. Después comenzó a nevar, sobre las siete de la tarde y era una preciosidad, una nieve muy suave, que caía de noche y que no molestaba, sin el dramatismo que le anticipaban. El domingo por la mañana, el país amaneció con el verde habitual cambiado por el blanco y seguía nevando y ahí sí que había viento, un viento que empujaba la nieve de un lado a otro, la movía y que cuando te daba de frente, hacía que la sensación de temperatura bajara un montón de grados, ya que no es lo mismo cuatro grados bajo cero sin viento que con ventolera, que te los hace sentir como si fueran doce. Por supuesto que salí a la calle, como todo el mundo, para pasear y ahí pude comprobar que las autopistas se detuvieron porque se les olvidó echar sal y limpiar la nieve, leí que los trenes jamás llegaron a circular ese domingo porque les daban miedo los diez centímetros de nieve que teníamos y por supuesto, las agujas para cambiar de vía se congelaron, los autobuses también se quedaron en sus cocheras y regresamos al concepto de poblacho, en el que el mundo es solo aquello que tienes en un radio de un kilómetro a tu alrededor. Como no paraba de nevar, no se podía hacer nada y dejamos estar la nieve e hicimos fotos, muchísimas fotos. En mi paseo ya tenía claro que al día siguiente, el lunes, no podría ir a correr porque una cosa es ir por un caminito y otra muy distinta correr por la nieve o el hielo. El lunes por la mañana, se detuvo la nieve.

La cantidad total de nieve, se puede ver en la foto anterior, no fue demasiada, aunque suficiente para doblegar el sistema ferroviario holandés durante cuarenta y ocho horas y transformar las autopistas en carreteras con un solo carril abierto y todos en fila porque los otros carriles estaban helados. La foto anterior la hice antes de ponerme a hacer un caminito para poder transitar por el jardín de mi keli, que si los gurús de la meteorología y quiromancia tienen razón, íbamos a estar bajo cero al menos una semana. Saqué mi pala, me puse al tajo y después de un rato, la cosa pintaba de otra manera:

Puede parecer una chapuza del copón, pero después de hacer la foto, saqué el cubo con cinco kilos de sal para nieve que tenía comprado desde dos años antes y básicamente, gasté cuatro kilos en el sendero que acababa de hacer. Mi vecino limpió también su caminito, pero le puso un pelín de sal, un par de puñaditos porque yo creo que quiere llegar a los ochenta años con esos cinco kilos de sal. El resultado, del que no tenemos foto, es más visible hoy. En mi jardín, hay un sendero claramente delimitado y en el que no hay hielo y por el que se puede ir con seguridad. En su caso, esta mañana lo vi echando sal a destajo después de la bronca que le echó su mujer porque ahora tienen que caminar no por el camino, sino por fuera del mismo, porque aquello es una trampa mortal de hielo. Durante la noche llegamos a estar por debajo de los doce grados bajo cero y en algunos lugares incluso más en negativo y en algunos zoológicos tuvieron que meter a los pingüinos en refugios porque al parecer, las razas que muestran no aguantan una temperatura tan baja. Los ayuntamientos, el sábado, cerraron muchos canales al tráfico de barcos y con las esclusas que tienen casi todos para evitar el movimiento de agua. El objetivo, la creación de hielo, ya que en un país con toque de queda y sin tiendas, bares o restaurantes abiertos y sin ninguna posibilidad de ocio, lo de tener canales helados para patinar sobre hielo es como una bendición y aquí ya todos son expertos que miden el grosor del hielo y lo miman para que siga creciendo y es lo más normal del mundo el cruzarte con un chamo que está cerca de un canal y que lleva en la mano un taladro de esos con batería y el chamo no es un asesino en serie o el malo de una película de terror, simplemente, está haciendo agujeros en el hielo para poder medir el grosor. Yo por si acaso, ya he quedado para ir a patinar el viernes por la tarde y hacer una rutilla de veinte o treinta kilómetros, que es algo para lo que me preparé durante toda mi juventud yendo a patinar con los colegas en las Palmas. El resto de los días, iré a los canales aquí en Utrecht que tenemos lugares preciosos para patinar en el interior de la ciudad.

Por sulaco

Maximus Julayus

4 comentarios

  1. Lo de patinar en hielo tiene que molar.

    Se supone que hay otra súper borrasca del norte y confían en que no baje a Europa y la mantengan ahí arriba una serie de borrascas más pequeñas que se están formado más abajo. Pero si llega a bajar esa se van a cagar o mejor dicho helar.

  2. Con la tormenta Filimena, donde yo vivo tuvimos -9º y aqui nunca hace demasiado frío. La nieve es muy bonita, pero para un rato.
    A ver si sale mi comentario, que comento poco, pero la mitad de las veces no salen publicados.

  3. Aquí de Filomena ni nos enteramos, el mar un poco loco y nada más. Bueno, un poco loco aquí le llamamos a olas de ocho metros, que cuando nos dicen que vienen vientos de 80 km/h nos echamos a reír ya.
    sulaco, míralo por el lado bueno, gracias a la pala has hecho ejercicio a destajo, con suerte te sale algún músculo y todo. 😛

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