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Distorsiones

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  • La semana pasada en Distorsiones

    13 de abril de 2020

    Todo lo bueno se acaba y esta semana llegamos al final de los vídeos buceando en las Maldivas, uno de esos lugares lejanos que ahora están extremadamente lejos y no sabemos si podremos volver algún día. La traca final de vídeos comenzó en La primera parte de mi última inmersión en Kandooma Thila y acabó en La segunda parte de mi última inmersión en Kandooma Thila. Tengo que mirar si puse algo del buceo en navidades en Gran Canaria y de no ser así, todo sabemos que veremos. Y tengo que preparar el vídeo con el regreso en avión, que seguro que hay un solo ser humano en el universo que lo ve en el llutuve. La falta de interacción social agarrota las neuronas y provoca Las nuevas rutinas y se nota más Cuando hay tan poca distancia

    Comenzamos una nueva serie que nos llevará por Tailandia y la primera parada es en Chiang Mai, con LLegando a Chiang Mai, seguimos con el Wat Lok Moli y La parte de atrás del Wat Lok Moli y lo dejamos en La estupa del Wat Lok Moli.

    El Cine es algo del pasado y como estoy racionando solo tenemos una película, Hope Gap y para poner algo el domingo, hablé de la serie Sex Education que ya hemos visto todos.

    La comida ya la hemos visto en el instagrame y en los estados del güasá pero por si hay alguno aún durmiendo y sin poner fotos nuevas, viene a ser más o menos la siguiente:

    • Magdalenas
    • Pan de suero de mantequilla
    • Empanada de atún

    Y así transcurrió la semana

  • Sex Education

    12 de abril de 2020

    Como se me acaban las películas, vamos a hablar de mis series favoritas y comenzamos con Sex Education, que en España se estrenó con el mismo nombre en la plataforma esa televisiva nerflic. Están en la segunda temporada y cada una de las dos que hemos visto tiene un total de ocho espisodios, con lo que es un espectáculo ligero para ver y disfrutar. Por si alguno no lo sabe, mis gustos televisivos se basan en los géneros que me molan o en los estilos. Siempre le doy una oportunidad a cualquier serie de terror, o de ciencia ficción, aunque eso no quiere decir que las siga, solo que veré al menos un episodio y ahí decidiré si me planto o sigo. También me interesan las comedias, sobre todo esas de episodios de media hora y las series de adolescentes, más que nada porque al padecer el síndrome de Peter Pan, yo me sigo viendo como un adolescente. Tengo una tolerancia mínima o completamente nula por series de abogados, de policías, de hospitales, de criminales o de cualquiera de esos temas que enganchan a la gente, así que resulta raro que lo que yo veo y lo que la plebe se engancha sea lo mismo. Seguramente la excepción es Sex Education, de la que no me enteré de su estreno hasta que llegó la segunda temporada en enero de este año y cuando vi de lo que iba, decidí darle una oportunidad.

    Me enganchó en el primer episodio y durante toda esa temporada, yo era #TEAMOTIS a muerte. En esa primera temporada, él junto con una pava del instituto británico al que acuden organizan un consultorio sexual clandestino para resolver las dudas de sus compañeros, todo en base a que la madre de Otis es sexóloga o algo así. La madre es la divina Gillian Anderson, que es la única razón que le puede hacer falta a muchos para verla. En el primer episodio me tronché de risa, me partí. Están todos muy bien montados, con las dudas de los adolescentes sobre el sexo en una era en la que todos estamos hiper-mega conectados y aún así somos unos ignorantones. Hay momentos épicos en toda la temporada, como las movidas con los machos que se folla la madre de Otis, con la gente que viene a su consulta y con las volatadas que les dice su hijo a sus compañeros de clase y de instituto y como las cosas siempre se acaban resolviendo. Al final de la primera temporada yo ya era un devoto seguidor y llegamos a la segunda. El primer episodio es épico, me reí, me tiré al suelo de los espasmos porque arranca de una manera épica. En la segunda temporada, aunque siempre seré #TEAMOTIS, descubrí que ahora soy #TEAMADAM, que va cogiendo carrera en los últimos episodios y llega al final ganando todos nuestros corazones. Su evolución, del abusador del instituto a donde termina, es legendaria. En esta temporada, el primero, el sexto y el séptimo episodio los puedo ver mil veces y no me canso, son perfectos. El último tiene una escena final, con un musical en el instituto, que podría ser el gran final de cualquier película de gran presupuesto. Ahora solo nos queda esperar que puedan grabar algún día la tercera temporada, en la que tal como acabó la segunda, habrán cambios masivos.

    Es comedia, muchísima, es drama, también un montón y se tratan temas actuales, con gente joven y con muchos que acabarán como grandes estrellas y estos fueron sus inicios. Ahora que tienes el tiempo disponible, si no la has visto, deberías darle una o varias oportunidades.

  • Hope Gap

    11 de abril de 2020

    Llegamos a las tres últimas películas que vi antes del apocalipsis y esta es una de esas que se estrenan en la filmoteca pero de alguna manera, esta acabó en las salas normales, solo que una sola vez al día. Mi primer intento para verla fue justo el día en el que el gobierno puso límites a la cantidad de espectadores y a las distancias y cuando el cine reaccionó, lo hizo cancelando un montón de películas y esta fue una de ellas, así que tuve que volver dos días más tarde, ya con el miedo en el cuerpo porque el cierre de los cines era inminente. La película se titula Hope Gap y en su día estaba previsto el estreno en España a mediados de junio, pero en este nuevo mundo, no lo tengo tan claro.

