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  • La estupa del Wat Lok Moli

    10 de abril de 2020

    De alguna manera la conseguí evitar en las otras tres fotos pero no hay templo budista sin su estupa o chedi o como la queráis llamar y esta es la del Wat Lok Moli. La estupa, como sabe sobradamente cierto comentarista ancestral que ya se mamó las series de Birmania y Vietnam y otros países de la zona, es una construcción hecha para contener reliquias y así, yo soy uno de los pocos seres humanos que se conocen que sabe perfectamente que el tal Buda era un super-dotado de los dientes y el pelo, ya que yo he podido estar en centenares de templos en los que sus estupas tenían uno o varios dientes del Buda y melenas del colega, con lo que debía tener algún tipo de enfermedad que le hacía crecer dientes de leche únicamente o aquí hay mucho tongo. En la que vemos, pusieron cenizas de varios reyes de la dinastia Mengrai, que se dice que es originaria de truscoluña, que no es ni fue nación.

  • Las nuevas rutinas

    9 de abril de 2020

    Los tiempos que nos ha tocado vivir nos han obligado a un brutal cambio de nuestras rutinas, que desarrollamos, evolucionamos y mimamos durante toda la vida y que procuramos parchear lo mínimo posible. De repente, de un día para otro, todo se va al carajo y te sientes como un pez fuera del agua. Cosas que dabas por sentadas y en las que ni pensabas ya no están ahí, como el ir al trabajo, usando la bici, un tren, caminar por la estación central de Utrecht y coger otro tren y al llegar al destino pillar la otra bici para llegar a la oficina. Eso desapareció. El tomar un café prácticamente cada hora, desapareció también. El visitar a los compañeros que están haciendo cosas relacionadas con mis proyectos, eso es historia. Conspirar contra el vicepresidente de la empresa, eso lo sigo haciendo pero por otros canales, menos divertidos porque el mayor gozo de la conspiración, es que te vean conspirando en la máquina de café y que sepan que lo están haciendo y ahora, la clandestinidad mata la conspiración, no hay alegría en el tema. Volver a casa ya no es necesario al finalizar el trabajo porque estoy en casa y ahora, en las reuniones, tengo los caretos de todo el mundo delante mío e igual ellos te critican a ti, que has decidido ducharte a mediodía y te ven con el pelo ese que a veces se te deforma durmiendo y adquiere una forma lunática. Sobre todo eso, la restricción de movimientos, el zoológico, ya que ahora estamos en una jaula y nos movemos en ella, aunque en los Países Bajos hemos tenido suerte y dentro de las limitaciones, se nos permite salir a pasear, a comprar, a hacer deporte siempre y cuando lo hagas solo o en grupos de menos de tres y siempre con un metro y medio entre ellos. La experiencia de comprar se ha vuelto surrealista. Llegas al super e igual es la hora de los mayores de setenta y no puedes entrar pero digamos que sí es la hora del resto. A la entrada te obligan a coger un carrito del super enorme y además, entrar solo y moverte siempre con el carro y con un límite de clientes. En eso que quieres manzanas pero ese día no las hay, o lo que falta es el papel higiénico (ya no), o no hay huevos pa’tanta gente o ese día es la leche. Lo que sí que falta siempre, siempre, siempre, es la harina. En uno de los supermercados que tengo cerca de mi casa, no la he vuelto a ver desde que comenzó todo este drama. En los otros, depende del día y en cantidades ridículas. Voy a las siete de la mañana, cuando recién han abierto y no solo hay menos gentes, es probable que hayan repuesto cosas y te encuentras conque solo hay dos kilos de harina, que por supuesto me llevo porque ya no me quedaba. Mis vecinos llevan una semana buscando complejos de vitaminas porque han desaparecido, como el paracetamol o los productos para desinfectarte las manos y las máscaras, si existen, las deben vender en otro país porque en éste no se han visto.

    También hay cosas positivas. Todos los vecinos miran unos por otros, hay mercadeo de comida, yo regalo magdalenas, los otros me regalan sopa de espárragos, aquel me da un donut casero de chocolate, hay una sensación de comunidad que antes no teníamos y cuando sales a caminar o a pasear, siempre con la rutina esa en tu cabeza para mantener el metro y medio de distancia, la gente te saluda al pasar a tu lado y en la ceremonia de la aproximación, cada bando elige un lado del camino o de la acera y nos pegamos al borde del mismo.

    El cambio, traumático en la primera semana, se está convirtiendo en rutina, en intentar hacer las mismas cosas a las mismas horas para crear algo de orden dentro de este caos que no sabemos cuando acabará o de hacerlo, cómo, que es la pregunta más importante porque dudo que lo que venga después sea la vieja normalidad, esa de los aviones de aerolíneas de bajo costo con un pasajero clavado debajo de cada sobaco y con el de delante tuyo que ha reclinado el asiento echando el aire directamente en la boca, o la de los trenes llenos en hora punta o los partidos de fútbol con cien mil espectadores, o los conciertos y festivales masivos o lo de estar en una playa petada de gente en la que casi no hay hueco para poner tu toballa. Eso, cada vez parece más bien algo del pasado que igual no vuelve a suceder, jamás.

  • La parte de atrás del Wat Lok Moli

    9 de abril de 2020

    Ayer veíamos el templo desde la parte delantera, pero por la posición de la cámara completamente alineada con el edificio no se podían ver los distintos tejados que lo componen, lo cual solucionamos hoy con una vista desde la parte de atrás del templo. Aunque el templo es viejo, la estructura de madera que vemos es reciente. El templo estuvo abandonado casi doscientos años y el siglo pasado fue cuando lo comenzaron a reconstruir y ese edificio es del 2003. En otra foto veremos lo que queda de la época más antigua.

  • Wat Lok Moli

    8 de abril de 2020

    Después de una gran investigación descubrí que la foto que vimos ayer era la entrada al Wat Lok Moli o el Loke Molee que fue como lo llamé cuando comenté el viaje hace la tira de años. Es un templo budista, recuerda muchísimo a la arquitectura de Birmania y al parecer es porque allí se quedaron monjes de ese país. Hay referencias al templo en escrituras desde el siglo XIV (equis-palito-uve) con lo que es viejuno. El arco que vimos ayer debía estar a mi espalda. Aunque se ve un montón de vegetación, está en la ciudad, solo que allí todo crece como las malas hierbas y los truscolanes, que no son nación.

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