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  • El castillo de Liubliana desde el puente del Dragón

    24 de enero de 2020

    El puente más famoso de Liubliana es el del Dragón o Zmajski most. Se construyó en el siglo XIX (equis-palito-equis) y entre otras cosas fue el primero asfaltado de la ciudad y uno de los primeros puentes reforzados con hormigón de Europa, además de ser el tercero con el arco más grande en el momento de la inauguración. Al final todo eso está muy bien pero lo que fotografiamos son los cuatro dragones del puente, de los que aquí vemos uno y por detrás el castillo de Liubliana e incluso el campanario de la catedral.

  • Toma y daca y requete-daca

    23 de enero de 2020

    En un juego con tanta gente involucrada y en el que lo normal es el navajazo, hoy recibí grandes y muy positivas noticias. La semana pasada comenzaron a moverse las cosas para el desenlace, que tendrá su temporada final comenzando en febrero, cuando hay una reunión de príncipes y cardenales en gringolandia. Ayer se pasaba por Holanda el jefillo de la zorra asquerosa con la que yo estoy batallando y creo que ella ha comenzado a tomar conciencia que yo tengo un suministro de misiles para lanzar a su línea de flotación inagotable, pero es que además, la gente de comercial, que son enemigos de ambos, ahora son mis amigos, ya que de siempre se dijo que el enemigo de tu enemigo es tu más mejor amigo y ellos están atacando como hienas a su jefe, que ya ve que su silla cojea y que alguna pata se le va a caer a la misma. Ella sabía porque yo siempre lo he dicho en voz alta en la oficina que yo no entro en guerras a menos que sea para ganarlas y ahora está captando el concepto. En este jueguillo, llego a la oficina y después del primer café clavo un puñal a alguno, después trabajo un rato y cuando me como una mandarina le arranco los ojos a otro y después de la caminata del mediodía enciendo la hoguera en la terraza y empalo y quemo al tercero del día, antes de marcharme a casa feliz como una lombriz y siguiendo la sacrosanta regla del ciento ochenta, que es el tiempo máximo, en el peor de los escenarios que tardo en ir desde mi escritorio hasta la salida del garaje en el sótano con la bici y esos tres minutos solo suceden si se me traba en las entrañas el peote que quiero dejar en el ascensor y me tengo que esperar en la puerta para soltarlo y dejar el aire enviciado y venenoso para el siguiente que lo use. Cuando cruzo el umbral de la puerta de salida del garaje, el trabajo queda atrás, me olvido de todo y de todos, algo que casi nadie puede hacer.

    Esta mañana, en una invitación de un cumpleaños, uno de los obispos neutrales, los que intentan mantenerse al margen y que todos respetamos, se acerca para pedirme un favor. Como los territorios neutrales pueden ser poderosos aliados, yo le tenía un trozo de brownie, que el hombre es adicto y cuando estábamos hablando tras dárselo me dijo que tenía que subir a mi planta a hablar con mi enemiga, la perra esa sucia y rastrera que cada segundo que respira es uno de más de contaminación del planeta. La razón es que al parecer, el jefillo de ella ya le ha explicado que su barco se hunde, que para ellos es el final del camino y que ella debería saltar a alguno de los otros de la flota solo que los otros son los de la gente comercial y ese en el que yo me encuentro y los comerciales, que se la tienen tan jurada a ellos como yo, ya le han explicado a mi vicepresidente o cardenal que cualquier amago para adquirir ciertos recursos humanos será una declaración formal de guerra contra ellos y el mismo vicepresidente sabe es consciente porque yo se lo he dicho que si ella sube a nuestro barco, yo haré lo imposible por destruirlo y él se hundirá como capitán del mismo y el chamo no ha llegado a esa posición por ser tonto y cuando se lo expliqué, captó el concepto perfectamente y me ha visto en multitud de ocasiones conspirando con la banda de criminales comerciales. La zurriaga esa ahora está deprimida, ve el ocaso de sus días laborales con nosotros, pero ni ella ni su jefe saben aún que antes del final, les arrancaremos, uno a uno a todos sus peones y los fagocitaremos y el destino del primero de ellos ya está decidido y no le va a gustar nada de nada, ya que el pobre cometió el error de sincerarse un día y ahora que es la guerra, todo vale.

    Por la tarde yo tenía un pequeño proyecto laboral, un producto que hay que sacar adelante. Mi sistema es simple, dedo que señala y manda un único aviso y si no escuchas y corriges, manta de palos hasta que espabiles. En mi reunión invitamos a los de marketing, que están entre los más temidos porque tienen licencia para matar, pero ahora yo soy su más mejor amigo y precisamente esta mañana, les solucioné un problema que los traía de cabeza desde hace cosa de un mes. Han buscado todas las soluciones posibles sin dar con ella y el viernes de la semana pasada me explicaron su problema. Yo pensé en lo improbable y lo imposible, que se adapta más a mi manera de arreglar problemas. Fui a por lo improbable y demostré, usando datos que están en nuestras bases de datos, que el problema no es en nuestro lado, es en el del cliente y lo demostré de tal manera que no hay duda posible y de regalo, mañana a las diez de la mañana ese cliente recibirá información nuestra y una hora más tarde el problema se habrá vuelto a producir y ahora saben en donde mirar y por consiguiente, podrán guiar a los expertos para que lo solucionen. Eso me ha dado un montón de crédito tanto en la casa comercial como en la de marketing, en ambas me tienen como un elemento que de ser interesante ha pasado a ser necesario, han descubierto que no solo soy un buen peón en la guerra, también puedo solucionarles la papeleta. Volviendo a mi reunión, todos esperaban que los de marketing, como siempre, nos mandaran a tomar por culo y nos hicieran la vida imposible, algo que parece encantarles y por lo que compramos cantidades industriales de vaselina, ya que así cuando te joden duele menos. El colega no se digna en aparecer y mientras yo estaba en la reunión y hablábamos, él me mandaba un par de correos y yo le pasaba la lista de lo que queremos de ellos. Cuando la reunión termina, todo el mundo recibe un correo de un tipo que es el equivalente de un rottweiler, entrenado para matar y el chamo nos informa a todos que harán su parte, que están de acuerdo con mi propuesta de calendario y que no tienen nada que objetar y allí estamos todos para trabajar en equipo. En la sala se pudo oír perfectamente la caída de doce pares de güevos al suelo, todo el mundo alucinó en colores y todos me miraron a mi porque saben (y es cierto) que yo estoy detrás de esto pero no tienen ni puta idea de como lo he hecho. A algunos se les cayeron las arriolas porque contaban con marketing como barrera de protección ya que si ellos son los malos, los demás no dan un palo al agua y ahora, o bailan al ritmo que yo marco y con la música que a mi me gusta o mi dedo va a empezar a señalar cabezas para que las corten.

