Caminando por la jungla tu cerebro trabaja a la velocidad máxima. Vas mirando hacia todos lados tratando de identificar serpientes, tarántulas, truscolanes y cualquier otra chusma y gentuza que te pueda hacer pupita de la mala, todo eso mientras una nube de mosquitos toman turnos para atacarte. En ese entorno hostil, en el que además por los bajos vas siempre mirando para evitar que se te pegue o alguna garrapata o sanguijuela, me crucé con una mariposa que estaba allí, posada, o descansando o esperando por algo. El diseño con esos triángulos en sus alas me gustó y le hice una foto. Este fue seguramente el único animal que no intentó atacarme o comer de mi. Como curiosidad, la palabra mariposa parece que es de las pocas que no se transmite entre idiomas, aunque el español gana por goleada. En inglés es butterfly (pronunciado truscoluña no es nación o baterflai), en italiano es farfalla (pronunciado farfala) y en neerlandés es vlinder (pronunciado también como truscoluña no es nación o en su defecto, flinder). El ala derecha de la mariposa de la foto ya ha sufrido algún daño.
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La jungla
Vamos a terminar la serie de Chiang Mai con esta foto, en uno de los claros mientras regresábamos por la jungla y donde se puede ver la cantidad brutal de vegetación que hay en el lugar. Es una pena que las fotos no puedan tener sonido porque pese a no verse un pájaro o algún animal, el ruido es increíble, hay trillones y trillones y hasta cienes y cienes de insectos y otros animales gritando desgañitados sin parar, es una sinfonía que nunca parece detenerse. Sobre todo unos que suenan similares a los grillos pero que cuando pones unos cuantos miles a hacer el ruido simultáneamente, como te molesten los ruidos para dormir las vas a pasar putas en ese lugar, entre los mosquitos comiéndote vivo y el ruido a tu alrededor.
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En la jungla
Otra foto del río escondido en la jungla. Por ahí debajo está el sendero que seguíamos. La caminata fue siempre en bajada, desde la montaña regresando hacia la zona en la que se encuentra Chiang Mai. Como experiencia fue fantástica y algo que merece la pena hacer pero en lo que a mí respecta, yo ya no vuelvo a hacer una caminata en la jungla, en la selva o en cualquier sitio así en mi vida. Ya tuve bastantes mosquitos y por muy espectacular que sea, si lo has hecho una vez, es más de lo mismo.
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Atletilla
Desde que comenzó el encierro, desde el primerito de los días, comencé a hacer ejercicio diario usando un programa en mi iPad. Todos los días es el mismo drama, no lo quiero hacer, pero entonces me pregunto a mí mismo si quiero ser obeso como algunos de los comentaristas que no vamos a mentar y como la respuesta es no, pues me pongo a ello. Al principio, allá cuando estaba en el primer nivel, con un ciclo de doce ejercicios de treinta segundos y hasta quince segundos de descanso entre ellos, acababa baldao. Tenía la fuerza en los brazos de un recién nacido, algo que se esperaba si tenemos en cuenta que yo solo uso los dedos para teclear. Con los otros ejercicios iba un poco mejor, pero también me quemaba. Fueron pasando los días, las semanas y me fui viendo mejor y el programa, en base a lo que yo ponía al acabar la sesión, me fue poniendo ejercicios más difíciles y subiéndome de nivel, hasta que llegué al quinto nivel, que es lo máximo para ellos. Ya desde el tercer nivel, me metían tres ciclos, cada uno con doce ejercicios de medio minuto y según iba mejorando, reducían el tiempo de recuperación entre ejercicios de quince a diez segundos y finalmente a cinco. Ahora, en el punto en el que me encuentro, estoy con tres ciclos y cinco segundos entre ejercicios y los ejercicios son todos de nivel fuerte o supremamente-fuerte.
En aquellos tiempos lejanos de marzo, si me tocaba un ejercicio de flexiones, que los hay siempre, era prácticamente incapaz de hacerlas y ahora, me meten uno detrás de otro y yo me río del programa.
Una cosilla que he descubierto cuando hago gimnasia es que el contenido de mi cabezón, eso que llaman cerebro, no rige muy bien, igual por la falta de aire y al principio me agobiaba que no veas. Trataba de contar los ejercicios, es decir, doce si hay un ciclo y me perdía, de repente no sabía si ya había hecho seis o no, es como si la información se borrara de la cabeza. Según fui avanzando de nivel e incrementaron el número de ciclos, la cosa empeoró, ahora tenía por ejemplo dos ciclos de doce y en el segundo no tenía ni puta idea de cuántos faltaban. Tras pruebas de todo tipo, descubrí que si vinculo el recuento a un ejercicio me acuerdo mucho más. Así, cada ciclo de doce está dividido a su vez en tres tandas de cuatro ejercicios, con el primero enfocado a subir el ritmo del corazón, el segundo trabaja los músculos inferiores, el tercero es siempre con los músculos superiores, mayormente flexiones y el cuarto es un ejercicio para recuperar, así que si cuento ese último, tengo una idea de por donde voy. Con tres ciclos y cada uno de ellos con tres tandas, solo tengo que contar de uno a nueve y lo hago en el fácil y lo increíble es que funciona, que se me acabaron los problemas, ahora llego al cuarto ejercicio y hago una cuenta perfecta de uno a tres en el primer ciclo, de cuatro a seis en el segundo y de siete a nueve en el tercero. Para que quede menos claro, decir que el segundo y el tercer ciclo son idénticos al primero.
Hoy, al darle mi opinión sobre lo que me pareció le dije al programa que lo que me mandó no fue duro, fue más bien aceptable, así que o me lo complica más o ya estoy llegando al punto en el que tengo que cambiar a otro programa más sofisticado.
Y cada segundo día, esto se complementa con los seis kilómetros corriendo y en los que no corro, camino.