    Una pareja de julays se divorcia y la vieja se emputa que no veas

    Después de veintinueve años, el macho de una pareja está hasta los mismísimos de la hembra y anuncia que se divorcian. Ella se lo toma requete-fatal y como buena podemita, culpa al macho, pero es que en realidad la tía es como para ahogarla en un barreño de agua y aún así, seguro que no se calla. El daño colateral es el hijo de ambos, ya talludito y que viene a estar de acuerdo conque su padre sea feliz pero que tiene que apechugar con los arranques de su madre, que después de que el hombre dijera que se divorciaba se le subió la bilirrubina hasta niveles dantescos y es como tres de las plagas que asolaron Egipto en el pasado o quizás hasta más. Al final, cada uno alcanza algún tipo de equilibrio y si todo falla, a pedirle al médico que le de narcóticos a la vieja.

    Con los años, yo le he cogido un montón de cariño a Bill Nighy y es uno de esos actores que me gusta ver, independientemente de lo que haga. Aquí es el estoico marido que se divorcia porque si no mata a la vieja y lo hace muy bien, igual que Annette Bening que es ese pedazo de hembra que puede provocar el fin del mundo si te pilla al lado aunque en muchos momentos, se pasa de vuelta y sobreactúa un poco. El hijo de ambos es Josh O’Connor, uno de esos actores que de repente están en todas las películas y que parece que lo hace bien. La historia es interesante, está bien contada y entretiene pero le termina de faltar un empujón para ascender de nivel y convertirse en algo más. Eso sí, con las ganas de ir a un cine que tengo, si esto fuera lo único que me dejaran ver, la calificaría de obra maestra.

    Si eres un miembro del plan de los Orcos, como que no es para ti. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, también tengo mis dudas porque es demasiado ligera y en ciertos momentos predecible.

  • Cuando hay tan poca distancia

    10 de abril de 2020

    La distancia que separa mi cama de mi oficina se ha reducido a salir del dormitorio, hacer una parada técnica en el trono para generar el Jiñote, bajar doce escalones empinadísimos, que los holandeses los hacen con vistas a matar borrachos que se aventuren por escaleras y una vez en la planta baja, ya tengo la mesa a la vista, que la oficina es ahora parte de esa mesa, con el portátil en su estación de acoplamiento, que me traje de la oficina, mi teclado de la oficina, un segundo monitor que tenía en mi casa porque casualmente este año me compré uno nuevo, con lo que levantándome a las siete menos cinco, a las siete y un minuto o quizás dos estoy trabajando. En algún momento del día quiero descansar y como esta semana hemos estado con sol y temperaturas sobre los veinte grados, a tres metros de la oficina y sobre el césped de mi jardín, tengo la hamaca, que coloco cada día y según salgo de la oficina, a las tres y media de la tarde, llego a la hamaca en menos de tres segundos y tomo el sol hasta cerca de las seis de la tarde. Es lo mejor de todo este drama, que puedo levantarme un instante antes de comenzar a trabajar y estoy a un instante de tomar el sol y si quiero hacer una pausa durante el día, el jardín está detrás de mi. Eso sí, como todas nuestras reuniones son con vídeo, hay que estar decente que la gente tiene lenguas viperinas y en mi caso la decencia es con camisetas y vaqueros, aunque la mayor parte de mis compañeros se siguen poniendo camisas en sus casas, no se si porque jamás se compraron una camiseta o porque son incapaces de trabajar en camiseta.

    Una de mis obsesiones, como quizás alguno sabe, es con la comida y desde que vislumbro un hueco en mi congelador, ya estoy barruntando las posibles comidas que puedo hacer para suplirlo y así, en toda esta debacle, mi congelador se ha mantenido al cien por cien de capacidad prácticamente todo el tiempo y en semanas como ésta, solo hubo un día que he cocinado y el resto he tirado de congelador. Tendría que relajarme un poco para hacer hueco para unos rollitos de canela, que estoy frito por hacerlos, pero si no es esto es aquello y al final, los desayunos son los que menos cuentan en el espacio del congelador, que parece más bien las naciones unidas de las porciones en bolsas, con croquetas, burritos, sopas, estofados, garbanzadas, empanadas, alubias con chorizo, pollo cocinado de varias maneras y quién sabe qué más, que cuando empiezo a rebuscar siempre encuentro algún olvidado que me alegra ese día. Al menos una vez a la semana hago galletas o magdalenas o cualquier otra cosa para regalar por el barrio, que la gente lo agradece mucho. Y si en algún momento detecto que me falta un producto, dejo lo que estaba haciendo e inmediatamente lo añado a mi lista de la compra, en el telefonino, aunque estoy limitando las visitas al super de una a dos por semana y siempre a las siete de la mañana, por aquello de minimizar los riesgos, aunque según pasan las semanas empiezo a creer que igual debería buscar el puto virus para conseguir la inmunidad, esa cosa tan mágica y maravillosa que te permitirá, algún día, ser libre.

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