    Después de eso, me tomé un cafelito y me piré para mi casa. Esta semana no me podría haber salido mejor ni adrede.

  • El funicular al castillo de Liubliiana

    23 de enero de 2020

    Ya comenté que cuando los culocochistas como ciertos comentaristas no están por la labor de subir al castillo de Liubliana usando el accesorio de su culo, pueden optar por un funicular que los desplaza verticalmente y les ahorra los cinco minutos de subida a pata. En la foto vemos el funicular, el castillo y la nieve que había en el lugar, que nosotros los seres humanos obviamente superiores que subimos a patita íbamos por un caminito con algo de nieve y hielo que lo hace aún más divertido porque si te resbalas, te escoñas por ahí pa’bajo.

  • Cocino luego existo

    22 de enero de 2020

    Entre el sábado y ayer por la noche, además de aprovechar los 4 grados de temperatura por la tarde para descongelar el congelador poniendo las bandejas con la comida en el jardín, que ahora el invierno holandés ya ni llega al bajo cero pese a que no hay cambio climático, he tenido que coger las tres bandejas del congelador y recolocarlo todo una y otra vez para que entre la comida que produje, que fue un montón y ahoritita mismo, me es imposible cocinar en exceso porque mi congelador está al mil por mil de capacidad. El sábado hice una sopa de pollo con tortillas mexicanas en cocción lenta y de eso me salieron ocho porciones para congelar. El domingo antes de ir al cine hice burritos y aunque había planeado hacer ocho, acabé con diez y nueve fueron al congelador. Ayer hice pimientos rellenos con la olla a presión, que la máquina me tiene fascinado por lo flexible que es y tengo cuatro pimientos petados de relleno congelado y entre eso y lo que ya había en el mismo, he tenido que hacer ejercicios de la más avanzada ingeniería del posicionamiento para que todo quepa en el mismo, porque está petado. Tengo un listote de cosas que quiero cocinar pero no puedo, no hasta que me coma un montón de lo que acaparo, que parece que tengo el síndrome de diógenes del congelador y siempre lo veo vacío.

    Y hablando de mi fabulosa y fastuosa a la par que maravillosa Crock Pot Express, la máquina me ha cambiado la vida y ahora siempre tengo ilusión y fantasía. En un solo cacharro tengo una olla mágica para cocinar a presión, que se puede programar POR MINUTOS y que adquiere la presión en un pis-pás. Además está la parte de cocción lenta, la sartén, la de cocción al vapor y hasta te hace, si quisieras, yogurt. No sé como pude vivir sin algo así en la cocina, lanzo todos los ingredientes dentro, la programo y me olvido y cuando me llama trinando como jilguero, tengo la comida preparadísima. Como además según acaba mantiene la comida caliente cuatro horas, me voy de belingo, o al cine, o a estirarme los güevos a ver si consigo que me lleguen a las rodillas, que es el sueño de todos nosotros desde pequeñitos y sé que en mi cocina la comida está esperando para jincarme un buen plato. Ya probé a hacer arroz blanco en cantidades industriales y fue un éxito y también he hecho un risotto sin tener que atrofiarme los biceps, que la pereza del risotto para mí es el rato larguísimo que hay que pasarse revolviendo eso. En la parte de cocción lenta, hice una receta de pollo que no tenía líquido ninguno, que lo juro por las bragas más sucias de Mafalda y estaba convencido que iba a ser un desastre y cuando abrí la máquina cuatro horas más tarde tenía un caldero lleno de líquido y un pollo que se deshacía si le gritas. Tengo en mi pocket una cantidad ingente de recetas para hacer en el cacharro y estoy considerando arrancarme los ojos para dejar de mirar, que cuando estoy aburrido, encuentro dieciocho más. Ayer mismamente, en lugar de mirar pornografía estaba surfeando la red y encontré que se pueden hacer unos panqueques gordísimos similares a los japoneses y después de quince minutos leyendo recetas y viendo los resultados de gente, me tuve que obligar a renunciar al mega-panqueque porque te sale tan grande que vale para alimentar ocho julays y eso no creo que se pueda congelar y yo me conozco, si hay que comérselo, me siento y seguro que se me abre el esfínter, que es la válvula de seguridad del estómago cuando se me haya llenado y mi cerebro siga en pleno frenesí de comérmelo todo.

    En fin, que hoy como fuera para evitar mi cocina, que es un lugar muy peligroso.

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