Mi día final era para pasarlo en aviones y aeropuertos y comenzó temprano, con ducha y empaquetando todo lo que me llevaba y dejando todo el lastre atrás, que habiendo facturado en la ida, ahora todos los líquidos se quedaban allí para no tener que facturar. Como opté por desayunar en el restaurante, fui desde el hotel e hice el pedido pero tardaron lo que no está escrito. Cuando por fin llegó la comida, me encochiné a toda prisa, pagué y bajé a pillar el ferry que me llevaba al aeropuerto, que está a cinco minutos en barco o a un cuarto de hora o media hora en coche entre atascos.
Ya en el aeropuerto, la cola para facturar era gigantesca y avanzaba muy despacio. Yo tenía dos horas y media antes del vuelo, pero aquello se movía muy pero que muy despacio. Además, en el mostrador de primera clase, que estaba vacío, los empleados solo ponían a facturar grupos de emburkadas sin macho. Cuando los de la aerolínea se dieron cuenta que íbamos a despegar con retraso, dieron unos cuántos gritos y pusieron a ese hatajo de gandules a laburar. Todos ya habíamos sacado nuestras tarjetas de embarque por internet, pero en el aeropuerto de Malé, si no la tienes en papel, los del control de pasaporte te rechazan, como me pasó a mí en una ocasión. Al llegarme mi turno, le dije a la pava que si me podía cambar y poner en ventana para hacerle un vídeo al Ancestral, que chochea mucho y siempre los pide y la chama lo hizo y me cambió a pasillo en mi segundo vuelo y me quitó del temido asiento del medio. Una vez con mí tarjeta de embarque, fui a la segunda cola dantesca, a que me sellaran el pasaporte y después de esa, a la tercera, la del control de INseguridad, con lo que cuando terminé, ya estaban embarcando las hembras con burkas, las familias con niños, aunque en esos países el concepto de niño incluye a los MENAS, con lo que a veces ves a un niño que aparenta veintitrés, con su chupachú en la boca para engañar. Como supuestamente embarcan por zona, me senté y para cuando me llamaron, ya solo quedábamos unos pocos, unos cuarenta. Como la terminal nueva sigue sin abrir, nos llevan al avión en guaguas y parece que el guagüero se marchó a fumarse un pitillo y no venía y los de allí se estaban poniendo cada vez más y más nerviosos diciendo que era la última llamada, pero nadie entraba porque no había guagua en la que meternos. Cuando por fin apareció el guagüero, algunos de los de la aerolínea le echaron un tremendo mal de ojo y entramos a la guagua y nos llevó al avión y a esa misma hora, deberíamos estar saltando al aire, así que la tripulación animaba a la gente a correr y sentarse para cerrar la puerta, quitar el freno de mano y salir por patas. Tuvimos unos veinte minutos de retraso que recuperaron más o menos en el vuelo. En el despegue vemos los atolones alrededor de Malé, muy bonito.
Ya en el aire, nos trajeron el papeo y yo aproveché para ver episodios de mis series favoritas y no dormir, que después llego a mi keli desvelado. Cuando aterrizamos, el chófer aparcó en las puertas «E» del aeropuerto y mi avión a Ámsterdam salía desde allí mismito, pero como el aeropuerto de Doha es una cagada y lo que quieren es que vayas de compras, nos obligan a caminar un kilómetro hasta llegar al sitio en el que están los inútiles que hacen un nuevo control de INseguridad, aunque no vieron ni los líquidos ni la tableta en mi mochila, que ni me molesté en sacarlos. Después tuve que andar el kilómetro de vuelta hasta mi zona y me senté en un butacón a esperar el embarque.
En este segundo avión, entramos rapidito y sin problemas. A mi lado se sentaban dos pavas, que por el sobeo entre ellas, las apuestas eran muy altas a que eran bolleras. Se nota un montón que los días ya son muy cortos. Salimos de allí a las 3 de la tarde, nos dieron el papeo y al rato, ya nos perseguía la oscuridad y aunque supuestamente volamos de día, después de las dos primeras horas, el vuelo era nocturno. Yo me volví a centrar en ver episodios de series y jugar para no dormirme. Las pavas se jincaron como tres gintonic cada uno y estaban medio borrachas, se les caían las cosas y después no las encontraban en el suelo, aparte de que no hay espacio en los aviones para que te agaches a buscar algo, vamos empotrados entre asientos. Tuvimos unos cuantos zandungueos de turbulencias, pero por lo demás, el vuelo fue bien, solo que al tener el viento en contra, la llegada se iba retrasando y al despegar supuestamente aterrizábamos con media hora de adelanto y a medio camino ya aterrizábamos con un cuarto de hora de retraso. Después de aterrizar, me posicioné para salir lo antes posible y una vez en la terminal, solté todo el aire que acumulé con las dos compresiones y descompresiones y metí el turbo para ir al control de pasaportes y usé el truco que no contamos para no hacer cola y en menos de treinta segundos, estaba en la terminal y caminando ligerito a la estación de tren.
Allí me enteré que habían retrasos y tuve que esperar el tren casi veinte minutos, pero al llegar a Utrecht empaté con el que me lleva a mi barrio inmediatamente y al final, no tuve retraso. El tramo final, novecientos metros caminando a mi keli. En horario central EuropeDo, me levanté a las tres de la mañana y llegué a mi keli a las diez y media de la noche, o sea, un palizón. Estaba tan cansado que me desvelé y me costó un gran rato el dormirme, aparte del shock de estar en un ambiente en el que la temperatura no era de casi treinta grados todo el tiempo, que estábamos a unos doce y dentro de mi keli, a diecinueve y medio.
Y así acabaron las dos semanas buceando en las Maldivas